
El proceso de desinflación se detuvo a mediados de 2025 y, desde entonces, el aumento generalizado de precios en la economía argentina se aceleró, alcanzando su punto máximo en enero de este año. Aunque los principales analistas estiman que la tendencia alcista podría revertirse en los próximos meses, señalan como limitantes para la baja de la inflación la elevada incidencia de precios estacionales y el reajuste de los regulados.
En enero de 2026, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró un incremento de 2,9%, el porcentaje más alto desde marzo del año pasado. Además, fue el quinto mes consecutivo de aceleración inflacionaria. En la comparación interanual alcanzó 32,4%, con un leve repunte respecto al mínimo de 31,3% observado en octubre de 2025. No obstante, este movimiento no implica que se haya revertido la tendencia hacia una menor inflación.
El presidente Javier Milei anticipó que hacia la mitad del año, o como máximo en agosto, la inflación podría situarse por debajo del 1% mensual y acercarse a valores cercanos a cero. Este pronóstico se apoya, en gran medida, en la continuidad de la estabilidad cambiaria y en el aumento de la demanda de dinero.
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Desinflación en pausa
Un informe de la consultora Invecq destacó que esta situación “refleja la inercia propia de la dinámica inflacionaria, junto con la mayor incidencia de componentes estacionales y regulados que, tras haber contribuido transitoriamente a moderar el índice a mediados de 2025, hoy están ejerciendo presión alcista sobre el nivel general”.
“Los procesos de desinflación no son lineales. Aunque desde fines de 2025 la suba de precios parece haberse ubicado en un escalón algo más elevado, la trayectoria sigue fuertemente condicionada por la dinámica de los estacionales y regulados, algo que probablemente se repita en lo inmediato. En particular, los servicios enfrentarán una nueva ronda de ajustes tarifarios, ya iniciada en febrero“, indicaron los economistas.
En contraste, la estabilidad del mercado cambiario y la ausencia de señales de reactivación a corto plazo en la actividad económica actúan como elementos que contienen la inflación, según los analistas de Invecq. Añaden además que los salarios reales están en baja, la disponibilidad de ingresos se reduce y los niveles de mora aumentan tanto en hogares como en empresas, con indicios de crecimiento en ambos casos.
“En conjunto, prevemos que estos factores —una economía todavía fría, con una expansión anual proyectada de 2%-2,5% en 2026, y una política monetaria que no se relajaría tanto— terminarán predominando. Bajo este marco, la inflación retomaría gradualmente su sendero descendente, aunque de forma no lineal: podría promediar 2,2% en el 1° semestre para caer a un promedio en torno al 1,5% mensual recién en el 2° y cerrar el año en la zona de 25%“, sintetizaron.
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Para los especialistas de LCG, resulta previsible que, con los ajustes tarifarios anunciados, la brecha entre la medición actual del IPC y la nueva metodología basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017-2018 —que el Gobierno decidió no aplicar— “vuelva a incrementarse en los próximos meses (el peso de los servicios públicos gana participación en el total de consumo de la canasta actualizada)”.
“El mix de política —ancla cambiaria, tasas altas y disciplina fiscal— sostiene la narrativa de desinflación, pero al costo de una actividad estancada que encienden señales de alerta en el frente real. Tener presente que la actividad acumuló un crecimiento de apenas 0,2% hasta noviembre y deja un arrastre prácticamente nulo para 2026″, sostuvieron.
Desde GMA Capital resaltaron que una lectura desagregada de los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) permite matizar el 2,9% de enero: “La inflación núcleo descendió de 3% en diciembre a 2,6% en enero, y buena parte de la tracción vino dada por los estacionales, que registraron un aumento del 5,7%. En particular, destacaron las subas en verduras (28% en GBA) y los rubros vinculados al turismo (Hoteles y Restaurantes anotó una suba del 4,5%). También las carnes contribuyeron a presionar el indicador al alza, con un incremento de 4,4%”.
No obstante, los expertos de la ALyC señalaron que la aceleración inflacionaria —0,1 puntos porcentuales respecto a diciembre de 2025— “abre la puerta a dos eventuales riesgos adicionales para el esquema macro. Por un lado, el tipo de cambio nominal aumentó apenas un 0,1% en enero, configurando una nueva apreciación del tipo de cambio real, que ya se ubica en niveles similares a los de inicios de julio del año pasado. De persistir esta dinámica, la fortaleza del peso podría comenzar a tensionar la competitividad comercial externa, presionando sobre la demanda de divisas y dificultando el proceso de acumulación de reservas del Central”.
En diálogo con Infobae en Vivo, Ricardo Delgado, director de Analytica, advirtió que la reducción de la inflación en economías con alta volatilidad, como la argentina, es un proceso que lleva tiempo y raramente se concreta con rapidez. Bajo su mirada, “va a ser difícil que este año el número arranque en 0%”. Al repasar experiencias de otras naciones de la región, señaló que, salvo episodios excepcionales, lograr una baja sostenida de la inflación demanda varios años de políticas consistentes.
Acerca de la aparente desvinculación entre la evolución del dólar y la inflación, Delgado comentó que los precios muestran resistencia a descender por debajo del 2%, aun cuando exista estabilidad cambiaria o retrocesos en la cotización. “Los procesos de desinflación llevan años”, subrayó, y advirtió que la situación argentina no es comparable con episodios como la convertibilidad, que permitió una reducción rápida de la inflación en condiciones extraordinarias.
Qué pasa en febrero
En las primeras dos semanas de febrero, la medición de alta frecuencia de Invecq registró una leve desaceleración y actualmente corre a una velocidad mensual de 2,7%, aunque proyectan que continuará moderándose y cerrará el mes en torno al 2,5%.
Según el relevamiento de LCG, la inflación en alimentos y bebidas se mantuvo alta durante la segunda semana de febrero: mostró un incremento semanal del 1% en supermercados, luego del 2,5% registrado la semana previa. El informe indica que casi el 20% de los productos monitoreados volvió a aumentar, lo que evidencia una presión extendida y persistente en el sector. En el promedio de las últimas cuatro semanas, el aumento mensual del rubro se aceleró a 2,4%, impulsado principalmente por el comportamiento de las carnes.
Analytica registró una dinámica similar, aunque con cifras superiores en la última semana: reportó un alza del 1,3% en alimentos y bebidas en la segunda semana, frente al 0,58% de la primera. En las últimas cuatro semanas destacaron subas pronunciadas en verduras (6,6%) y en carnes y derivados (3,7%). Otras categorías, como pan y cereales o bebidas, mostraron incrementos más moderados.
Por su parte, Econviews presentó datos menos preocupantes para el Gobierno: su relevamiento indicó una suba de 0,6% en la canasta de alimentos y bebidas en supermercados durante la segunda semana de febrero. En este caso, el rubro carnes también fue protagonista con un alza del 2,3%, mientras que verdulería mostró una leve baja de 0,5%, lo que contribuyó a atenuar el aumento general del sector.
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central muestra que los analistas proyectan una inflación de 2,1% para febrero, lo que implicaría una fuerte baja respecto a enero. Cabe recordar que ese informe data de fines de enero, antes de conocerse el dato oficial de ese mes. Para marzo estiman 2,2%, con una previsión de retorno por debajo de ese nivel en abril, en torno al 1,9%.
A partir de allí, el consenso de mercado anticipa una reducción paulatina de la inflación mensual. Las expectativas para los meses siguientes reflejan una trayectoria descendente, aunque sin caídas abruptas: 1,7% en mayo, 1,6% en junio y 1,5% en julio. De ese modo, el escenario proyecta una desaceleración lenta y sostenida en los próximos meses.
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