El pico de inflación de enero, 2,9% según difundió ayer el Indec, coincidió con el piso del dólar en lo que va del año. El Gobierno espera que el tipo de cambio recupere su función de ancla frente a la suba de precios, papel que se perdió en el segundo semestre de 2025. En medio de la turbulencia previa a las elecciones legislativas, incluso fue necesaria la intervención del Tesoro norteamericano para evitar un salto abrupto de la divisa.
Incluso Luis “Toto” Caputo atribuyó la semana pasada el repunte inflacionario al “riesgo kuka”. El mensaje del ministro de Economía no dejó dudas: la suba del dólar hasta octubre pasado tuvo un impacto posterior en la inflación.
Ahora parecería darse la situación inversa. El dólar minorista cayó desde $1.490 a principios de año a su nivel mínimo de $1425 al cierre de ayer. El mayorista quedó cerca incluso de perforar los 1.400 pesos.
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Esta baja del tipo de cambio debería traducirse en una desaceleración de la inflación en pocos meses. Las miradas del Gobierno, y también del mercado, se posan ahora en abril. Ese mes, si no ocurre nada disruptivo, el índice debería perforar el 2% y luego acelerar su descenso.
Ya parece casi un hecho que la inflación anual será bastante más alta de lo que se venía pronosticando. En el último Relevamiento de Expectativas de Mercado los analistas elevaron su cálculo al 22,4 por ciento. Pero esa proyección queda corta frente a lo sucedido en enero y a lo que se espera para los próximos dos meses. Sería un triunfo para el Gobierno que el índice termine el año en torno al 25 por ciento.
Aunque el 2,9% fue casi el doble del 1,5% registrado en mayo del año pasado, hubo atenuantes. La inflación núcleo, que excluye aumentos de origen estacional y los precios regulados (como tarifas), fue de 2,6 por ciento.
La suba de alimentos y bebidas del 4,7% fue excepcional por su magnitud; incidieron además rubros puntuales: la carne volvió a subir más de 5,5%, el pollo 9%, y en frutas y verduras se registraron aumentos de hasta 90%, como ocurrió con el tomate.
Por lo tanto, no sería descabellado esperar que en los próximos dos meses el índice se ubique por debajo del 2,5 por ciento. Tras algunas subas estacionales muy fuertes, es previsible que esos precios retrocedan en febrero. Sin embargo, el aumento de las tarifas es más significativo y tendrá impacto en el índice.
La caída del dólar ya supera el 4% desde el inicio del año, mientras que la inflación se aceleró en el mismo lapso. Como consecuencia, el tipo de cambio real multilateral —que mide la competitividad de la economía argentina— cayó 10% respecto de los niveles que exhibía a fines de octubre.
De ese modo, se desvaneció parcialmente un fenómeno que incluso el propio Gobierno había celebrado quizá de forma anticipada: el escaso impacto que la suba del dólar había tenido en los precios. Con el paso de los meses, queda claro que el traspaso sigue siendo relevante.
Por otra parte, quedó la expectativa por el anuncio enigmático de Caputo tras almorzar con el presidente, Javier Milei, y el titular del Banco Central, Santiago Bausili. “Habrá novedades”, posteó el ministro de Economía sin mayores precisiones. Muchos interpretaron que se vienen medidas para seguir aliviando el cepo cambiario, especialmente para las empresas, aprovechando la caída del dólar, aunque no hubo confirmaciones en ese sentido.
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