A lo largo de más de 200 metros se extiende una franja multiforme de basura, que bordea la calzada -y en partes se gana en el camino- de General Espejo, entre Centenera y Padre Kentenich, y hace las veces de fondo -calle de por medio- del predio del Santuario de La Loma. Ramas y troncos prominentes, montículos de escombro, un círculo formado por bolsas de residuos (domiciliarios), pedazos de goma espuma y hasta un cartel de chapa ofertando pizzas caseras era lo que se observaba el miércoles, cuando un matutino estuvo en la zona junto a vecinos. En el lapso de la recorrida, que demandó unos 20 minutos, las explicaciones de los habitantes respecto de cómo se forma el basural fueron quedando demostradas por los hechos. Primero fue un carrito tirado por un caballo que ingresó al predio y arrojó una pila de desechos. Después, llegó un auto con un montículo de ramas sobre el techo, que el conductor descargó -sin sonrojarse- casi sobre la calzada de Espejo, en la esquina de Kentenich. «Acá llega de todo», aseveran Lucía Ostorero, Alejandro Justet y Alberto Wolf, vecinos que sitúan el inicio del basural en los primeros meses de 2010 cuando empezó un auto a detenerse y tirar y le siguió otro. Y así. «Antes, el lugar estaba limpio, era todo verde y había un alambrado», dicen y muestran que el sitio es parte del gran predio del Ejército. <b>Quiénes tiran</b>Los vecinos observan a diario la llegada de vehículos particulares, pero también han fotografiado a camiones municipales arrojando las cargas. Al respecto, relatan el último episodio. El sábado por la tarde un camión municipal llegó hasta la casa de Wolf, a recoger ramas que el vecino había depositado en el frente luego de un trabajo de poda. «Me quedé asombrado por la rapidez con la que vinieron (había hecho el pedido ese mismo día)», relata; pero a poco andar se decepcionó. Es que «trajeron esas ramas y las tiraron en acá (minibasural)», distante a una cuadra y media de la vivienda de Wolf, comenta Ostorero, quien vive sobre Espejo, en las inmediaciones del sitio. A las pocas horas, el domingo temprano, llegó una máquina municipal, «empujó la basura para atrás (hacia el descampado), con el fin de liberar la calle (angostada por los desechos). Nos sorprendió, pero después caímos: a la tarde iba a pasar por ahí la peregrinación de los trabajadores», ilustra la vecina. En la lista de quienes arrojan residuos, los vecinos anotan a camiones de un corralón, de una empresa de contenedores y hasta del servicio de desagote de pozos negros. Entre estos últimos, aseguran haber observado vehículos tanto de firmas particulares como de la comuna. «Vienen todos», reafirma Ostorero y detalla el procedimiento de los atmosféricos: ingresan al predio, extienden las mangueras y descargan los líquidos en el terreno. <b>Bichos, quemas y demandas</b>Con preocupación, los vecinos advierten dos cuestiones generadas a partir de la acumulación de desechos: las quemas frecuentes y la proliferación de ratas, moscas y mosquitos. Al respecto se preguntan por el sentido de las campañas de prevención de enfermedades, como la leptospirosis y el dengue. Ante la situación, aseguran que han agotado las instancias de reclamo en la Municipalidad y que han planteado el problema ante el Ejército y la Defensoría del Pueblo de Paraná. «Ahora ya no sabemos más qué hacer», redondean y mencionan una reunión en la que acudió el secretario de Desarrollo Social, Walter Carballo, en representación de la comuna. «Nos dijo que en 48 horas iba a estar solucionado (el problema), pero no pasó nada. Ahí sigue el basural», enfatiza la vecina. También acudieron a concejales, sin que el vecindario notara avances en los planteos. Mientras, siguen con interés la marcha de una causa judicial iniciada por el Foro Ecologista de Paraná por el humo del Volcadero y los minibasurales. Como el domingo pasado, la máquina topadora suele llegar al lugar: «Lo que pasa es que corren la basura y dejan un gran playón adonde enseguida vuelven a tirar. No hay una solución de fondo», comenta Justet. Y para rumbear hacia una salida definitiva, los vecinos sugieren alternativas: volver a cercar el terreno, colocar carteles, apostar un inspector y convenir un día con la Municipalidad para que los vecinos saquen los residuos que no son domiciliarios. Es que atribuyen parte del problema a las demoras en el servicio de recolección de, por ejemplo, las ramas. También apuntan a la necesidad de concientizar a la ciudadanía sobre cómo se debe actuar con la basura -ese barrio fue uno de los comprendidos por el proyecto piloto de separación domiciliaria de residuos encarado en 2006, experiencia ya desarticulada en la actualidad-. A eso añaden un fuerte reclamo de atención y respuestas a la comuna: «Es que nos sentimos totalmente abandonados, sin saber qué más hacer ni a quién recurrir», afirman. <b>En la Justicia</b> El de calle Espejo es uno de los cinco minibasurales que el Foro Ecologista de Paraná presentó hace un mes en la Justicia, en el marco de una causa iniciada en 2007 por el humo del Volcadero y la formación de depósitos en la ciudad. La última presentación se realizó en una audiencia convocada por el Juzgado Civil y Comercial Nº 8 en los primeros días de mayo para que la comuna informe qué medidas adoptará para evitar la erradicación de esas acumulaciones de residuos. El 1 de junio habría entrado un escrito del Municipio al juzgado, pero aún no hay fecha de convocatoria para la nueva audiencia de partes ni está abierto el acceso a ese documento, informó el jueves Marcelo Boeykens, abogado del Foro. Además del minibasural de Espejo, el Foro enumeró los ubicados en: la intersección de calles Báez y Montiel, en Lebensohn -entre Báez y Pascual Uva-, en División de los Andes y las vías y en Avenida Ramírez al final, pasando Lisandro de la Torre. Aclararon que no son los únicos. El causa se inició en 2007, durante la gestión de Julio Solanas. En el gobierno actual se hizo un acuerdo, que «no se cumplió adecuadamente», por lo que el Foro volvió a realizar presentaciones para exigir respuestas del Municipio, debido a que han seguido los incendios en el Volcadero y los minibasurales en la ciudad, según se ha expresado. <b>Carritos ofrecen servicios</b> Es habitual -dicen los habitantes del barrio Kentenich- que personas con carritos tirados por caballos pasen por las casas, en cuyos frentes hay ramas u otro tipo de residuos expuestos, para ofrecer llevar el montículo a cambio de un pago. «El problema es que la mayoría termina descargándola en calle Espejo», consignan. La oferta no sólo apunta a ese tipo de residuos (ramas, chatarras), sino que también acarrean las bolsitas de basura domiciliaria, según afirman los vecinos. Explican que lo hacen en algunas oportunidades, antes de que pase el camión recolector y sin abrir las bolsas para extraer los elementos rescatables. <b>La mitad del barrio a oscuras</b> El barrio Padre Kentenich tiene unas 140 luminarias públicas, de las que 70 no funcionan, asegura Alberto Wolf, integrante de la comisión vecinal. «Desde noviembre estamos reclamando. Nos dicen que no hay materiales. Hay una licitación pública en puerta para comprar insumos y se calcula que recién para agosto puede haber materiales», comenta el vecinalista, de acuerdo con la información que ha ido recibiendo de áreas municipales. También en penumbras está el sector de calle Espejo, donde se ubica el basural. En la zona hay columnas de iluminación, pero sólo una enciende gracias a que los vecinos compran los focos, aseveran.





