
Te querés matar. A menos de dos años de Massa o Milei, es momento de abrir nuevamente el contenedor y revisar la basura, con un broche en la nariz. A ver qué dejan aquellos que se van y qué se puede rescatar de quienes desean ingresar. Ahuyentá con un grito de terror a las viejas ratas que caminan sobre los restos. Mantené caliente el hierro de la ira. Apartá las imágenes podridas. Que el hambre y la sed de justicia no te desespere. No es momento de comer cualquier cosa, después de haber vomitado tantos Fernández, Aníbal, Alberto, Cristina.
Si vivís en la provincia de Buenos Aires, debés remover diputados y senadores que hicieron fortunas mientras estuvieron en el cargo. Queda la incógnita de quiénes son ahora los candidatos que buscan aprovecharse de retornos, favores, negocios, o contratar nuevos empleados para que los “Chocolate Rigau” perciban por ellos en los cajeros. La opción se reduce a bandas criminales. La de Kirchner-Kicillof, probados rapaces, sumada al inútil que nos dejó con 16 mil millones de deuda por el saqueo de YPF, o la de acusados, sospechosos, pérfidos impresentables que responden a la jefa, Karina Milei. Mamita, la hermanita.
En octubre, la ruleta rusa nos toca a todos. Un disparo cada uno. En las bolas, en la boca, o en la sien. Querés escapar, sobrevivir, entender. Seguís a Pagni, Zuleta, Ezequiel Spillman, Luciana Vázquez, Diego Sheinkman, Luis Gasulla, Miguel Clariá en Córdoba, los de Opi en Santa Cruz, Daniel Enz en Entre Ríos, quienes no se olvidan de Insauralde, Alperovich, Espinoza, o enfrentan a Insfrán en Formosa.
Nada de opiniones sesgadas, panelistas partidarios en streaming, ensobrados conocidos con antecedentes, que inflan operetas evidentes, tipo Rial. Sumás datos, restás dudas, comparás resultados, hacés memoria y descartás. Al llegar el momento, apostás, gatillás, te entregás. ¿Qué otra cosa se puede hacer, más que putear? Le ponés lo mejor al sistema democrático, vas a votar con fe, esperanza, ilusión. Hasta que te escuchás repetir esas tres palabras –fe, esperanza, ilusión– con las que Scioli ha conseguido cargos durante treinta años. Boludo, te querés matar.
¿Por qué no? Si lo pensás un poco, tal como están las cosas, no estaría mal en ciertas ocasiones ver cómo sigue la vida sin nosotros. Observar qué fue, qué nos tocó, qué hicimos, qué cambiamos. Examinar en detalle el libro cerrado en la mesa de luz, la borra del café en la taza, la hora en la pantalla del celular, la cama deshecha, los cordones sueltos de los zapatos, el rayo de luz que entra por la ventana. Flotar sobre el día, la rutina, las noticias, la miseria, los miserables, todo sin poder intervenir porque ya no tenemos voz ni voto.
Cuidado. Hacerse el muerto de grande no es un juego de niños. A Héctor Alterio, de 95 años, conocido por La tregua, La Patagonia rebelde, La historia oficial y El hijo de la novia, todavía le cuesta representar la muerte. En 1975, obligado a permanecer en España por las amenazas de la Triple A, el director Carlos Saura le ofreció un papel en Cría cuervos. En aquel entonces no era tan conocido. Estaba nervioso y ansiaba aprovechar la oportunidad. Su personaje, un militar fallecido por un infarto, debía mantener los ojos cerrados cuando la cámara sobrevolaba el féretro, pero le temblaban los párpados. La escena debió repetirse más de veinte veces. “Tranquilo, descansa”, le dijo Saura. Al rato, Alterio comenzó a relajarse. Se quedó dormido en el cajón. Entonces, en un susurro, Saura dijo: “¡Acción!”.
Si se te da por buscar acción, vivir con ganas, en serio, contra todo, aguantá el miedo, la incertidumbre, la pelusa del deseo. Hacé la prueba. Supone que te llaman para un casting. Es una serie. Te brindan unos pocos datos. El protagonista muere. No se sabe cómo, cuándo, ni por qué. Tiene los ojos cerrados. La curiosidad inquieta sus párpados. Los abre. Quiere mirar, saber qué pasa. Ve un libro en la mesa de luz, un poco de café en la taza, la hora en el celular, la cama desordenada, los zapatos y un rayo de sol. No preguntes. No se explica. El guion se interrumpe ahí.
Las páginas que siguen están en blanco.
*Escritor y periodista.