Viernes, 12 de septiembre de 2025   |   Campo

Una firma italiana logra un importante avance en la agricultura de una región argentina

Una firma italiana logra un importante avance en la agricultura de una región argentina

ARRECIFES-. La agricultura regenerativa ha evolucionado de ser una mera tendencia a convertirse en una necesidad imperiosa. Este modelo busca no solo la producción de alimentos, sino también la recuperación de la resiliencia del suelo, la restauración de tierras, la conservación del agua y la protección de la biodiversidad. En este contexto, una empresa de capitales italianos presente en Argentina ha decidido reafirmar su compromiso con la sostenibilidad. Garfin Agro, fundada en 2001 por el empresario Stefano Garilli, ha dedicado más de dos décadas a la producción y comercialización de commodities y especialidades de alta calidad. Desde sus inicios, la firma ha adoptado prácticas centradas en el medio ambiente y la innovación tecnológica.

Ese mismo año, Garfin Agro adquirió varias estancias en tres zonas productivas de la provincia de Buenos Aires (norte, oeste y sudeste): La Esperanza, en Arrecifes; La Chita, en América; y La Morocha y La Estrella, en Balcarce. Con estas acciones, la empresa ha consolidado una base de 20.000 hectáreas bajo producción agrícola y ganadera.

El campo de Arrecifes con agricultura regenerativa

Juan Ignacio Mateu, coordinador técnico de la compañía, explicó a LA NACION que la estrategia de Garfin Agro se basa en “un modelo de agricultura que integra un proceso industrial, con un seguimiento intensivo en campo, así como un firme compromiso con el suelo, el medio ambiente y la diversidad”. Desde hace más de once años, la empresa ha implementado agricultura de precisión junto con sistemas digitales de monitoreo de lotes.

“Contamos con toda la información necesaria. Nos enfocamos en los datos porque comprendemos que son clave para tomar decisiones productivas más acertadas”, afirmó.

El año pasado, Garfin Agro decidió unirse al programa de agricultura regenerativa de Louis Dreyfus Company (LDC), iniciativa destinada a apoyar a los productores en la adopción de prácticas sustentables que favorezcan la salud del suelo y la biodiversidad.

Juan Ignacio Mateu, coordinador técnico de la compañía, mencionó que uno de los principales desafíos en Arrecifes ha sido abordar los problemas de erosión hídrica

“Nos pareció una excelente propuesta, ya que se alineaba perfectamente con nuestras actividades. Se ajustaba a nuestra filosofía de trabajo y nos brinda la oportunidad de mejorar y avanzar junto a otros actores, intercambiando experiencias y creciendo”, destacó Mateu.

La unidad operativa de Arrecifes abarca 5000 hectáreas, donde Garfin Agro implementa un plan intensificado en rotaciones y biodiversidad, logrando más del 55% de cultivo duplicado. Según explicó el ingeniero agrónomo, en esta campaña se han sembrado cultivos de cobertura como vicia con avena y camelina, así como trigo y cebada durante el invierno, quedando algunos lotes en barbecho previo a la soja. El esquema productivo también incluye un rodeo de 400 madres, con planteos ganaderos de cría en pastizales naturales en cañadas y recría sobre avena, aprovechando el excedente de agua y nitrógeno disponible para su conversión en carne.

Uno de los retos más significativos abordados por la compañía en Arrecifes ha sido enfrentar los problemas de erosión hídrica. “Lluvia tras lluvia era común observar pérdida de suelo, cultivos dañados y problemas por el escurrimiento del agua. Por ello, sistematizamos las 5000 hectáreas mediante terrazas, lectores planos, canales internos y estructuras hidráulicas. Con una fuerte inversión, entre 2019 y 2023, logramos recuperar áreas que estaban anegadas o cubiertas por maleza”, detalló Mateu.

Para Alejandro Ramos Mejía, gerente comercial de Garfin Agro, la incorporación al programa de LDC también reviste un valor estratégico a mediano plazo

En las 3000 hectáreas de América, la napa influye directamente en el manejo productivo, convirtiendo a la zona en un entorno muy favorable. Sin embargo, con inviernos más secos, el nivel de doble cultivo no se aproxima a los índices de Arrecifes, aunque se logran productividades muy elevadas y un buen equilibrio de materia orgánica a lo largo del año. En este caso, la ganadería se desarrolla principalmente en los bordes de lagunas y en los bajos, con crías y recrías sobre centeno.

Por otro lado, en las 12.000 hectáreas de Balcarce, divididas en cuatro subunidades, se cultivan tanto productos tradicionales como especialidades, como cebada cervecera. También se trabaja en la multiplicación de semillas de maíz, trébol y vicia, mediante convenios con distintos semilleros. Con 1900 madres, allí se encuentra el planteo ganadero más relevante de la firma, donde realizan ciclo completo (cría, recría y terminación a corral).

“Al finalizar la recría, simulamos el negocio tanto del encierre propio como de la venta a terceros, y finalmente realizamos lo que sea más conveniente para la empresa. Desde que la compañía se estableció en el país, hemos mantenido los planteos ganaderos”, indicó.

Para Marcelo Beltrán, investigador del Instituto de Suelos de INTA Castelar, la productividad y la sustentabilidad son caminos que deben transitarse juntos: “Si se transitan adecuadamente, la regeneración va de la mano de un aumento en la productividad”.

Aunque el beneficio económico directo que brinda el programa por participar con diversas prácticas es limitado —alrededor de 17 dólares por hectárea—, el verdadero valor radica en los servicios ecosistémicos. “Lo determinante es la mejora en el manejo de la humedad y en la logística”, enfatizó.

Para Alejandro Ramos Mejía, gerente comercial de Garfin Agro, la inclusión en el programa de LDC también tiene un valor estratégico a mediano plazo. “Lo que nos aporta es principalmente visibilidad y asistencia para medir nuestro rendimiento. Las buenas prácticas son ya parte de la cultura de la empresa, con nuestros propios índices de medición, pero hacerlo en colaboración con una multinacional que necesita de estos programas es una situación mutuamente beneficiosa. Nos ayudan a presentar nuestra labor de acuerdo a lo que desean ver los consumidores finales, aguas arriba de la cadena”, comentó.

Ramos Mejía mencionó que la empresa tiene un avanzado recorrido en sustentabilidad, pero siempre hay espacio para aprender. “La firma produce de manera sostenible desde hace muchos años. No obstante, estos programas ayudan a definir qué variables desea medir la industria y nos permiten reflexionar sobre cómo monetizar esas prácticas. Actualmente, el mercado no remunera la sustentabilidad, pero confiamos en que eso cambiará en el futuro. Cuando se pueda monetizar más rápidamente, avanzaremos con este tipo de programas sostenibles”, afirmó.

Según el ejecutivo, la impronta europea del grupo inversor también ha influido en esta visión. “Los europeos tienen una perspectiva diferente respecto a los recursos naturales, y eso está fuertemente arraigado en Garfin”, subrayó.

Con más de dos décadas de trayectoria, la empresa busca consolidar su identidad en torno a la sustentabilidad. Su adhesión al programa de agricultura regenerativa de LDC refuerza su compromiso de producir alimentos mientras cuida el suelo, el agua y la biodiversidad, alineándose con las demandas del futuro.

Desde el ámbito técnico, especialistas coinciden en que la sostenibilidad es un camino ineludible para la agricultura argentina. “El productor siempre ha sido muy innovador. Busca mejorar la calidad del suelo, las rotaciones y sus márgenes de productividad. Hoy, además, se suma la exigencia de los consumidores globales, que demandan una menor huella de carbono, más biodiversidad y una mayor protección de los entornos naturales”, explicó Marcelo Beltrán, investigador del Instituto de Suelos de INTA Castelar, tras una jornada a campo organizada por Syngenta, una de las empresas que participan del programa. Para el especialista, la productividad y la sustentabilidad no son ámbitos divergentes. “Si se actúa correctamente, la regeneración va de la mano de una mayor productividad”, aseguró.

En particular, Louis Dreyfus Company ha lanzado su programa de agricultura regenerativa en la zona núcleo del país con el objetivo de fortalecer la resiliencia de los sistemas productivos frente al cambio climático.

En 2025, la meta inicial era alcanzar 10 productores y 10.000 hectáreas bajo manejo regenerativo, algo que ya se ha logrado. Para 2026, buscan duplicar esa superficie y el número de productores adheridos. Y para 2030, planean alcanzar a 400 productores y 205.000 hectáreas, con soja y maíz como cultivos predominantes.

Verónica Vázquez, responsable de implementar el programa de LDC

Verónica Vázquez, encargada de implementar el programa, indicó que cada productor interesado en ingresar debe cumplir con ciertos requisitos. “Solicitamos un mínimo de 700 hectáreas, estar dentro de un radio de 500 kilómetros de la planta de General Lagos y ser cliente de LDC. También exigimos siembra directa en todo el establecimiento y cumplir con nuestra política de no deforestación”, explicó.

El programa ofrece beneficios económicos por la implementación de prácticas regenerativas, así como también ventajas logísticas significativas. “Los productores reciben prioridad en la cosecha, ahorros en transporte y mayor tolerancia en la humedad en puerto. Esto genera un impacto real en su rentabilidad”, añadió.

Aunque el beneficio económico directo del programa es limitado —alrededor de 17 dólares por hectárea—, los productores que han participado coincidieron en que lo determinante es la mejora en el “manejo de la humedad y en la logística”.

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