
La radiografía del votante argentino al terminar lasprimeras dos décadas del segundo milenio exhibe una profunda tensión entrevariables estructurales de carácter local y variables dinámicas de carácterglobal. Las primeras parecen predictivas y permiten en ocasiones acercarsebastante al comportamiento electoral del ciudadano. Las segundas, en cambio,parecen reactivas y lo dotan de un grado de imprevisibilidad. La resolución deesa tensión entre aspectos estructurales y factores eventuales es la queexplica las oscilaciones en los resultados de los comicios desde 2011 hasta laactualidad, pese a que la situación económica no tuvo en todo ese períodoningún repunte significativo.
Las variables estructurales locales han ido sedimentando alo largo de los años y han determinado una polarización muy marcada, que hoyencarnan el kirchnerismo peronizado, por un lado, y el macrismo envasado enCambiemos, por el otro, aunque en otros tiempos tuvieron representacionesdiferentes, como PJ versus UCR.
En la actualidad existe un eje troncal de diferenciación quese corresponde con tres vectores principales: edad, situación económica yubicación geográfica. Un trabajo de la Universidad de San Andrés realizado pocoantes de las últimas elecciones remarcó que el 59% de los que tienen más de 70años aprueban el gobierno de Cambiemos, pero solo lo hacen el 22% de losmillennials. Así se entiende el énfasis puesto por el oficialismo salienteentre las PASO y las elecciones generales para que fueran a las urnas losadultos mayores, que son sus votantes más fieles.
Horacio Rodríguez Larreta incluso montó un operativoespecial para ayudarlos a concurrir a las escuelas el 27 de octubre. Anida eneste sector etario una valoración más alta de los aspectos institucionales queMacri encarna, así como un cierto cansancio de un peronismo que acompañó, condistintos ropajes, diferentes momentos de sus vidas.
El electorado argentino se ha vuelto más sofisticado de loque parece. Ya no está tan dispuesto a conceder atribuciones totales. Reparteel poder. Al ganador lo votó el 48%, pero el perdedor cosechó el 40%
Este factor opera en sintonía con el segundo, que es lasituación socioeconómica. Según el trabajo de San Andrés, en el segmento ABC1,la gestión de Macri tiene el apoyo del 57%, aunque en la clase baja es solo del25%. Más allá del esfuerzo del gobierno de Cambiemos por mantener políticassociales activas, en el imaginario colectivo nunca pudo romper el concepto deque se trató de una gestión que favoreció a los más ricos, mientras que elperonismo se quedó con el favoritismo de los sectores más humildes, en muchoscasos más por inercia histórica y cultural que por razones objetivas.
Un Big Bang social
La reciente elección se definió en el pobre conurbanobonaerense, donde Alberto Fernández le sacó 1,6 de los 2 millones de votostotales por los que se impuso a Macri. Según el jesuita Rodrigo Zarazaga,”los segmentos de votantes se pueden identificar claramente entre quienesviven en las villas y quienes están en otras zonas; entre quienes trabajan enla formalidad y quienes son trabajadores informales, y entre quienes recibenplanes sociales y quienes deben solventarlos. Sufrimos un Big Bang social yvivimos en galaxias que se van separando”.
El tercer vector estructural lo aporta la localizacióngeográfica: Macri es apoyado esencialmente en la franja central del paísvinculada a la producción agropecuaria y una mirada aperturista de la economía,mientras que en el norte más pobre, en el sur estancado y en las zonassuburbanas cosecha altos grados de rechazo, en especial en el cordón que rodeaa la Capital Federal. El resultado de las últimas elecciones lo graficóclaramente: una franja amarilla recorrió transversalmente el mapa, desdeMendoza hasta el interior de Buenos Aires y la Capital Federal, pasando por SanLuis, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, mientras que el resto del país apoyó aFernández.
Alejandro Katz entiende que el cruce de estas variablesestructurales muestra “dos países cada vez más distanciados, no solo porlo que representan hoy, sino como proyectos de sociedad, como formas deimaginar el futuro, como estructura de producción simbólica”.
Estas variables locales permiten identificar con bastantenitidez a dos tercios de los votantes, que se definen en gran medida por estoslineamientos: un tercio anclado en el kirchnerismo peronista y otro tercio, enel rechazo a esa visión.
Sobre estos factores estructurales locales actúan variablesdinámicas menos previsibles, que tienen relación con fenómenos globales. Lassociedades digitales del presente se han vuelto más autónomas, interconectadasy demandantes. Esto las torna muchas veces impredecibles y volátiles; unverdadero dolor de cabeza para encuestadores y analistas, que se han quedado coninstrumentales de medición arcaicos. El humor social puede variar de formaimprevista por factores sutiles, activarse con efecto retroactivo por unadecisión inoportuna. En Chile, una suba del pasaje del subte terminó con lasprotestas más importantes en la historia del país, un cuestionamiento a 30 añosde ordenamiento pospinochetista y una reforma constitucional. En El Líbano, lacreación de un impuesto a los mensajes por WhatsApp dejó al primer ministroSaad al Hariri fuera del poder. Hay una tendencia cada vez más recurrente, anivel mundial, a responder a un clima circunstancial que puede detonar demandasacumuladas o malestares pasajeros.
En la Argentina, estas variables operan esencialmente en eltercio restante de los votantes, los que definen las elecciones y los queoscilan de acuerdo con movimientos más coyunturales. Son los sensibilizados quele dieron el histórico 54% a Cristina Kirchner en 2011, y que dos años despuésle cortaron el camino a la re-reelección con Sergio Massa; son los agotados quecastigaron al peronismo en 2015 y que en 2017 revalidaron su respaldo a Macri,pero que en octubre ratificaron su desencanto con Juntos por el Cambio. Son losmismos que se preparan para observar con atención los pasos de Fernández yestán dispuestos a sancionarlo si no cumple sus promesas.
El electorado argentino se ha vuelto más sofisticado de loque parece. Ya no está tan dispuesto a conceder atribuciones totales. Reparteel poder. Al ganador lo votó el 48%, pero el perdedor cosechó el 40%. El Congresose quedó sin hegemonías y en algunas provincias hubo resultados disímilescuando se eligió al gobernador y cuando se eligió presidente. Operan allí lastensiones de un votante que está en una encrucijada irresuelta. Como laArgentina.




