
Faltaban apenas días para las elecciones legislativas nacionales cuando Gerardo Werthein, entonces canciller, detonó una bomba en la Casa Rosada. Anunció su renuncia, agotado y derrotado en la interna con Santiago Caputo. Por entonces, el poderoso asesor sonaba como posible jefe de Gabinete, sobre todo si el Gobierno perdía en las urnas y la situación requería de un golpe de timón urgente.
Pero el triunfo en los comicios, sorpresivo por la diferencia sobre el kirchnerismo, detuvo esa entrada y frenó, en paralelo, otro movimiento sensible. Aunque ya había redactado su dimisión, el abogado Mariano Cúneo Libarona avisó que finalmente se quedaría un tiempo más a cargo del ministerio de Justicia. Según trascendió rápidamente, se lo había pedido Karina Milei.
En una jugada de billar político, la hermana del Presidente le ponía así el cepo a otro ascenso demorado: el del secretario de Justicia, Sebastián Amerio, como reemplazante de Cúneo. Amerio responde a Santiago Caputo y pretendía ser la punta de lanza para un desembarco libertario en la Justicia.
El Gobierno designó al secretario en el estratégico Consejo de la Magistratura y fue Amerio quien anunció el fallido envío de cientos de pliegos para cubrir vacantes de jueces, fiscales y otros cargos judiciales.
No fue el único traspié del oficialismo con este poder: el más sonoro lo tuvo con la Corte Suprema de la Nación. El Presidente, convencido por el plan que elaboraron y le acercaron entre Santiago Caputo y el cortesano Ricardo Lorenzetti, propuso al juez Ariel Lijo y al jurista Manuel García-Mansilla para el Máximo Tribunal. Tras un proceso largo y desgastante, ninguno pasó el filtro del Senado.
La idea era completar los dos puestos vacantes en la Corte y conformar una nueva mayoría afín a la Rosada entre Lorenzetti y los nuevos integrantes, para así desplazar internamente al actual presidente, Horacio Rosatti, y al vice Carlos Rosenkrantz. Excelente jugada de pizarrón que en la cancha hizo agua. Lorenzetti quedó golpeado. Rosatti tomó nota.
Cambios en la Magistratura
La vacante que sí se abrió con el nuevo Congreso, a mediados de diciembre, fue en el Consejo de la Magistratura. Es el organismo encargado de (entre otras cosas), nombrar, controlar y destituir a los jueces, y que también tiene a Rosatti como jefe.
Allí hubo un movimiento interno sutil: con el aval de Karina Milei, fue nombrado como consejero el diputado cordobés Gonzalo Roca en un puesto que hasta entonces le correspondía a la UCR.
Para quienes siguen la interna oficialista y las novedades del mundo judicial, hubo en esa jugada una (otra) señal clara de la hermana del Presidente: ese poder no será tierra fértil para Santiago Caputo.
“Ahora esto va a estar calmado, porque hay que discutir la reforma laboral, pero en marzo estalla otra vez la interna por el tema judicial”, aventuró una fuente “karinista”.
Mientras, suceden otros movimientos, o amagues por ahora, que también pueden alterar el escenario político. Si el peronismo K debe bajar de dos a una las sillas en la Magistratura porque dejó de ser la primera minoría en Diputados, ¿quién se quedará con ese cargo?
¿Es cierto que Guillermo Michel analiza partir el bloque, superar en número a Provincias Unidas y proponerse a sí mismo para el Consejo en noviembre?
Cambios en el Gabinete
Como adelantó Clarín, ante la posible salida de Cúneo Libarona, en la Rosada volvió el revoleo de nombres/candidatos. Vetado Amerio, una fuente oficialista mencionó a Manuel Vidal y a Guillermo Montenegro, en ese orden, ambos supuestamente propuestos por Santiago Caputo.
En el entorno de Vidal descartaron la posibilidad (“ni siquiera es abogado”) y en el de Montenegro dijeron no tener novedades sobre el tema. Otra fuente muy informada de Casa Rosada aseguró que Montenegro “no sería del gusto de Karina. No sé por qué, pero me parece que no lo quiere”.
El eventual cambio sería también una señal de que ahora sí el Gobierno está dispuesto a discutir con la política los nombramientos en la Justicia demorados. Un arma de negociación que el oficialismo no usó en sus primeros dos años. Así como los gobernadores siempre están deseosos de fondos, también aspiran a tener en sus provincias jueces federales afines.
En el oficialismo confían en el nuevo esquema pos electoral para sacar las leyes en el Congreso. Los cambios centrales fueron el ingreso de Patricia Bullrich como jefe de bloque en el Senado y la llegada de Diego Santilli como ministro de Interior.
La ex ministra de Seguridad lleva adelante las conversaciones en su cámara. Y el ex diputado del PRO es el vínculo más aceitado con los gobernadores. El combo se completa con Martín Menem en Diputados, lo que en un punto también tabicó los movimientos de Santiago Caputo vinculados con el Congreso.
El poderoso asesor, de todos modos, mantiene su cuota de poder central en el Gobierno. Quedó claro en todos los reemplazos vinculados con sus áreas en las últimas semanas. Los nombramientos allí pasaron por su filtro: “Santiago, además, tiene un vínculo personal muy fuerte con Javier y eso no se va a romper así nomás, por más que siga la interna con Karina”.
Para un funcionario de Rosada, la disputa entre la hermana y el asesor hoy está “latente, pero calmada”. Para un funcionario del Congreso, “es una situación irreconciliable”.
En todas las terminales coinciden, también, que hoy la prioridad es avanzar con los proyectos en el Congreso, con la reforma laboral a la cabeza. Allí confían en sacar el proyecto en general y, como con el Presupuesto, el Gobierno estaría dispuesto a perder/ceder ciertos artículos que resisten en las provincias, porque les impacta en la recaudación.
En La Libertad Avanza creen que es clave una aprobación con cierto margen en el Senado. Un resultado muy ajustado mostraría la debilidad del Gobierno y podría traer complicaciones en Diputados.




