
El viernes por la tarde varios referentes del futurogobierno respiraron aliviados. La oficialización del equipo no solo clausurabauna desgastante transición de cuatro meses, desde que Alberto Fernández ganólas PASO y se empezó a hablar de la nueva estructura del poder; también cerrabaun ciclo corto de tres semanas en las que se tomaron muchas decisionescruciales y durante las cuales varios de ellos sintieron que el proyectoempezaba a tomar un rumbo diferente al previsto. Aquella reunión del 18 denoviembre en Recoleta entre Fernández y Cristina marcó simbólicamente un puntode inflexión, más allá de las decisiones que se tomaron.
Representó un cambio de dinámica que hasta entonces tenía alpresidente electo como el eje central alrededor del cual circulaban los actoresy las decisiones, y a su vice, alejada de la escena, con retiros temporales enCuba. “Se le habían acumulado varias materias pendientes y debió rendirlastodas juntas”, graficó la escena un hombre muy cercano al presidenteelecto. A partir de ese momento se vio a un Fernández forzado a recurrir a suhabilidad de equilibrista, reaccionando a movimientos que habían trasladado sucentro de rotación. Aunque siempre lo haga con naturalidad, es notable sucapacidad para disimular las concesiones; conoce como nadie el arte delretroceso y la negociación compensatoria.
Ese lunes feriado Cristina Kirchner motorizó dos decisionesclaves, que tuvieron el aval de Fernández. En primer lugar, como arquitecta delPoder Legislativo, ordenó unificar los bloques. Con ese movimiento desplumó alos gobernadores peronistas, que venían pensando en algún tipo de autonomía,cobijados por la sombra del futuro presidente. Ese frente de mandatariosprovinciales, que estaba destinado a ser uno de los pilares de la gestión,quedó desintegrado. Juan Manzur, el coordinador del grupo, fue relegado y debiósufrir el apartamiento de su candidato al Ministerio de Salud, Pablo Yedlin.”Nunca le perdonaron que hablara de albertismo para diferenciarse”,reconocieron en el búnker de Puerto Madero. Hoy el tucumano tomó distancia delcentro de operaciones y quienes lo acompañaron en el proyecto, como el sanjuaninoSergio Uñac, el entrerriano Gustavo Bordet y el santafesino Omar Perotti, estánrecluidos en sus distritos con la mente puesta otra vez en pagar los sueldos.No colaron ningún ministro y ahora esperan que les den lugares en las segundaslíneas (la Secretaría de Minería sería para un sanjuanino; Hidrovías y Puertos,para un santafesino, y los cordobeses colarían alguien en Transporte). Solo elformoseño Gildo Insfrán, un kirchnerista perseverante, pudo pasar de nuevo porventanilla y sumar a Luis Basterra al Ministerio de Agricultura.
La unificación de los bloques, más la construcción desubestructuras satelitales como la que se armó con tres prófugos del macrismo,le permitió además al Frente de Todos lograr en el Congreso una virtual mayoríaen ambas cámaras, una construcción que viene a completar la cosecha electoral.Podría dejar así con efecto limitado el supuesto equilibrio de poder que Juntospor el Cambio creyó conseguir al obtener el 40% de los votos. Si bien no va aser sencillo contentar a todos los espacios internos, Alberto Fernández asumirácon número suficiente para transitar por el Congreso sin el déficit de origende Mauricio Macri.
La segunda decisión que adoptó Cristina fue colonizar lasestructuras de poder con la designación de varios kirchneristas puros enpuestos relevantes. Además de diseñar su propio armado legislativo con Máximo yJosé Mayans, impulsó a Carlos Zannini en la Procuración del Tesoro, a AlejandroVanoli en la Anses, a Mercedes Marcó del Pont y Patricia Vaca Narvaja en la AFIP,a Luana Volnovich en el PAMI, a Paula Español en Comercio Interior, a LuisCeriani en Aerolíneas Argentinas, a Virginia García en la DGI y a CarlosCastagneto en la Aduana, entre otros. Son todos lugares con importante manejode fondos, pero además son organismos con amplia representación territorial ymucha capilaridad social.
Los movimientos de Cristina traslucen la construcción de unproyecto político de largo plazo, que tiene como destino un regreso genuino alpoder, probablemente con Máximo como heredero. En esta lógica, AlbertoFernández es instrumental para ese objetivo, considerando que Cristina no teníalos votos necesarios para ganar y que no había una figura propia parasustituirla. Este proyecto no responde al principio reconstitutivo que declamaFernández, que incluye la superación de la grieta, la moderación política y elinicio de una nueva etapa. Es un plan restaurador que apunta a completar elproceso inconcluso por el paréntesis macrista, con la llegada definitiva a lomás alto del poder de la vieja juventud kirchnerista. Es el sueño de Cristinadesde que ella asumió el liderazgo político del espacio, en 2010, tras lamuerte de Néstor. La gestión de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Airespodría funcionar como un anticipo del modelo.
Este despliegue de poder de las últimas semanas reinstalódudas profundas en varios integrantes del espacio sobre lo que podría ser uncambio en la esencia del proyecto del “Frente de Algunos”, comoironizó un legislador. ¿Acaso cambió imprevistamente el rumbo del proyecto?Incluso Sergio Massa, uno de los socios fundadores, sufrió con el proceso.Después de que le bajaron a Diego Gorgal estuvo dos días sin atenderle elteléfono a Fernández, quien junto con Máximo debió desplegar un operativo contenciónpara que no se prolongara la tensión. Las designaciones de Mario Meoni enTransporte y de Malena Galmarini en AySA calmaron las aguas por ahora.
En este contexto la presentación del gabinete tuvo un efectorevalorizador para el presidente electo. Tranquilizador para muchos. Fernándezse plantó delante de su equipo y enfatizó su vínculo individual con cada uno desus integrantes. Fue la puesta en escena más personal que protagonizó hastaahora. No mencionó nunca a Cristina. Los lugares claves fueron para figuras desu entorno, empezando por Santiago Cafiero (el ejecutor oficial de lasprincipales decisiones de Alberto) y Cecilia Todesca (que apunta a ser unasuerte de Lopetegui-Quintana de la administración), siguiendo por MatíasKulfas, Claudio Moroni, Julio Vitobello y varios más. Los albertistas sonAlberto. Ellos son sus extensiones. Se percibe allí la histórica dificultad delpresidente electo para delegar. Discípulo de Néstor, al final.
La designación de Martín Guzmán, en cambio, fue más complejay no encuadra en esta categoría, aunque Fernández lo conoce desde hace untiempo. Llegó a Economía mitad por convicción y mitad por default. Fue elcasillero más complejo de completar, porque Fernández no logró convencer aRoberto Lavagna para que sea un superministro (aunque sigue vigente laposibilidad de que se sume más adelante en algún rol a definir), porqueCristina vetó a Martín Redrado, porque Guillermo Nielsen generaba ruidosinternos, porque Todesca no quería un primer lugar y varias razones más. En elcamino, el presidente electo fue y vino varias veces con el organigrama delárea económica y con los nombres. Finalmente resolvió imitar el modelo macristade dividir la gestión en varios ministerios pero al mismo tiempo apostar a unafigura central, algo que conceptualmente puede sonar contradictorio.
Guzmán es un académico que anteayer conoció a sus colegas yque se esfuerza en demostrar que está al tanto de la realidad del país, pese aque vive desde hace diez años en Estados Unidos. Se quedó con el cargo portener un programa concreto sobre la renegociación de la deuda, que contemplados años de gracia para permitir una recuperación económica. Arrastra todos lospergaminos de Columbia y todas las dudas del mercado sobre su habilidad para lidiarcon los tiburones de la deuda. No está claro aún cómo será su convivencia conKulfas. Para Fernández, Guzmán es el coordinador general en materia económica,pero Kulfas tendrá a su cargo Comercio, Minería, Energía e Industria, es decir,una batería considerable.
Alberto transmite confianza a su entorno de que a partir desu asunción se producirá un ordenamiento natural del proyecto pese a quellegará a esa instancia con varias indefiniciones a cuestas. Confía ciegamenteen su habilidad de negociador y su experiencia de hombre de Estado. Siempre espositivo tener confianza en las propias aptitudes, excepto que se confunda conel “exceso de optimismo” que al final de su gestión terminóadmitiendo Mauricio Macri.





