
El entusiasmo inicial por la firma del acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) se diluyó rápido para el sector agropecuario. La modificación inesperada -y unilateral- de una cláusula que podría frenar los beneficios arancelarios para los países de América del Sur encendió las alertas en el campo argentino.
El capítulo agrícola-ganadero es, precisamente, uno de los más relevantes del pacto para ambas partes. Los países del Mercosur y, sobre todo, la Argentina celebraron la posibilidad de ampliar sus exportaciones a un mercado de 450 millones de consumidores con menores aranceles y sin cuotas que limiten los envíos.
En cambio, ese artículo genera las mayores preocupaciones en los países europeos, especialmente Francia e Italia, que buscan proteger sus propios sectores agrícolas y ganaderos.
Por eso, con el objetivo de impedir una ‘invasión’ de productos provenientes del Mercosur, el acuerdo incluía una serie de salvaguardias que funcionarían como un ‘airbag’ en caso de un ingreso muy superior de granos o cuando sus precios resultaran muy competitivos frente a los europeos. El bloque podía congelar los beneficios arancelarios hasta que se resolviera la situación.
Aunque esas salvaguardias estaban incluidas en el acuerdo firmado apenas cuatro días antes, el 17 de enero en Paraguay, la Unión Europea las reforzó sin consenso del Mercosur para asegurar apoyos internos antes de avanzar con la ratificación.
“Es una forma clara de buscar condicionar y destruir el acuerdo de libre comercio. Europa se está equivocando seriamente, porque están poniendo en riesgo la seguridad alimentaria del continente para las próximas décadas”, comentó a Infobae Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera Argentina (Ciara), responsable del 48% de las exportaciones del país.
La lista actual está conformada por 25 productos, la gran mayoría fundamentales para la cadena exportadora argentina. Entre ellos figuran carnes bovinas, porcinas y aviar, lácteos, huevos, maíz y sus derivados, arroz, azúcar, miel, cítricos, etanol y biodiesel.
Cuándo podrían aplicar las salvaguardias
De esta forma, la Unión Europea se reservó la posibilidad de activar salvaguardias agrícolas ante dos escenarios concretos. Por un lado, si el ingreso de un producto proveniente del Mercosur supera en más de un 5% el volumen promedio registrado en los últimos años; por el otro, si esas exportaciones presionan a la baja los precios internos europeos y generan una caída de al menos 5% frente a los valores históricos.
En ambos casos, el bloque podría frenar por tiempo indeterminado la baja de aranceles prevista en el acuerdo y dejar en suspenso los beneficios comerciales para el sector. Cabe destacar que, previo a la modificación que introdujo la UE, el límite en ambos escenarios era del 10 por ciento.
“Esta situación no es para nada conveniente para la Argentina, porque son productos que el país produce y exporta casi en su totalidad a la UE, como el caso de la miel. De hecho, la eliminación de las tarifas brindaba una gran oportunidad para crecer en ese complejo”, comentó Javier Preciado Patiño, consultor en agronegocios y ex subsecretario de Mercados Agropecuarios.
Si bien el tratado ya está firmado por todos los países incluidos, aún deberá ser aprobado también por los parlamentos de cada una de las naciones. En la Argentina, el acuerdo está dentro del temario que deberá abordar el Congreso durante las sesiones extraordinarias, que tendrán lugar desde el 2 hasta el 27 de febrero. El Poder Legislativo local podrá aprobar o rechazar el acuerdo.
“Hay un gris legal, porque el acuerdo está firmado y las modificaciones no estaban incluidas, aunque también puede ser un juego de política por parte de Italia o Francia para dilatar la entrada en vigencia del tratado”, comentó Carlos Castagnani, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA).
El funcionario agregó que la Argentina explica apenas el 3% de las importaciones totales de la Unión Europea, por lo que, en los hechos, la medida podría leerse más como una señal política que como una respuesta a un riesgo comercial concreto. En ese marco, Francia aparece como el principal impulsor del endurecimiento de las salvaguardias, en defensa de un sector agroindustrial fuertemente subsidiado y ante el potencial exportador de países como Brasil y la propia Argentina, incluso con retenciones vigentes.
Más limitaciones
No obstante, la preocupación del sector no se limita a las salvaguardias en sí. En el agro recuerdan que la Unión Europea tiene una larga tradición de restringir importaciones mediante herramientas paraarancelarias, como exigencias ambientales, sanitarias o de trazabilidad que encarecen los procesos productivos y reducen la competitividad de los exportadores.
En ese sentido, ya está en discusión la exigencia de que productos como la carne y la soja que ingresen desde América del Sur provengan de campos que no hayan sido deforestados en los últimos años. Desde el sector advierten que cumplir con esos estándares implica mayores costos, sin que Europa esté dispuesta a pagar un precio más alto por ellos.
Para la agroindustria, este combo —salvaguardias más exigencias adicionales— refuerza la idea de que el ‘airbag’ europeo podría activarse con mayor facilidad de lo previsto originalmente, dejando a los exportadores locales fuera del mercado o con beneficios congelados por tiempo indeterminado.
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