El Gobierno designó a Fernando Iglesias como embajador argentino ante la Unión Europea, aunque su figura se asocia más al conflicto que a la mediación. Es una apuesta deliberada por trasladar el conflicto ideológico interno al plano internacional.
Desde el gobierno, se justificó su doble designación como un método para ahorrar recursos y no tener que duplicar el cuerpo de representantes diplomáticos.