Sábado, 24 de enero de 2026   |   Nacionales

Síndrome 1200 a. C.: lecciones del colapso antiguo para entender la fragmentación política argentina

Síndrome 1200 a. C.: lecciones del colapso antiguo para entender la fragmentación política argentina

1. Hacia el 1250 antes de Cristo –una fecha algo aproximada– el entorno del Mediterráneo vivía un momento de gran pujanza. Los primeros griegos, los aqueos de los que hablan La Ilíada y La Odisea, eran solo una parte de un conjunto especialmente activo. Su organización política distaba de la democracia que conoceríamos después: predominaba una estructura guerrera, por la que algunos los compararon con los “vikingos del Mediterráneo”. Pero no eran los únicos: era una era de esplendor también en Egipto y Mesopotamia. En lo que hoy es Turquía florecía la civilización hitita, que dejó, entre otras cosas, testimonios escritos de la fase final de la Edad del Bronce. El comercio —la globalización, en términos actuales— traía desde el Lejano Oriente perfumes, especias, marihuana; regiones más lejanas, como la actual España o las cuencas del Danubio, aportaban minerales para fabricar herramientas y armas. La cultura micénica contaba con palacios colosales y reyes guerreros. Cerca, ciudades como Troya ocupaban enclaves estratégicos entre regiones (la analogía con Groenlandia no es gratuita). Esa red mediterránea de intercambios hacía que dioses, saberes y tradiciones se influyeran mutuamente. Era un mundo en expansión.

2. Sin embargo, alrededor del 1200 a. C. ese mundo dejó de existir. Entre el 1200 a. C. y el 800 a. C. (cuando, según los especialistas, se escribieron La Ilíada y La Odisea), el Mediterráneo entró en lo que los expertos llaman la Edad Oscura. El colapso fue de tal magnitud que desaparecieron las grandes ciudades de Grecia y todo el imperio hitita. Ya no hubo palacios ni templos. La escritura —que marca, entre otras cosas, el paso de la prehistoria a la historia— desapareció por completo en la región. Lo que había sido esplendor se convirtió en pobreza.

3. ¿La causa? Es uno de los grandes enigmas de los estudios sobre la antigüedad. Sí se conocen algunos factores: a) hubo un cambio climático; b) se produjo un colapso en el abastecimiento de materias primas, sobre todo minerales; c) la guerra (en la historicidad de Troya hay indicios de enfrentamientos que involucraron a griegos e hititas). Y existió un suceso aún difícil de explicar: las invasiones sorpresivas de lo que los faraones denominaron “los pueblos del mar”. Probablemente procedentes del norte de Europa, esos invasores completaron la destrucción de una civilización. Las resonancias con los inicios de 2026 resultan ineludibles.

4. Desde el 1200 a. C. hasta hacia el 900 a. C. todo se contrajo, hasta que mucho después se impuso el hierro.

5. En noviembre de 2024 apareció en la Argentina la primera edición local de lo que puede considerarse un “libro señal”: Síndrome 1933, de Siegmund Ginzberg. Ese texto, entre otros, funcionó como recuerdo de los orígenes del nazismo y una suerte de llamado de atención. Obviamente no fue el único. Apenas dos años después, cuando buena parte de lo señalado entonces parece adquirir formas en la realidad, lo que el historiador Emilio Gentile llamó el “instante huidizo” —el momento en que una tragedia se hace posible—, el 2026 comienza con otra señal: la cercanía de la guerra, el aumento de la desigualdad y, junto a la cuestión de la riqueza y del clima, nos muestran a una humanidad que corre cada vez más rápido hacia un muro. Los últimos días dan la sensación de una aceleración cuya detención resulta difícil de imaginar.

6. ¿Qué hicieron los griegos —los de esa cultura a la que, de forma algo superficial, aludió el presidente Javier Milei en Davos— cuando su civilización se restableció, o cuando nació otra que incorporaba la democracia, las ciudades-estado y una nueva estética? Convirtieron ese pasado en mito: lo poblaron de dioses, de héroes, de educación y de cultura.

7. Desde La Ilíada y La Odisea la humanidad no ha dejado de crearse sus propias Grecias. Hacemos mitología con un pasado que nos interroga y nos orienta; mythos, en griego, remite a camino. La estetización de la política acompañó a uno de los intentos más dolorosos de recuperar el pasado: el nazismo.

8. En 1966 Martin Heidegger, una de las mentes más brillantes del siglo XX que, por otra parte, nunca devolvió su carnet de afiliación al partido nazi, intentó justificar su postura y su pasado en un reportaje cuya lectura hoy resulta imprescindible en Der Spiegel. Todo el texto es a la vez periodismo y documento sobre cómo un pensador puede extraviarse, incluso por vías iluminadas por su propia lucidez —una especie de quijotada, en cierto sentido. En la entrevista, Heidegger también habla del futuro y anticipa algo que hoy debemos escuchar: “A lo largo de los últimos treinta años, se ha hecho cada vez más claro que el movimiento planetario de la técnica moderna es un poder cuya capacidad de determinar la historia apenas puede apreciarse. Hoy es para mí una cuestión decisiva cómo podría coordinarse un sistema político con la época técnica actual y cuál podría ser. No conozco respuesta a esta pregunta. No estoy convencido de que sea la democracia”.

9. Llama la atención la pasividad del progresismo frente a las alarmas. Es cierto que hay quienes hablan del fin del Antropoceno y del nacimiento de una era más oscura, el Chthuluceno, como la filósofa Donna Haraway ha señalado. Pero cuesta percibir una conciencia clara del peligro y, aún más, estrategias para frenarlo. Existen, sin embargo, algunas luces: el primer ministro canadiense Mark Carney propuso un nuevo eje de potencias medias que contrarreste el polo que parecen formar las grandes potencias; o Lula, que parece nadar contra la corriente del nuevo elitismo global.

10. La pregunta más profunda la formuló en su cuenta de Facebook el psicoanalista y escritor Jorge Alemán: “No es que Trump se imponga al mundo, es el mundo el que reclamaba un poder así y es muy importante saber por qué”. Para entenderlo, la ciencia política resulta de gran utilidad. No, Maquiavelo no ha muerto. Tampoco Homero. Ambos aclaran en lo oscuro.

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