
Demian Reidel asistió a la última asamblea general de accionistas de Nucleoeléctrica Argentina (NASA), entregó su renuncia en mano y les comunicó a los presentes que se trataba de una decisión personal e indeclinable. La reunión duró diez minutos y no registró sobresaltos ni sorpresas. La salida del amigo de Javier Milei de la empresa estatal había sido acordada por todas las partes unos veinte días atrás, cuando estallaron las denuncias por presunta corrupción en su gestión. A partir de ahora, el Gobierno intentará dar vuelta la página cuanto antes y cerrar un episodio que fortaleció la posición de Santiago Caputo, quien se quedó con la agenda nuclear y logró un alineamiento con Karina Milei.
Desde Casa Rosada respondieron que Reidel tomó la decisión “por motivos personales”. Un sector, además, dejó trascender que el ingeniero continuará como asesor del presidente. ¿Por qué su destino no fue el destierro, como ocurrió con otros funcionarios que dejaron sus cargos con acusaciones similares? Algunos hablan de “protección”; otros subrayan que, pese a los embates internos, “todavía lo sostiene Javier”.
A partir de ahora comienza una nueva etapa en NASA, que acaba de pasar de la órbita de la Secretaría de Energía a la Secretaría de Asuntos Nucleares, un área creada en diciembre y a cargo de Federico Ramos Nápoli. Es un funcionario poco conocido en el sector nuclear, alineado con Caputo y dependiente de la cartera económica. Su debut fue en la asamblea de accionistas, donde representó al Ministerio de Economía, que posee el 70% del paquete accionario de la compañía.
El nuevo directorio tendrá como prioridad ordenar la empresa, sacarla del centro de la escena y comenzar a preparar el terreno para la privatización. En esa tarea jugará un papel clave Diego Chaher, el único miembro del directorio que permaneció tras la salida de Reidel y quien además dirige la Agencia de Transformación de Empresas Públicas.
Chaher también responde a Caputo y fue quien cuidó los detalles para que la salida de Reidel se produjera de la manera más ordenada posible. Su continuidad en el directorio responde a una misión concreta: antes de fin de año debe estar listo el pliego para privatizar, al menos, el 44% de NASA, porcentaje fijado por la Ley de Bases.
Caputo avanza con un nuevo directorio leal y en sintonía con Karina Milei
El nuevo presidente de NASA es Juan Martín Campos, proveniente de la presidencia de Dioxitek S.A. Lo acompañan Martín Porro como vicepresidente; Chaher, Diego Garde y Javier Grispun como directores titulares; y José Ignacio Bruera y Juan Cantarelli como directores suplentes. Todos fueron designados por Ramos Nápoli, es decir, por Caputo.
Garde y Cantarelli son veteranos de la empresa y ya ocupaban cargos gerenciales. Se trata de dos profesionales de carrera que apoyaron la denuncia interna presentada el 5 de enero por el gerente de la Planta Central Nuclear Atucha I-II, Juan Pablo Nolasco Sáenz.
La filtración de esa denuncia fue el primer golpe contra Reidel. En su presentación, el gerente detalló maniobras destinadas a direccionar una licitación. Con el correr de los días se conoció que esa no era la única acusación interna y que en los juzgados federales de Campana se había presentado una demanda por hechos similares.
En medio del vendaval, Reidel saldó deudas personales por $825 millones, una suma equivalente a más de 80 sueldos netos de su cargo. Ese dato no hizo más que alimentar las sospechas en su contra.
Entre los pocos defensores que le quedan a Reidel hay una palabra que se repite: “operación”. Algunos están convencidos de que hubo una articulación entre Caputo, Chaher, empleados históricos de NASA y determinadas empresas para embestir contra las autoridades. Hablan de un ataque mediático orquestado con la intención de forzar su renuncia. ¿El motivo? Las ambiciones del asesor presidencial por quedarse con la agenda nuclear y la resistencia interna en la empresa a los cambios impulsados por la gestión.
Ese grupo considera que no hubo posibilidad de soluciones intermedias y por eso no bastaron el desplazamiento del gerente general de Reidel, Marcelo Famá, ni del gerente de Coordinación Administrativa, Hernán Pantuso. Creen que con la creación de la secretaría de Ramos Nápoli se estaba preparando el terreno para un recambio total del directorio.
Sus adversarios lo niegan y sostienen que las “desprolijidades” eran tantas que, tarde o temprano, el escándalo iba a salir a la luz. Lo único que admiten es que no hubo un “auxilio” cuando se difundieron las acusaciones. El rechazo hacia Reidel es, en los hechos, una de las pocas coincidencias recientes entre Santiago Caputo y Karina Milei.
El malestar de Karina, señalan en un sector del oficialismo, comenzó después de que OpenIA asegurara, en octubre de 2025, que planeaba construir un mega data center de inteligencia artificial en la Patagonia con una inversión estimada de US$25 millones. Fue un anuncio grandilocuente del que luego no hubo novedades. Los roces con Caputo tendrían que ver con la resistencia del ingeniero a avanzar en la privatización de NASA, una de las prioridades del asesor. Por motivos distintos, los dos vértices del triángulo de hierro terminaron por ponerse de acuerdo.


