
SANTA FE.- Tras nueve meses de conflicto, con los procesos productivos alterados y deudas que la empresa no logra contener, la situación en la industria láctea Verónica —con plantas en Lehmann, Clason-Totoras y Suardi, en el interior santafecino— parece encaminarse hacia una resolución. En lo judicial, eso recién podría ocurrir a partir de la semana próxima, cuando se retome la actividad tras la feria que culmina este viernes. Desde distintos sectores, tanto empresarios como gremiales, se especula que durante febrero la empresa se presentará ante la Justicia para pedir la apertura de un concurso de acreedores.
Mientras tanto, el panorama laboral se torna cada vez más crítico. “Estamos sin cobrar desde enero y no tenemos ninguna respuesta de la empresa”, expresó un empleado durante una reciente concentración en Clason, al sur de esta provincia.
Marcelo Muscio, delegado de los trabajadores en esa planta, dijo en declaraciones radiales: “La fábrica está vaciada, no consigue leche y el transporte del personal ya no funciona. Por lo tanto, la parálisis de la actividad es total”. El dirigente explicó que la planta de Clason, ubicada a la vera de la ruta nacional 34, permanece cerrada. “No está tomada, está cerrada porque por falta de pago nos quedamos sin insumos”, agregó.
El gremialista afirmó que “hay un vaciamiento deliberado”. Y añadió: “Es increíble, pero la empresa tiene tambos propios y, en lugar de traer la leche aquí para producir, la están entregando en otras empresas lácteas. Nos dejaron sin materia prima y sin transporte de forma intencional”.
Ante la escalada del conflicto en las últimas semanas, el ministro de Desarrollo Productivo de Santa Fe, Gustavo Puccini, convocó a los directivos de la firma para que expliquen la situación y busquen una salida que garantice la continuidad laboral. Aún no hay fecha confirmada para ese encuentro, pero se especula que podría realizarse la semana próxima.
Gustavo Puccini, ministro de Producción de Santa FeCIM
Debe recordarse que la firma láctea, propiedad de la familia Espiñeira, había entablado meses atrás contactos con la francesa Savencia, interesada en explotar las plantas radicadas en territorio santafecino. No obstante, se desconoce si esas tratativas avanzaron o quedaron sin resultado. Por otra parte, Verónica intentó tramitar un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC), pero el Ministerio de Trabajo rechazó el pedido al no acreditarse de manera fehaciente las cifras que justificaran la crisis.
El conflicto en Verónica despertó, desde fines del año pasado, un cuadro de desesperación entre los más de 600 empleados, 160 de los cuales prestan servicios en la planta de Clason. Muscio aseguró que, además de los retrasos en los pagos, la empresa no deposita aportes jubilatorios ni las cuotas alimentarias.
“Los trabajadores no tienen obra social. Hasta las prepagas están cortadas. Y ud se entera que para sobrevivir, los empleados de Verónica realizan trabajos informales y hasta se dedican a la venta de productos caseros para sostener a sus familias”, agregó.
Además, trascendió esta semana un cruce verbal en Totoras entre uno de los propietarios de la firma, Alejandro Espiñeira, y un grupo de trabajadores. Según el sitio Mundo Gremial, el empresario aseguró que “no hay intenciones de vaciamiento” y, ante la protesta de los empleados, dijo que pedirá ayuda al Gobierno de Santa Fe.
“No hay vaciamiento. Estamos tratando de salir adelante. Hemos solicitado una reunión con el ministro de Producción de la provincia de Santa Fe porque el objetivo es sostener las fuentes de trabajo. Estamos buscando una solución para reactivar todo y trabajamos día y noche para encontrarle una salida” al conflicto, sostuvo el empresario ante la prensa local.
La firma tiene plantas en Lehmann, Clason-Totoras y SuardiArchivo
Como se dijo, las tres plantas de Verónica en la provincia de Santa Fe están paralizadas y las comunidades de Totoras-Clason (en el sur), de Lehmann (centro) y de Suardi (noroeste) observan con preocupación cómo la crisis se extiende sin que aparezca la esperada reacción de los empresarios.
El año pasado, la histórica firma láctea, fundada en 1923, entró en un camino con pocas salidas: tiene cheques rechazados por más de $10.900 millones y mantiene una deuda millonaria con tamberos, situación que hoy pone en riesgo cerca de 600 puestos de trabajo.




