Lunes, 19 de mayo de 2025   |   Nacionales

Pocas victorias peronistas en un contexto de fracasos en la Ciudad

Sus dos victorias son anteriores a la Estatuyente de 1994 que otorgó autonomía plena a la Ciudad de Buenos Aires. Aupado en el triunfo de Carlos Menem, el frente encabezado por Germán Abdala y Chacho Álvarez ganó la elección a diputados nacionales de 1991. Dos años más tarde, volvió a imponerse con la candidatura del exministro de Economía Erman González. Tras el ascenso del PRO nunca volvió a imponerse en la Ciudad y osciló entre los 20 y 30 puntos.
Pocas victorias peronistas en un contexto de fracasos en la Ciudad

El Peronismo en Buenos Aires: Breves Triunfos y Lecciones

Desde el retorno de la democracia en Argentina, el peronismo nunca ha logrado consolidarse como una mayoría en la Ciudad de Buenos Aires. ¿Cuál es la razón detrás de esto? ¿En qué momentos estuvo más cerca de lograrlo? Este artículo se adentra en las ocasionales victorias del peronismo en la Capital y las lecciones que esas excepciones nos brindan.

Las Dos Victorias Legislativas

El peronismo triunfó en las elecciones legislativas de la Ciudad en solo dos ocasiones, ambas antes de la reforma constitucional de 1994, cuando se elegían representantes al Consejo Deliberante de la Ciudad, previo a la creación de la Legislatura porteña.

La primera victoria se dio en 1989, cuando Carlos Menem asumió como sucesor de Raúl Alfonsín. En ese contexto, una profunda crisis económica —marcada por la hiperinflación y la recesión— desató un masivo voto de castigo contra el oficialismo radical. En la Capital, el peronismo supo captar ese descontento con una campaña enfocada en el cambio y la promesa de orden. La lista del FREJUPO, liderada por Miguel Ángel Toma, aprovechó un momento donde el rechazo al radicalismo superó cualquier lealtad partidaria.

El peronismo diseñó un discurso progresista, proponiendo “salariazo y revolución productiva”, que resonó en las clases medias afectadas. Figuras como Germán Abdala —un destacado referente de los trabajadores estatales y con fuerte presencia en las villas del sur de la Ciudad— fueron determinantes para crear una mayoría circunstancial en un distrito históricamente hostil. El panorama institucional se complicó aún más cuando, a fines de junio, Alfonsín declaró el estado de sitio, lo que aceleró su partida del gobierno.

El 8 de julio de 1989, Menem asumió la presidencia cinco meses antes de lo previsto, pero los diputados nacionales electos —incluidos los de la lista del FREJUPO— tomaron posesión de sus bancas el 10 de diciembre, generando un desajuste entre el Ejecutivo y el Congreso derivados de la misma elección. Esta anomalía no se corrigió hasta una década más tarde, en 1999.

El Triunfo de 1993

En 1991, el peronismo tuvo un rendimiento aceptable en la Ciudad, aunque no logró superar a la Unión Cívica Radical. Sin embargo, en 1993, con la reelección de Menem en el horizonte, el oficialismo promovió el Pacto de Olivos, que allanó el camino para la reforma constitucional de 1994. Con recursos y un aparato alineado tras su figura presidencial, el peronismo ganó nuevamente en la Ciudad, esta vez con Erman González a la cabeza, aunque con una diferencia menor respecto a 1989.

Este triunfo también refleja el último vestigio de la inserción urbana del PJ, respaldada por redes sindicales y organizaciones barriales. Después de este pico, la tendencia fue indudablemente hacia la baja, acompañando el giro neoliberal del menemismo y el consiguiente distanciamiento de los sectores populares más perjudicados por las reformas.

El aumento del desempleo, la precarización laboral y el cierre de fábricas generaron una nueva geografía social en la Ciudad. El peronismo, cada vez más asociado a políticas de ajuste, perdió legitimidad ante sus bases. La fragmentación del movimiento anticipó el colapso institucional de 2001, cuando estalló la crisis de la deuda y se produjo un vacío político a todos los niveles. El peronismo porteño se desmoronó, y con un kirchnerismo todavía en formación, apoyó en 2003 la candidatura de Aníbal Ibarra a jefe de Gobierno, quien fue destituido tras un juicio político por la tragedia de Cromañón, donde fallecieron 194 jóvenes. Desde entonces, ningún candidato respaldado por el peronismo volvió a gobernar la Ciudad.

La Era del Kirchnerismo y Sus Desafíos

A pesar de que el kirchnerismo permaneció 12 años en el poder, la Ciudad se mantuvo como un bastión opositor, liderado por el PRO. Con alianzas fluctuantes y dirigentes sin raíces locales, el kirchnerismo no logró revertir esta tendencia. No fue hasta 2019, en el contexto de un Frente de Todos debilitado por el deterioro de la gestión de Mauricio Macri, que el peronismo experimentó una elección favorable.

La Estructura Posterior al Kirchnerismo

En 2019, la lista fue encabezada por Matías Lammens para jefe de Gobierno. El Frente de Todos logró consolidar el voto en contra de Mauricio Macri. La recesión económica, el aumento del dólar y el incremento de la pobreza marcaron el telón de fondo de una elección polarizada. Aunque el peronismo porteño superó el 34% de los votos, su mejor resultado en 36 años de democracia, quedó detrás de Juntos por el Cambio, que alcanzó el 54,22%.

La administración de Alberto Fernández, sin embargo, no logró sostener esa expectativa. Una gestión poco clara, constantes tensiones entre el Presidente y la Vicepresidenta, y una economía en deterioro —con inflación récord y pérdida del poder adquisitivo— debilitaron la identidad del Frente de Todos como alternativa viable. Este desgaste abrió la puerta a la ascensión de La Libertad Avanza, que captó el descontento social, especialmente entre los jóvenes de sectores populares que alguna vez se alinearon con el peronismo.

Claves para el Futuro

En 2023, Leandro Santoro encabezó la lista de Unión por la Patria, logrando consolidar una representación sólida en un distrito históricamente adverso. Su perfil moderado y su capacidad de diálogo lo proyectan como una figura con futuro en las disputas electorales de la Ciudad.

Las mejores actuaciones del peronismo en la Ciudad no se deben exclusivamente a estructuras partidarias tradicionales, sino al surgimiento de líderes con fuerte conexión local y a la formación de coaliciones amplias. Cuando logró alinear un liderazgo sensible a las cuestiones porteñas con una narrativa inclusiva y alianzas estratégicas, pudo competir en igualdad de condiciones.

Sin embargo, estas victorias también están más vinculadas a la fragmentación del electorado opositor que a un crecimiento sostenido del peronismo. A diferencia de otras provincias, donde el peronismo ha superado con facilidad el 40% o incluso el 50% de los votos, en la Ciudad casi nunca ha logrado superar su techo histórico del tercio.

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