Autor: Informe DigitalLa fiesta de disfraces que comenzó como un festejo de cumpleaños de un par de estudiantes se convirtió en un clásico de la ciudad y en su décima edición tendrá un público asegurado de 15.000 personas.La fiesta, por su magnitud, se realiza en el predio de la Sociedad Rural y sus realizadores aseguran contar con todos los requerimientos y comodidades que debe brindarse ante tamaña concurrencia.Una de las curiosidades del festejo, obviando a la gran masa de gente disfrazada, es que asisten personas de todo Entre Ríos, y además Santafesinos, Rafaelinos, Bonaerenses, Rosarinos, Cordobeses y hasta vecinos del Uruguay.El Ticket comenzó costando $25 pero ya sobrepasa los $50 en todos sus puntos de venta, motivo por el cuál el negocio de la reventa hace furor. Un revendedor aseguró que al poner a la venta unas entradas a $40, por no poder asistir, su celular no paró de sonar.La palabra de los organizadoresEn general, la fiesta convoca a personas de entre 18 y 30 años; pero para este año, los organizadores planean inaugurar un espacio para mayores de esa edad. Además, para esta edición que se aproxima, están planeando cambios en cuanto al ingreso; la instalación del juego Samba y, probablemente, de otro más; dos patios de comida; entre otras novedades. “Nuestra idea es convertir la fiesta en un evento nacional; pensamos seguir con esto mientras podamos”, comentó Juan Martín Laurencigh, al tiempo que contó que cada edición les insume cerca de seis meses de trabajo.“Nosotros disfrutamos viendo cómo la gente la pasa bien. Pero a veces nos decimos: qué bueno sería disfrutarla como los demás, sin tener que preocuparnos por la organización y sin estar pendientes de que todo salga bien”, reflexionaron.Agradecidos con la genteEn relación a la predisposición que muestran los asistentes, comentaron que “la gente piensa mucho el disfraz; todos se producen mucho. El año pasado, por ejemplo, fue un chico que había desarmado la moto y se la había armado encima, con luces, guiño, asiento y todo”.Por último, indicaron que la fiesta se ha convertido en una actividad que, además de movilizar el alojamiento y otros rubros comerciales de la ciudad, le imprime un ritmo diferente a ese fin de semana largo. Y ejemplificaron: “Unas chicas contaban que se subieron a un remise y el chofer estaba con una careta; ellas le preguntaron porqué y él les dijo “si está toda la ciudad disfrazada, cómo no me voy a disfrazar”.




