Hay huecos que se ven a simple vista y otros que sólo el ojo de un profesional puede notar. Los hundimientos son producidos por la fuga de arena que, juntamente con otros materiales, constituye la base que sostiene todo. Yo recorro la Costanera periódicamente, pero hay veces que, honestamente, no quiero ir. Para mí, las obras de Arquitectura que uno hace son como la gestación de un hijo; y ver cómo está la Costanera en algunas partes en este momento, me produce un desasosiego muy grande”.A pesar de lo que confió al inicio de la entrevista, el arquitecto Rubén Cabrera –el diseñador de la Nueva Costanera– accedió a recorrerla junto a EL DIARIO.La caminata se realizó ayer, en el fragmento del paseo ubicado entre la Escuela Integral de Aerobismo y la esquina del Paraná Rowing Club.Entre los deterioros que se pudieron ver en esos metros, se destacan varios hundimientos en la superficie llamada grass crete –que combina círculos de hormigón con césped–. El mayor de estos pozos tiene la forma de un semi-círculo y una profundidad de más de 40 centímetros.Otro punto preocupante de la Costanera está ubicado frente al ala de avión enterrada en el parque. Allí, una losa de hormigón armado cedió unos diez centímetros; y, además, debajo de ella hay un hueco. Ese vacío tiene una profundidad de, por lo menos, 60 centímetros.Los ejemplos son muchos: pavimento articulado que se ha ido perdiendo; bancos que han cedido unos centímetros; desagües que han perdido su pendiente por esos hundimientos; entre otros.CAUSAS. Según explicó Cabrera, los hundimientos son producidos por pérdidas de material árido; específicamente de la arena que se ha volcado para lograr los niveles de defensa que se querían conseguir.“Al haber fuga de ese material árido, es decir de la base, todo lo que está por encima se pierde”, señaló.Esa fuga de arena, probablemente, sea ocasionada por roturas en la malla geotextil que la debe contener.El profesional habló, entonces, de la necesidad de convocar a la empresa constructora (Dyopsa-Supercemento) o de emprender una auditoría externa, “para que se haga un diagnóstico localizado, punto por punto, de los lugares donde se ha dado la fuga de arena y tratar de resolver los problemas; primero hay que trabajar para que se deje de fugar material y, segundo, para recomponer la obra”, precisó.Además, indicó que “la empresa constructora es responsable de la obra y se tiene que hacer cargo de los desajustes. Y la Supce (Sub Unidad Provincial de Coordinación de la Emergencia –dependiente de la Unidad Ejecutora Provincial–) tiene que hacer que la empresa constructora venga a resolver esto”.En este punto, Cabrera aclaró que, “según el seguimiento que yo hice de la obra desde que se empezó hasta que se terminó, la empresa trabajó responsablemente. Pero eso no quita que puedan pasar cosas como las que están pasando ahora”.UN POCO DE HISTORIA. La obra de la Nueva Costanera fue inaugurada en diciembre de 2004.A los ocho meses se empezaron a ver los primeros deterioros. Por eso, en agosto de 2005 comenzaron los reclamos de Cabrera para que se solicite la intervención de Dyopsa-Supercemento y se realicen las tareas de mantenimiento.Fueron cinco las notas presentadas por el profesional a la Supce: el 1º de agosto de 2005, el 27 de enero de 2006, el 11 de abril de 2006, el 2 de enero de 2007 y el 28 de enero de 2007 (esta última también fue remitida a la Defensoría del Pueblo de Paraná).Por ninguna obtuvo respuesta de parte del Gobierno provincial. Hace unos meses, la Supce culpó de los deterioros a la falta de mantenimiento que debería realizar el Estado municipal. En este punto, Rubén Cabrera dijo que “al finalizar la obra, la Municipalidad de Paraná tomó posesión para el mantenimiento de la Costanera a través de un protocolo que se le dio. Ese protocolo no se ha cumplido porque uno ve, por ejemplo, que en ciertas partes de la Costanera, sobre el lecho del río, han crecido algunos árboles. Pero es muy ingenuo pensar que, por la falta de mantenimiento de los desagües pluviales, se hayan producido tales deterioros”.Para finalizar, el arquitecto hizo una reflexión con relación a los reclamos que deberían hacer los entrerrianos, teniendo en cuenta que son quienes están pagando la obra cuyo costo fue cercano a los 25 millones de pesos. “Yo he estado haciendo estos reclamos en absoluta soledad. Salvo algunas voluntades individuales que se han sumado, no han habido entidades de la sociedad civil, como son los colegios profesionales que, hayan acompañado el reclamo”, comentó.




