Si bien su aspecto externo aún no varió respecto a los últimos años, en su interior ya se pueden observar gran parte de la fisonomía que pretenden los propietarios del emprendimiento recreativo, vinculados también a los centros nocturnos de la Toma Vieja.El sector en cuestión está en el vértice del Puerto, entre la sala Mayo y la Escuela de Canotaje. Basura, pérdidas de agua y hasta pastizales entre el cemento configuran su imagen externa.En declaraciones públicas, los dueños anunciaron que la próxima semana definirán el día de apertura. Sin embargo, en la Municipalidad aún no hay trámite de habilitación iniciado y lejos está esa estructura de garantizar seguridad para los asistentes.El subsecretario de Control Comercial, Mario Veloz, reconoció que “no hubo ningún tipo de presentación hasta el momento”, aunque especuló con la posibilidad que la Provincia haya extendido una adjudicación.En diciembre y antes de asumir, el actual secretario de Planificación municipal Tomás Arias había informado que el gobierno provincial otorgó una concesión por un año, a los propietarios de Anderson. Tal disposición pudo concretarse al vencer en agosto el comodato que existía entre la Municipalidad y el gobierno provincial sobre la jurisdicción del Puerto Nuevo.Estas controvertidas cuestiones legales sumadas a las inherentes a la seguridad, generaron el malestar de otros propietarios de boliches y hasta de hombres encargados de velar por la integridad física de los ciudadanos.Entre otras cosas, se remarcó la imposibilidad de habilitar un lugar de concurrencia masiva a escasos metros del río; la vigencia de una ordenanza que impide que haya ruidos molestos en la costa para prevenir que emigren las aves; la imposibilidad de cumplir con la Ordenanza 8.615, que fija salidas de emergencia -son hacia el río-, baños, estacionamiento; y hasta la difiicultad de contar con los planos aprobados por la comuna, entre otras consideraciones. (UNO)




