
He aquí una escena que merece ser evocada: una niña de cinco años sentada en el regazo del papá. Se llamaba Gudrun, pero él le decía “Püppi” (“muñequita”, en alemán). Y le leía un cuento de hadas, mientras acariciaba su cabellera rubia, aunque con un dejo de pesar.
Es que, en esa atardecer de 1933, él debía viajar a Múnich por un asunto oficial: el Führer lo aguardaba allí para la inauguración de Dachau, uno de los primeros campos de exterminio del Tercer Reich.
Aquel hombre era Heinrich Himmler, el carnicero en jefe del Holocausto.
Ese sujeto se suicidó con una pastilla de cianuro el 23 de mayo de 1945, tras caer en manos de los británicos.
Fue un duro golpe para la pobre Püppi, quien, en 1951, con otras mujeres nazis, fundó Stille Hilfe (Ayuda Silenciosa), una organización de auxilio a todos los criminales de guerra en apuros, ya sea condenados o fugitivos.
Casi siete décadas y media después, una tal Asunción Benedit fundó en la Argentina una falange similar a la que bautizó “Pañuelos Negros”, enfocada en la defensa de represores que actuaron durante la última dictadura.
De modo que, al respecto, no hay nada nuevo bajo el sol.
Pero ni siquiera fue la primera en consumar aquí una iniciativa semejante, puesto que, tanto la actual vicepresidenta, Victoria Villarruel, con su Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (CELTYV), como Cecilia Pando, con su Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Políticos de la Argentina (AFyAPPA), se le anticiparon con muchos años de distancia.
Claro que la originalidad de la señora Benedit radica en el anhelo de que su agrupación sea –por la cuestión de los pañuelos, obviamente– la contracara de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
¿Acaso se trata de un aporte simbólico a la llamada “batalla cultural”? De ser así, quedaría a ojos vista que dicho enfrentamiento no tiene otro objeto que el negacionismo ante los crímenes de lesa humanidad entre 1975 y1983.
Sí 1975. Y no a partir del 24 de marzo del año siguiente. Eso, dicho sea de paso, tiene que ver con la historia familiar de esa mujer.
Porque su ya difunto marido, Francisco Lacal Montenegro, fue un capitán del Ejército que participó ese año del “Operativo Independencia” contra el foco rural del ERP en Tucumán, lo cual le habría dejado huellas en su espíritu.
En tal sentido, ella argumenta: “Mi marido estuvo en el monte y me contó muchas experiencias. Fue una guerra terrible por las emboscadas. Además los campesinos no brindaban ayuda”.
En realidad, Tucumán había sido el laboratorio del terrorismo de Estado en la Argentina. Una guerra de inteligencia, cuyos enfrentamientos se llevaban a cabo en los interrogatorios. Y dado que se consideraba a la población como la retaguardia del “enemigo”, proliferaba la desaparición de civiles.
De modo que ella incurre en una suerte de confesión.
Sin embargo, esto es lo de menos, ya que el asunto no pasa por polemizar sobre cuestiones éticas, políticas o históricas, con esta clase de personas, sino en observarlas para así calibrar sus contextos y el riesgo que hay en ellas.
Pues bien, doña Asunción es la hermana del diputado libertario Beltrán Benedit, otro negacionista de pura cepa, quien, en julio de 2024, llevó a varios legisladores de su bancada a la cárcel de Ezeiza para una visita “humanitaria” a Alfredo Astiz y a otros genocidas alojados allí.
Afincada en Bariloche desde que a su marido lo destinaron al Regimiento de Montaña 10, fue madurando su configuración ideológica.
Tras la muerte del capitán, en 2008, ella se lanzó a una epopeya –diríase– en defensa de la vida, al organizar protestas frente a la delegación de SENASA en rechazo a la matanza de aves con gripe para así evitar el contagio.
Para ella, al parecer, esos bichos valen más que los seres humana.
Por entonces se vinculó con la Unión de Promociones, una organización de viejos genocidas que se agremiaron ni bien Néstor Kirchner, en 2005, declaró inconstitucionales las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
Ella se sentía con esos individuos como un pez en el agua.
Pero en noviembre de 2009 la rozó un problemita policial. Fueron los secuestros, en la Península de San Pedro, de tres lugareños: Rafael Boné, Joel Maximiliano Contreras, Velázquez y Joel Contreras Bahamonde. Aparentemente fue por una disputa de tierras.
El hecho es que los captores estaban encabezados por su hijo, bautizado Francisco, igual que su padre. El muchacho estuvo prófugo hasta el otoño del año siguiente, cuando la oportuna intervención de amigos del finado papá le aligeraron su situación, por lo que se salvó de terminar tras las rejas. Y todo volvió a la normalidad.
Ella, entonces, empezó a dejarse ver con asiduidad en las manifestaciones contra los asentamientos mapuches. Y ya en la primavera de 2017 apareció por TV, entre quienes celebraban en Bariloche la muerte de Santiago Maldonado.
A su vez, seguía adhiriendo a la Unión de Promociones.
También asistía a los actos en homenaje a Julio Argentino Roca. En uno de aquellos eventos conoció al mayor (R) Juan José Gómez Centurión, cuyo pasado carapintada la deslumbró. Hasta fue parte su espacio político, el Frente
NOS. Y aún hoy mantiene vínculos con él.
Pero su incidencia –por ahora, embrionaria– en la opinión pública data del 8 de febrero pasado, cuando participó en Tucumán del acto conmemorativo por el quincuagésimo aniversario del “Operativo Independencia”
Allí consumó el lanzamiento de Pañuelos Negros. Hasta cubría su cabeza con una pañoleta de ese color.
Luego participó en Contracara, un programa de TV conducido por Juan Manuel Soaje Pinto, un abogado que se ubica a la derecha de Atila.En esa ocasión, ella fue muy concisa:
“Queremos reconocimiento moral y económico para quienes actuaron contra la subversión. No sólo se trata de pedir la libertad. Hay que lograr la reivindicación de estos héroes y dar vuelta el relato de la zurda”.
En definitiva, la tarea de su “orga” será prestar ayuda a genocidas, ya sea condenados o fugitivos. Es decir, un calco de la que tuvo Stille Hilfe.
Por ahora, su estado mayor está compuesto por Lucrecia Astiz (hermana del “Ángel Rubio”), Marta Ravasi de Olivera (esposa del mayor Jorge Antonio Olivera “el Carnicero de San Juan”), Rebeca Fleitas (legisladora porteña de La Libertad Avanza) y Lucía Montenegro (también legisladora de ese partido). Además, cabe destacar el apoyo que les brinda la omnipresente Pando.
No es un secreto la animosidad que ellas le dispensan a Villarruel a dos años de su llegada al cargo por no haber cumplido en tiempo y forma su promesa de lograr que el Poder Ejecutivo indulte a los represores.
Ese sentimiento se extiende hacia el flamante diputado Luis Petri, quien desde el Ministerio de Defensa tampoco hizo nada al respecto.
Ahora, en cambio, Asunción y sus chicas tienen grandes expectativa de que su reemplazante, el general Carlos Presti, dé el “gran paso” al respecto.
Entre los aliados incondicionales de los Pañuelos Negros resaltan ciertos cavernícolas de renombre, como Guillermo Sottovia, un influencer que actúa en las redes sociales con el alias “Bloqueado”. También el diputado Facundo Correa Llano, junto, desde luego, al bueno de Beltrán.
Si ellos aún no ingresaron formalmente al grupito de Asunción es sólo por el prejuicio varonil de lucir en público su pañoleta.
Mientras tanto, el fascismo avanza en el gobierno a paso redoblado. «





