
En el corazón del complejo manisero argentino, la investigación biotecnológica local muestra avances que transforman las condiciones de producción para la exportación. El empresario e ingeniero agrónomo Juan Soave, responsable del criadero “El Carmen”, desarrolló varias variedades de maní resistentes al carbón (Thecaphora frezii) y a la esclerotinia (Sclerotinia minor).
“Estas enfermedades fúngicas han registrado pérdidas de hasta US$50 millones en campañas previas, afectando la posición de Argentina como exportador global de maní”, explica Soave, quien añade que el “hallazgo” de estas variedades “representa un gran logro para la ciencia y el agro nacional”. No está solo en esa tarea: su hija, la ingeniera agrónoma Sara Soave, integra el equipo de investigación del criadero, que aplica técnicas de genómica y bioinformática para abordar los problemas sanitarios del cultivo. “Trabajar con mi padre es todo un desafío. Son pocas las personas que he conocido con una pasión tan profunda como la suya por el maní: para él no es solo un trabajo, es su vida y una manera de contribuir, desde el mejoramiento genético, a que el mundo cuente con variedades cada vez mejores. La vara está muy alta… y eso inspira tanto como exige”, cuenta Sara.
El proceso se apoya en la selección asistida por marcadores moleculares y en la incorporación de genes provenientes de maníes silvestres originarios de Bolivia y del norte argentino.
En el campo experimental de General Cabrera, el equipo técnico emplea un “infectario”: un sector de suelo con una carga patógena superior al promedio, generada artificialmente para evaluar la respuesta de los genotipos.
Las plantas que muestran alta resistencia al carbón y a la esclerotinia son las que luego se multiplican para su distribución comercial.
Juan Soave recibe el premio “Cotagrito de Oro” del año 2024 por su trabajo y por una trayectoria de cinco décadas. GENTILEZA AGROVERDAD
La actividad en el mejoramiento vegetal de Juan Soave, de 74 años, comenzó a mediados de la década del 70. Tras una etapa de formación en Estados Unidos, recibió enseñanzas y consejos de reconocidos mejoradores del cultivo como los doctores Alan Norden, Charles Simson y Dany Gorbet.
Soave co-introdujo en el país el maní tipo Runner en 1977. En pocos años esa innovación tecnológica reemplazó al maní colorado que se sembraba hasta entonces y la nueva variedad produjo un aumento que triplicó los rendimientos promedio por hectárea.
Desde la fundación de criadero “El Carmen” en 1995, el establecimiento se especializó en la creación y fiscalización de semillas. En los años 90, Soave obtuvo una variante de maní con una composición de ácidos grasos diferenciada. Luego de un proceso de cruzamientos artificiales, selección y análisis químicos especiales —semilla por semilla—, en 2003 obtuvo e inscribió la primera variedad “alto oleica”. Esta característica, que extiende la vida útil del grano sin que se produzca rancidez, constituyó un factor fundamental que permitió el acceso de la producción local a los mercados más exigentes de Europa.
El criadero El Carmen opera como un centro de abastecimiento de germoplasma para las empresas del clúster manisero.
“Trabajar con mi padre es todo un desafío. Son pocas las personas que he conocido con una pasión tan profunda como la suya por el maní: para él no es solo un trabajo, es su vida y una manera de contribuir, desde el mejoramiento genético, a que el mundo cuente con variedades cada vez mejores. La vara está muy alta… y eso inspira tanto como exige”, cuenta Sara Soave, ingeniera agrónoma, quien hoy trabaja junto a Juan Soave.
Sara y Juan Soave, con Melina Rosso, en el criadero “El Carmen”. ARCHIVO
En los últimos años, el criadero comenzó a utilizar una nueva fuente de variabilidad genética compuesta por una población única en el mundo y conformada por la combinación de tres maníes de origen silvestres, que se han perpetuado por miles de años en la naturaleza, lo cual generó diferentes características muy apreciadas, que permitieron la creación de variedades con resistencia a diferentes enfermedades que sufre el cultivo, como por ejemplo el carbón y la esclerotinia.
Debido a que el maní cultivado es tetraploide, el equipo científico-técnico de “El Carmen” debió realizar procesos de mucha complejidad para duplicar el número de los cromosomas que poseen los maníes silvestres en laboratorios de biotecnología para permitir la compatibilidad en los cruzamientos y así recuperar las defensas naturales que el maní comercial perdió durante su evolución.
En la actualidad, las líneas de investigación se centran en la búsqueda de materiales con mayor tolerancia a enfermedades que afecten tanto la parte aérea como la subterránea de las plantas, donde se encuentran los frutos y las semillas del maní.
A futuro, el criadero “El Carmen” anunció que su programa de mejoramiento “está muy avanzado” en la selección de genotipos —futuras variedades— que tendrán “mayor tolerancia” a la sequía y a otras enfermedades como aquellas que afectan a las hojas de plantas, o las diversas manchas foliares y también la fusarium, una enfermedad que afecta a las raíces y provoca la muerte prematura de las plantas.




