Domingo, 25 de enero de 2026   |   Nacionales

Oposición y organismos de DD.HH. piden anular decreto que habilita la cibervigilancia

El nombre de la empresa Palantir, que asesora al ICE en los Estados Unidos, el gobierno de Israel y la policía alemana, conformada por dos de los nuevos oligarcas tecnológicos de Sillicon Valley, Peter Thiel y Alexander Karp, está en el eje de una polémica más compleja: la incorporación de la tecnología, cada vez más sofisticada, para realizar inteligencia interna. Un mecanismo que se lanzó a partir del DNU con el que el Gobierno dio por terminado 2025 y que aún está en condiciones de ser rechazado por el Parlamento, aunque el tiempo apremia.
Oposición y organismos de DD.HH. piden anular decreto que habilita la cibervigilancia

                    <p>DNU significa decreto de necesidad y urgencia. Según el diccionario de la RAE, necesidad es “impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido”. Urgencia, para el mismo “mataburros”, según la definición coloquial de los diccionarios es, entre otras cosas “necesidad o falta apremiante de lo que es menester para algún negocio”. Tal vez convenga atender a la polisemia —la multiplicidad de sentidos posibles de la palabra “negocio”— para comprender la lógica de la modificación vigente de la Ley de Inteligencia Nacional, que está en vigor desde el último diciembre. Allí se afirma taxativamente: “La estructura formal del Sistema de Inteligencia Nacional (SIN) no resulta suficiente para el abordaje integral y detallado de la multiplicidad de temáticas que comprende la Inteligencia Nacional, siendo necesaria la participación informativa de otros órganos del Estado nacional, generadores de insumos específicos que contribuyen a la producción de la Inteligencia Nacional”, y se agrega que “el adecuado intercambio de información permitirá incrementar la efectividad del Sistema de Inteligencia Nacional (SIN) a efectos de la identificación de los hechos, riesgos y conflictos que afecten la Defensa Nacional y la Seguridad Interior, así como las oportunidades para la consecución de los intereses estratégicos de la República Argentina”.</p>    <p>La habilitación de nuevas tecnologías en materia de inteligencia, sumada a una mayor libertad de acción para las fuerzas de seguridad en ese campo, encierra una alerta sobre un posible avance autocrático en la Argentina.</p>    <p>Aumentan las sospechas acerca de los efectos de las medidas en curso y de la eventualidad de que el gobierno de Javier Milei implemente su propia ICE y ejerza —tanto en la virtualidad como en el plano real, dos ámbitos que tienden a fundirse en el capitalismo de la aceleración— niveles superiores de control sobre la población.</p>    <p>Apenas divulgado el nuevo instrumento, desde la Secretaría de Inteligencia aclararon en el texto que “permite proteger al país frente a las amenazas contemporáneas, delimita competencias, reduce su estructura y fortalece los controles estatales”. A su vez, destacaron que los cambios responden “a los más altos estándares democráticos y republicanos”.</p>    <p>No obstante, la polémica ya está en marcha. Organismos vinculados al derecho —como el bloque de Unión por la Patria—, y diputados de la Coalición Cívica como Maximiliano Ferraro y Mónica Frade, junto al socialista Esteban Paulón, presentaron un amparo ante la Justicia. “El decreto no se limita a una reorganización administrativa interna de la SIDE, sino que introduce facultades punitivas o de detención directa, lo que invade de manera manifiesta la materia penal, reservada al Congreso. Esta extralimitación vulnera una prohibición constitucional expresa”.</p>    <p>Aquí la palabra “negocio” puede asumir otra significación. Y aparece el nombre de Palantir: la empresa privada que asesora a gobiernos como el de Estados Unidos y el de Israel, a la policía de Alemania, y que parece surgir de la distopía de la serie Black Mirror. Sus distintos softwares detectan “enemigos” no solo a partir de datos fríos recogidos en redes, sino también mediante un conocimiento más profundo de la vida privada de las personas.</p>        <p>Catolicismo apocalíptico y filosofía posmarxista a favor de los megarricos</p>    <p>Uno de los hitos culturales del final de la década anterior fue la serie Breaking Bad. Relata la historia de un profesor de Química que, al enterarse de que tiene cáncer, decide fabricar metanfetamina para dejar una herencia. “Breaking Bad” puede traducirse como “volviéndose malo”. Ese título bien podría aplicarse a la historia de los creadores de Palantir, la empresa que parecería estar vinculada al DNU 941. Esa historia ya fue relatada por Deutsche Welle: se estrenó a fines del año pasado, está disponible en YouTube y se tituló “¿Quién está detrás del software de vigilancia ‘Palantir Gotham’ en Silicon Valley?”. Es imprescindible para entender cómo dos amigos —uno de derecha y ultracatólico y el otro formado en la tradición de Jürgen Habermas e inspirado en El señor de los anillos— fundaron la compañía de inteligencia. Thiel ejerce, en términos intelectuales, una influencia en la ultraderecha global. Si Elon Musk ocupa un lugar simbólico junto a la figura de Donald Trump, su exsocio en Pay Pal fue quien financió la carrera del vicepresidente J.D. Vance. Los escritos de Thiel sobre el Apocalipsis y el anticristo (una figura que identifica en las universidades, el progresismo y en la propia líder ambientalista Greta Thunberg) condensan parte de su pensamiento.</p>    <p>Karp, según ese mismo documental y quienes lo conocieron, proviene de un origen vinculado a la izquierda. Ambos socios iniciaron, hace 17 años, con financiamiento de la CIA, el emprendimiento que hoy es la compañía de vigilancia pública más poderosa del mundo: un conjunto de nerds con un giro intelectual que trabaja por la seguridad de los millonarios y de sus estructuras políticas globales.</p>    <p>Una de sus unidades de negocio se llama Ontología. En la página de Palantir se explica su función: “La Ontología de Palantir es una capa operativa para la organización. Se asienta sobre los activos digitales integrados en la plataforma de Palantir (conjuntos de datos, tablas virtuales y modelos) y los conecta con sus contrapartes reales, desde activos físicos como plantas, equipos y productos hasta conceptos como pedidos de clientes o transacciones financieras. En muchos entornos, la Ontología actúa como un gemelo digital de la organización, que contiene tanto los elementos semánticos (objetos, propiedades, enlaces) como los elementos cinéticos (acciones, funciones, seguridad dinámica) necesarios para habilitar casos de uso de todo tipo”. Ese sistema fue empleado por el gobierno de Netanyahu en Gaza. También se afirma que se utilizó en la búsqueda de Osama bin Laden en 2011.</p>    <p>Otro documental, y el podcast Estado de malestar, del periodista Nicolás Lantos, describen ese mecanismo.</p>        <p>Alex Karp y el miedo a lo desconocido *</p>    <p>El problema no es tanto sostener un debate amplio y controvertido sobre las ventajas de incorporar nuevas tecnologías en los ámbitos policiales o en las investigaciones penales. Más bien ocurre que el miedo a lo desconocido suele utilizarse para eludir la responsabilidad de gestionar la incertidumbre y la complejidad, así como para soslayar la posibilidad de un uso indebido de la tecnología. Los intentos de implementar ese tipo de software junto a las fuerzas del orden en ciudades de Estados Unidos generaron reiteradas desconfianzas y escepticismo. En 2012, Palantir comenzó a colaborar con el Departamento de Policía de Nueva Orleans para ofrecer a los agentes acceso a la misma plataforma que habían usado las Fuerzas Especiales y los analistas de inteligencia estadounidenses en Afganistán para predecir la ubicación de artefactos explosivos en las rutas y capturar a quienes los fabricaban. (...) Las críticas, sin embargo, fueron inmediatas y duras. La reacción, de hecho, fue visceral para muchos.</p>    <p>* Fragmento del libro La república tecnológica, de Alexander Karp y Nicholas Zamiska.</p>  



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