Jueves, 29 de enero de 2026   |   Internacionales

Nuevo hallazgo sobre Stonehenge cuestiona viejas teorías y reaviva disputa entre expertos e instituciones

Investigadores de Australia emplearon avanzados análisis geoquímicos para demostrar cómo los megalitos fueron transportados a su destino final. Por qué este hallazgo reescribe las teorías sobre su construcción
Nuevo hallazgo sobre Stonehenge cuestiona viejas teorías y reaviva disputa entre expertos e instituciones

El enigma sobre el traslado de los megalitos de Stonehenge a la llanura de Salisbury tuvo un giro decisivo. Un equipo de investigadores de la Universidad Curtin (Australia) publicó un estudio que descarta la hipótesis glaciar y atribuye el transporte de esos enormes bloques exclusivamente a la acción humana. Esta conclusión modifica décadas de debate arqueológico. Los resultados, divulgados en Communications Earth & Environment, emplean avanzados análisis geoquímicos y aportan nuevas evidencias sobre el origen y las posibles rutas de estas piedras emblemáticas.

Stonehenge, ubicado en el sur de Inglaterra, es uno de los monumentos prehistóricos más conocidos del mundo. Fue erigido en varias fases por comunidades del Neolítico y de la Edad del Bronce entre el 3000 a. C. y el 1500 a. C. El conjunto está formado por bloques de arenisca local de unas 25 toneladas cada uno, por piedras azules más pequeñas de entre dos y cinco toneladas, y por la Piedra del Altar, que alcanza las seis toneladas.

La procedencia de esos materiales ha sido objeto de múltiples investigaciones, según explican Clarke y Kirkland en Communications Earth & Environment. Los bloques de arenisca proceden de Marlborough Downs, a unos 32 kilómetros de Stonehenge. Las piedras azules se extrajeron de las colinas de Preseli, en el suroeste de Gales, a 290 kilómetros de distancia. La Piedra del Altar se atribuye actualmente a la cuenca Orcadiana, en el noreste de Escocia, a más de 700 kilómetros del monumento.

Durante décadas la comunidad científica defendió dos posturas opuestas sobre cómo se trasladaron esos bloques. Una postulaba el transporte humano mediante rodillos, trineos o rutas marítimas; la otra sostenía que los glaciares podrían haber arrastrado y depositado las piedras en tiempos prehistóricos. La controversia persistió por la falta de pruebas directas y concluyentes.

La investigación reciente, liderada por Anthony J. I. Clarke y Christopher L. Kirkland, aplicó métodos geoquímicos avanzados —en particular la datación U–Pb en minerales como circones y apatita— para reconstruir la historia del transporte de sedimentos en la región. El equipo recolectó muestras de sedimentos de varios arroyos alrededor de Stonehenge con el objetivo de identificar señales minerales que indicaran un posible paso glaciar por la zona.

Los resultados fueron contundentes, según los autores. El análisis de circones presentes en los sedimentos fluviales mostró correspondencia únicamente con rocas locales de Gran Bretaña, sin aportes significativos desde regiones distantes, como cabría esperar si los glaciares hubieran llevado las piedras desde Gales o Escocia. Además, la apatita analizada no presentó indicios de un origen glacial externo y su composición coincidió con depósitos locales.

El equipo halló una coincidencia aislada con minerales característicos de las piedras azules galesas, pero la evidencia fue insuficiente para sostener la hipótesis glaciar. Communications Earth & Environment subraya que, si los glaciares hubiesen desplazado cientos de toneladas de megalitos, la huella en el registro sedimentario local sería claramente detectable. La ausencia de esas señales y la uniformidad de los minerales analizados permitieron descartar la intervención de procesos glaciales en el transporte.

La investigación excluye la llegada de megalitos por acción glaciar y sugiere una movilización manual, o al menos sin intervención de glaciares. El estudio refuerza la idea de que las poblaciones neolíticas contaban con capacidades organizativas y de transporte suficientemente avanzadas para desplazar grandes bloques a lo largo de cientos de kilómetros. Persisten grandes interrogantes: “Algunos sostienen que las piedras podrían haberse movido por mar o sobre troncos, pero quizá nunca sepamos cómo lo lograron”, afirmó el geólogo Clarke en declaraciones recogidas por Anne Doran.

El trabajo pone de manifiesto el potencial de la geoquímica avanzada para resolver cuestiones históricas y arqueológicas de larga data. El enfoque interdisciplinario de los autores abre nuevas perspectivas para comprender la relación entre las sociedades antiguas y su entorno natural.

Aunque el método exacto de traslado de los enormes bloques sigue sin determinarse, el consenso científico es claro: las piedras de Stonehenge no llegaron hasta allí por acción del hielo.

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