
La situación en Nordelta volvió a poner en evidencia un problema de fondo que va más allá de la presencia puntual de una u otra especie. A los ya conocidos carpinchos-de-nordelta.phtml">conflictos por la convivencia con carpinchos se sumaron, en las últimas horas, denuncias de vecinos por la supuesta presencia de chanchos salvajes que deambulan por las calles internas de los barrios privados del complejo.
Tras los reportes que empezaron a circular, se difundieron videos en donde se ven varios animales en grupo por sectores residenciales, hurgando en bolsas de basura y causando daños en jardines y plantas. Fuentes vinculadas al control del barrio relativizaron la veracidad de esos registros y, en diálogo con PERFIL, aseguraron: “Más allá de las imágenes que se difundieron, no existieron denuncias del hecho”. En esa misma línea añadieron: “Cuando solicitamos el monitoreo de la zona, en el supuesto lugar no habían tales animales”.
La escena generó preocupación entre los vecinos, no sólo por el impacto material sino también por el riesgo que implicaría el contacto con una especie agresiva, especialmente en horarios nocturnos o en zonas de baja circulación.
Desde ese sector aclararon que “no hay constancia oficial de la veracidad de los videos”, lo que plantea dudas sobre si los chanchos llegaron a permanecer dentro del country o si fue un episodio aislado sin confirmación posterior. Esa falta de registros formales contrasta con la preocupación de vecinos, que advirtieron sobre el riesgo de encontrarse con animales de gran porte y de comportamiento imprevisible en zonas residenciales.
Aunque no hubo confirmación oficial, muchos residentes y especialistas relacionan el episodio con cambios recientes en el entorno natural: las obras inmobiliarias, los movimientos de suelo y la remoción de áreas verdes en los alrededores de Nordelta, que habrían alterado el hábitat de distintas especies y las empujaron hacia lo urbano.
La polémica por los traslados de carpinchos que divide al barrio
En el exclusivo barrio privado de Nordelta se desató una fuerte controversia por el traslado forzoso de carpinchos (Hydrochoerus hydrochaeris) que habitan los espacios verdes del complejo. La medida, impulsada por la Asociación Vecinal de Nordelta (AVN) y respaldada por un fallo judicial de primera instancia, tenía como objetivo controlar la población.
Los vecinos que respaldaron el operativo sostuvieron que la superpoblación implica riesgos: atropellamientos, daños a jardines y propiedades, y la posible transmisión de enfermedades zoonóticas. El objetivo era trasladar un máximo de 12 ejemplares, excluyendo hembras preñadas y sus crías, para no afectar la reproducción.
A través del “Plan de manejo de la población de carpinchos – Plan adaptado para el emprendimiento urbano Nordelta” detallaron el procedimiento utilizado en el operativo, parte del proyecto piloto denominado “Prueba Piloto de Translocación y Seguimiento de Carpinchos hacia el hábitat Arroyo La Casilla, San Fernando”. Translocación que cuenta con la aprobación del Ministerio de Desarrollo Agrario y del Juzgado Contencioso Administrativo N°1 de San Isidro.


El operativo se realizó bajo estricta coordinación con Flora y Fauna de la provincia de Buenos Aires. Se emplearon jaulas de gran tamaño, técnicas de sedación para minimizar el estrés y traslados a una reserva privada en San Fernando.
Según informaron las autoridades, la DFyF y su equipo técnico verificaron que todas las tareas se ejecutaron conforme a la metodología aprobada y bajo la responsabilidad de profesionales autorizados. En la jornada se trasladaron seis ejemplares, mientras que las estimaciones señalan que en el complejo Nordelta habitan alrededor de mil carpinchos, distribuidos en distintos sectores.
A pesar de estas medidas, la acción provocó críticas inmediatas de proteccionistas y agrupaciones como Carpinchos Nordelta Somos Su Voz, que denunciaron la violación de una medida cautelar de la Cámara que prohíbe los traslados, alegando la falta de veedores, la ausencia de notificación previa y la crueldad hacia los animales.
Organizaron vigilias frente a los lugares donde se realizaban los operativos y difundieron videos que, según sostienen, muestran procedimientos invasivos. En cambio, proponen alternativas como corredores ecológicos, reductores de velocidad y señalización para reducir accidentes, sin recurrir a la remoción forzosa de los animales.
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