
Send Help retrata con realismo la angustia de quedar varado en un entorno hostil, poniendo a prueba la fortaleza mental y física de los protagonistas ante la ausencia total de ayuda (20th Century Studios LA)
Las historias de supervivencia en islas desiertas vuelven a captar la atención pública con el estreno de la película Send Help, que explora los rigores del aislamiento extremo. A lo largo de los siglos, tanto personas comunes como figuras notables han enfrentado situaciones límite en parajes remotos, lo que alimenta el interés por su resiliencia y por las estrategias que les permitieron sobrevivir.
Smithsonian Magazine señala que estos relatos trascienden la ficción y sirven de inspiración a nuevas generaciones.
La literatura y el cine han convertido la supervivencia en islas deshabitadas en un tema universal. Obras como “Robinson Crusoe”, “Cast Away” y la reciente “Send Help”, que se estrena el 30 de enero en Estados Unidos, reavivan ese interés. Estas historias plantean interrogantes sobre la resistencia mental, la creatividad y la fuerza necesarias para sobrevivir en soledad y sin recursos.
Quienes protagonizaron estas hazañas afrontaron obstáculos recurrentes: aislamiento total, escasez de alimentos y agua, adaptación a entornos hostiles y la lucha constante contra la soledad.
Smithsonian Magazine explica que las diferencias entre los casos dependieron de los recursos disponibles, las decisiones tomadas y la capacidad individual o colectiva para sobreponerse al miedo.
Uno de los casos históricos más citados es el de Alexander Selkirk, un marino escocés que en 1704 decidió quedarse en la isla chilena de Más a Tierra (hoy isla Robinson Crusoe, en el archipiélago Juan Fernández) porque consideró que su barco no estaba en condiciones de navegar. La embarcación terminó hundiéndose.
“El barco estaba en malas condiciones y él creía que se hundiría, lo que sucedió”, recordó el historiador Andrew Lambert, citado por Smithsonian Magazine. Selkirk sobrevivió durante 4 años y cuatro meses con herramientas básicas, cazando cabras y recolectando frutas. Al regresar a Inglaterra, inspiró la novela “Robinson Crusoe” y se convirtió en una celebridad.
A comienzos del siglo XVI, Fernão Lopes —soldado portugués— sufrió un exilio marcado por castigos brutales tras convertirse al islam durante la conquista de Goa, India.
Lopes se autoexilió en la isla de Santa Elena, donde vivió cerca de 14 años alimentándose de plantas y peces; regresó brevemente a Portugal y, poco después, volvió a la isla, donde murió en 1545.
La noble francesa Marguerite de la Rocque fue abandonada en la Isla de los Demonios (Canadá) junto a su amante y a una sirvienta como castigo por su relación. Dio a luz durante el exilio y, tras la muerte de sus compañeras, logró sobrevivir cazando animales con las armas que le habían dejado.
Según los cronistas citados por Smithsonian Magazine, dedicó su tiempo a la lectura y la oración. Finalmente, fue rescatada por pescadores y regresó a Francia.
En el siglo XVIII, el estadounidense Philip Ashton fue secuestrado por piratas y abandonado frente a las costas de Honduras. Logró escapar, pero quedó varado sin provisiones.
Durante 16 meses subsistió comiendo frutos y huevos, hasta que otro náufrago le entregó herramientas esenciales. Fue rescatado por un barco británico en 1724.
En el siglo XX, la historia de Ada Blackjack se destaca como un caso femenino singular: fue la única superviviente de una expedición a la isla de Wrangel, en el círculo polar ártico, entre 1921 y 1923.
Contratada como costurera, resistió tras la partida de sus compañeros en busca de auxilio, quienes nunca regresaron.
Para subsistir, cazó zorros y aves, se enfrentó a osos polares y aguardó el rescate para reunirse con su hijo enfermo. La prensa contó su regreso con detalle y cautela, calificándola de “Robinson Crusoe femenina”, aunque ella evitó la notoriedad.
El episodio de los náufragos tonganos ofrece una visión colectiva de la supervivencia. En 1965, seis adolescentes escaparon de un internado en Tonga y, tras naufragar, llegaron a la isla deshabitada de ʻAta luego de una tormenta.
Sobrevivieron gracias a la cooperación: construyeron refugios, compartieron tareas y cuidaron animales que encontraron. “Trabajamos todos juntos como si fuésemos a vivir en la isla durante mucho tiempo”, relató Sione Filipe Totau, uno de ellos, a Smithsonian Magazine.
A diferencia de “El señor de las moscas”, su experiencia se caracterizó por la solidaridad, hasta que fueron rescatados tras 15 meses.
En el año 2000, Joseph Rangel y Lorenzo Madrid, estadounidenses de origen mexicano, quedaron atrapados en una isla del Mar de Cortés tras perderse mientras pescaban.
Sobrevivieron casi dos semanas alimentándose de crustáceos y pequeños animales marinos, hasta que Madrid murió por deshidratación. El rescate llegó 48 horas después.
Al volver a tierra, Rangel cuestionó la falta de medidas de seguridad: “Una simple radio habría bastado, equipo básico y un plan en caso de que algo saliera mal”, declaró a la prensa, según Smithsonian Magazine.
El impacto de estas vivencias trasciende lo personal. Los casos inspiran libros, películas y debates sobre la resiliencia humana, la fortaleza ante el aislamiento y la creatividad necesaria para sobrevivir a la adversidad.
Smithsonian Magazine subraya que, pese a las diferencias culturales y de época, todos estos supervivientes llevaron al límite la resistencia humana.
Algunos decidieron rehacer su vida lejos del foco mediático; otros alcanzaron fama mundial. En todos los casos, la experiencia extrema dejó una huella indeleble.




