
La difícil unidad peronista
Evitar la división entre el peronismo del AMBA y el del interior está en el centro de los conflictos del peronismo, que nunca pudo repetir la unidad virtuosa que tuvo entre 1989 y 1999, que simbolizaron Menem y Duhalde. La derrota de éste en las elecciones de 1999 fue fruto de la fractura del pacto entre el riojano y el bonaerense. En 2019 hubo otro turno de unidad, pero circunscrita al peronismo de Buenos Aires. El trío Alberto, Cristina y Massa pacificaron las relaciones dentro del peronismo del AMBA, pero le dieron las espaldas al peronismo del interior. Tanto que en 2023 fueron a las elecciones con una fórmula sin ningún representante del partido del interior. No lo era Agustín Rossi, compañero de fórmula de Massa. Representó a Santa Fe, pero disciplinado con la conducción del AMBA.
Néstor Kirchner, que era un dirigente tradicional, por así decirlo, intentó buscar la unidad cuando imaginó una candidatura presidencial para el año 2011. En junio de 2010 Julio De Vido recibió la instrucción de preparar una plataforma para esa candidatura. Miguel Pichetto supo del proyecto en la oficina de Jefatura de la residencia de Olivos, en esos días. Kirchner lo convocó y le pidió que le informase al bloque del peronismo del Senado -que presidía Pichetto- que se postularía como candidato a presidente en 2011. -“Cristina está desbordada“, pudo argumentar en esa cita a solas. El peronismo venía de la derrota en la guerra del campo en 2008 y del revés electoral del 28 de junio de 2009, en el que Francisco de Narváez venció al dream team de Kirchner, Scioli y Massa. Y había sido aprobada en diciembre de ese año la ley que creó las PASO. Kirchner había renunciado a la presidencia del PJ por su derrota en 2009, pero imaginó una nueva cúpula partidaria que debía llegar a una unidad con el peronismo del interior, encarnado en la figura de José Manuel de la Sota. Ya en 2005, ganada la elección legislativa en Buenos Aires (Cristina senadora por Buenos Aires, contra Chiche Duhalde), Kirchner recompuso la unidad de peronismo en ese distrito. De Vido ha contado que le preguntó qué hacer con los duhaldistas. -“Traélos”, le indicó. Gobernaba desde 2003 con medio gabinete duhaldista y sumó a los Díaz Bancalari, Jorge Landau, etc. Desde la pequeñez del proyecto presidencial recogía todo lo que podía, incluyendo transversales y arrepentidos (su especialidad cuando reclutaba: tenía una afición casi perversa por los que volvían con el rabo entre las piernas a pedirle clemencia después de la traición).
La operación De la Sota
Kirchner le pidió en octubre de 2010 al entonces ministro de Justicia Julio Alak que ofreciese, en su nombre, la vicepresidencia del PJ Nacional a De la Sota. Alak se reunió con el “Gallego” en su oficina y le expuso el plan. De la Sota dijo que no y argumentó que Kirchner no le cumpliría ningún compromiso. Alak tomó el teléfono y le dijo -“Hablalo con él“, y puso a Néstor del otro lado de la línea. Se produjo un largo diálogo. Al final de esa charla, De la Sota dijo: -“Acepto, me van a cumplir“. Ese diálogo ocurrió en los primeros días del mes de octubre de 2010. El 27 de octubre Néstor Kirchner murió en El Calafate de una crisis cardíaca y el plan quedó en la nada.
Algunas semanas más tarde, Cristina Kirchner hizo una ronda con sus ministros, a quienes les tomó examen de los temas pendientes que habían conversado con Néstor en vida y que podían reflotarse. Alak le expuso el plan de Néstor de una cúpula del PJ con De la Sota vicepresidente. Cristina tomó nota, pero no hizo nada para avanzar con aquel proyecto. A diferencia de Néstor, creía que desde la pequeñez se salía con la confrontación. Es fruto de la confusión entre política y relato. No hay relato sin conflicto, pero eso no se traslada a la política, un negocio de representación inventado para negociar, no para pelearse. Cristina ha jibarizado al peronismo, que heredó su máxima pequeñez. Argumentó que la responsabilidad es de sus adversarios. Coincide en el método con Macri, que ha dicho que la causa de la crisis de su gobierno fue que tenía como adversario al peronismo cristinista. Siempre el infierno es el otro.
Una muerte en la ruta
De la Sota fue protagonista de un segundo intento de unidad de los peronismos. En 2018 estuvo con el papa Francisco en el Vaticano, cita que mantuvo en la discreción y fue algo que Bergoglio destacó en algún momento. Al regresar al país se reunió con varios dirigentes del peronismo a quienes informó de su proyecto para ser candidato a presidente de la Nación en las elecciones del 2019. Entre ellos hubo varios dirigentes del conurbano, como Martín Insaurralde, Verónica Magario, Gustavo Menéndez y Gabriel Katopodis. Se hizo público en junio un encuentro con Máximo Kirchner en la casa de un conocido común y hasta se presumió que había tenido una cita con Cristina Kirchner. Entre quienes escucharon ese proyecto estuvieron Pichetto, con quien almorzó en el comedor del Senado, en compañía del entonces senador por Córdoba Carlos Caserio. En ese encuentro De la Sota contó que le había informado del proyecto al papa Bergoglio y a Cristina.
Era presumible que podía intentarse de nuevo un round de unidad entre los peronismos del AMBA y del interior. De la Sota llegó a contar que tenía previsto abrir un programa de TV junto a curas villeros como parte de esa campaña, que se emitiría por la cadena de Crónica TV. El contexto del proyecto estaba enmarcado en la mesa de los 4 de Córdoba, que animaban el gobernador Juan Schiaretti, Miguel Pichetto, Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey, con Roberto Lavagna que entraba y salía como líbero. La candidatura de De la Sota parecía coronar el proyecto de confrontar con el gobierno de Mauricio Macri, que hablaba de reelección, aunque ya hacía agua por los cuatro costados. Era septiembre de 2018. El sábado 15 de ese mes De la Sota murió en un accidente en Córdoba. Luis Juez dijo en 2022 “si De la Sota no hubiese perdido la vida, en lugar de Alberto Fernández estaría él“.
30 días clave
Si el proceso de cierre de listas para las internas de Buenos Aires no repara la división que divide al cristinismo extremo de Máximo Kirchner con el gobernador Axel Kicillof, el no pejotismo, representado hoy por la alianza entre sectores del PRO, la UCR y La Libertad Avanza, tendrá el camino abierto para avanzar con el proyecto de reelección de Javier Milei.
Ni los tumultos globales -Venezuela- frenan el cronograma de la primera pelea del ciclo electoral que termina en 2027. En poco más de un mes, el 8 de febrero, cierra la presentación de listas de las elecciones internas para renovar la conducción del Partido Justicialista de Buenos Aires. Es el distrito más grande del país, contiene el 37% de los votos del total, y es gobernado por el peronismo desde hace dos mandatos. Esa gestión es hija de una alianza rota que, si se profundiza en esta pelea interna, redundará en una división del partido en el orden nacional.
En 2019 el peronismo recuperó la unidad y el poder por cuatro años. Se instaló en la administración bonaerense merced a ese proceso, que cerró el cisma abierto en 2009 por la disidencia del entonces renovador Sergio Massa, que le ocasionó una década de derrotas. Si esa unidad se vuelve a romper, hundirá aún más al peronismo. El partido vive la crisis más grande de su historia con la menor cantidad de gobernadores y con sus minorías parlamentarias heridas.
Reclutan ya para el 2027
La necesidad de alcanzar algún acuerdo de listas únicas para las internas del 15 de marzo es el camino más sólido para mostrar que el peronismo más grande de la Argentina está unido detrás de un proyecto para 2027. El gobierno de Milei ha desplegado una campaña, desde las elecciones del 26 de octubre hasta la negociación del presupuesto 2026, con el fin de atraer a su lado a los gobernadores del interior que, en el peronismo o fuera de él, no tienen ninguna referencia nacional que los comprometa para las elecciones de 2027.
El voto que le permitió en el Congreso aprobar la ley de leyes fue logrado mediante concesiones a esos mandatarios que movieron a sus diputados y senadores en favor del proyecto del oficialismo, que fue aprobado con una salvedad hiriente. Esta fue la caída del capítulo 11 en Diputados. El voto negativo de la oposición a ese capítulo dejó en pie la validez de las leyes de financiamiento universitario y de emergencia de la discapacidad, que las había vetado Milei. Con esta excepción, los gobernadores facilitaron, a cambio de concesiones de la Nación, los números de la contabilidad creativa de Luis Caputo.
El Gobierno empezó a pagar
GEste lunes el Gobierno hará público un DNU que convalida una prenda de esas negociaciones. Se trata de la aprobación del convenio firmado por la Nación y las provincias de Catamarca y Tucumán para sacar a la Nación de la propiedad y administración del yacimiento de oro y cobre de Bajo de la Alumbrera. Ese yacimiento figuraba en los proyectos de la llamada Ley Bases con destino de privatización. Por pedido de las dos provincias, gobernadas por peronistas amigables con el Gobierno, ellas asumirán la propiedad del YMAD (Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio). Catamarca designará al presidente, cargo que hasta ahora nombraba el gobierno nacional, que les deja a las dos provincias el manejo total de ese yacimiento, que ha renacido en valor por la suba de los precios internacionales del oro y el cobre.
La firma del convenio y el DNU que Milei promete para este lunes es el símbolo del comienzo de la campaña oficialista de alineamiento de gobernadores detrás de la candidatura a la reelección de Milei. -“El Gobierno nos está cumpliendo en todo“, dice el gobernador Raúl Jalil, que encabeza desde hace un mes el grupo de provincias del llamado Norte Grande, una liga de diez jurisdicciones de todos los partidos, aunque expresa la autonomía que tienen los gobernadores del interior, en particular los del peronismo, en su caso respecto de las marcas partidarias asentadas en el AMBA. Hoy estos mandatarios son los mejores aliados con los que cuenta Milei para conversar apoyos a su reelección.
Si gobernadores como los de Salta, Tucumán o Catamarca le sueltan la mano al peronismo del AMBA, el PJ nacional volverá a dividirse y volverá a perder competitividad, como le ocurrió entre 2009 y 2019. Jalil reemplazó en ese cargo al ex gobernador de Santiago del Estero Gerardo Zamora, un líbero que tiene bloque propio ahora en el Senado y que mantiene relaciones equidistantes con todas las tribus del peronismo y del oficialismo.
Kicillof ganó un round ante el cristinismo en la última reunión de la conducción del PJ de Buenos Aires al imponer apoderados en representación de su sector. Hasta ese momento el cristinismo había hegemonizado la representación del partido. Ahora tiene que avanzar en alguna negociación que le permita quedarse con la conducción del partido, sin ir a las urnas contra el cristinismo que se expresa en la marca de La Cámpora. Es difícil que en un proceso de internas el peronismo pueda movilizar a un porcentaje importante de sus afiliados. Kicillof podría exhibir debilidad si no logra una gran cantidad de votantes. Es el único peronista que hasta ahora ha mostrado un proyecto presidencial, y debe, por lo menos, mostrar que controla el partido en su distrito, que además gobierna.
Axel busca peronismo en el interior
De forma paralela, Kicillof teje la posibilidad de que su chance de ser candidato a presidente en 2027 cuente con adhesiones en el peronismo del interior. Este sector del peronismo se ha mantenido siempre lejos de todos los proyectos de poder del peronismo del AMBA, con la sola excepción del apoyo a la fórmula Menem-Duhalde en 1989. En aquel año el peronismo ganó la presidencia porque logró sumar la potencia de los votos en la provincia de Buenos Aires a la del peronismo del interior, en particular el de las provincias del Norte.
Kicillof urde este acuerdo con por lo menos tres gobernadores que comparten con él su distancia del gobierno de Milei, y su mirada crítica hacia la conducción tóxica de Cristina Kirchner. El más gravitante es el caso de Gildo Insfrán, presidente del Congreso Nacional del partido. Los une una vieja relación desde que Axel se desempeñó como asesor de la provincia de Formosa junto a Jorge Capitanich en los años 90. Fue el primer empleo que tuvo Axel como economista y produjo un libro sobre coparticipación federal e impuestos, que firmó junto al hoy senador Capitanich. Axel y Gildo forman un cuarteto con el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, y el pampeano Sergio Ziliotto, que hoy marcha en el mismo camino.
Quintela se le animó a desafiar a Cristina en la última elección de presidente del PJ Nacional; Kicillof lo alentó, pero a último momento Quintela quedó fuera de la competencia por falta de avales. Ziliotto ha tenido protagonismo en el CFI, para la elaboración de proyectos de la liga de gobernadores, como el de coparticipación del impuesto a los combustibles con destino a obras públicas y el reparto de los ATN. La principal victoria del Gobierno sobre los gobernadores en 2025 fue hundir esas dos iniciativas. Ziliotto fue uno de los autores de esos proyectos, junto al gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio.





