Sábado, 7 de febrero de 2026   |   Nacionales

Milei, entre la imagen y la economía: la grieta que sostiene a un electorado dispuesto a esperar

Aunque la mayoría admite que le cuesta más llegar a fin de mes, y que el año fue más difícil, el respaldo al Presidente se mantiene firme: Milei mantiene un nivel de apoyo que oscila entre el 50 y el 55%. Una parte mayoritaria de ese porcentaje, el 40%, está dispuesta a sostener al Gobierno hasta el final del mandato, incluso si su propio bolsillo le juega una mala pasada. Justamente, el respaldo no se explica por una mejora tangible de la economía.
Milei, entre la imagen y la economía: la grieta que sostiene a un electorado dispuesto a esperar

El último miércoles, a las 11 de la mañana, un cronista de C5N le preguntó a una señora en la calle cómo andaba su bolsillo y cómo veía el país. “Están cerrando todos los negocios, se está viniendo todo abajo. Pero no es por el Presidente”, comenzó relatando la transeúnte. Detalló que está desocupada desde hace cuatro meses. “Pero él no tiene la culpa, al contrario. Yo creo que si fuera por él la situación mía sería diferente”. Al mismo tiempo, un policía federal se encadenaba en la Casa Rosada para denunciar corrupción en el control de las horas adicionales y salarios de miseria. Sin embargo, el efectivo mantenía puesta su esperanza en Javier Milei: “El jefe de Estado no es el culpable”.

Estos testimonios no son aislados. PERFIL consultó a los analistas que el propio Presidente escucha asiduamente. Los datos que surgen de inmediato, y que el jefe de Estado conoce, indican que a pesar del deterioro del poder adquisitivo y del malestar social que comienza a evidenciarse, Milei conserva un nivel de apoyo que oscila entre el 50 y el 55%.

La pregunta que se plantea desde hace meses ante el deterioro económico es hasta dónde están dispuestos a acompañarlo sus seguidores. Allí aparece un respaldo superior al que la ciudadanía solía brindar a la política tradicional. “No estamos ante un escenario similar al de Mauricio

Macri después de ganar la elección de 2017. En aquel momento el propio votante tardó apenas un par de meses en quitarle ese apoyo”, evalúa uno de los consultores que escucha el Presidente.

Una parte mayoritaria de ese 55% de encuestados que dicen respaldar al jefe de Estado no se pone plazos inmediatos y está dispuesta a sostener al Gobierno hasta el final del mandato, aun cuando su situación económica personal se complique.

Dentro de ese 55% que surge de un estudio recientemente cerrado se distinguen dos mitades bien definidas. Una constituye un núcleo duro, convencido y sin condiciones. La otra acompaña de forma más pragmática: sostiene al Gobierno siempre que perciba que la situación puede mejorar con el tiempo. No aparece en el escenario un quiebre brusco del respaldo. No hay un horizonte de corto plazo en el que la sociedad le retire el apoyo al Presidente. El desgaste existe, pero todavía no se transforma en un abandono masivo.

Lo más relevante es que el 40% de quienes hoy apoyan al Gobierno está dispuesto a esperar resultados hasta el final del mandato. Apenas un 15% de ese universo fija un límite temporal y exige respuestas concretas durante 2026. La paciencia, aunque no ilimitada, es más amplia de lo habitual en contextos de crisis.

El Gobierno tiene claro el dilema: la gente afirma que le cuesta más llegar a fin de mes, que el año estuvo cargado de problemas y que las condiciones laborales empeoraron. Son pocos los que aseguran estar mejor económicamente. Sin embargo, la imagen del Presidente se mantiene estable en un contexto de ajuste prolongado.

El año pasado la gestión sufrió un deterioro en la imagen presidencial en medio de episodios de corrupción que golpearon al oficialismo, como los casos de coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad y la estafa de la criptomoneda $Libra. Pero ese desgaste se revirtió con la elección de octubre, que funcionó como una renovación del crédito político. El resultado electoral volvió a ordenar expectativas y le dio aire a la Casa Rosada.

El respaldo no se explica por una mejora tangible de la economía. La valoración económica, tanto personal como del país, ronda el 40% y es mayoritariamente negativa. Lo que sostiene al Gobierno es la expectativa: la idea de que el esfuerzo actual pueda tener sentido más adelante.

De ese escaso 40% que respalda el rumbo económico (pierde un 15% de apoyo en comparación con la imagen presidencial), sólo la mitad reconoce tener un bolsillo más holgado. La otra mitad admite no estar mejor, pero se compara con quienes están peor. “Estoy mal, pero el resto está peor”, es la lógica que surge con fuerza cuando se repregunta por el motivo de ese apoyo.

El respaldo también responde a rasgos personales del Presidente. Se valora que sea distinto, que intente hacer las cosas de otra manera y que rompa con lo conocido. Para muchos, el ajuste es el costo de probar algo nuevo en un país donde lo anterior ya fracasó.

Otro factor clave es el cansancio con el pasado. Cada vez que la oposición aparece en los medios, gran parte del electorado la percibe igual que antes, sin reconversión ni autocrítica. Ese hartazgo sigue funcionando como un dique de contención para el Gobierno.

Sin embargo, el Gobierno es consciente de que la principal preocupación hoy es el trabajo. Empeoraron las condiciones laborales, se multiplicaron las jornadas y creció la necesidad de tener más de un empleo para sostener ingresos. Esos tres factores son los que resaltan entre los consultados.

Además, reconocen que el último dato del Indec generó dudas y no fue favorable para la administración nacional. Admiten que la falta de una respuesta consistente provocó ruido y que ahora necesitan acallarlo.

Quizá el mayor mérito del Presidente es haber atravesado la mitad de su gestión sin que se modifiquen los parámetros centrales de respaldo, aun sin haber respondido a los reclamos. Existe, finalmente, un componente emocional profundo.

El día en que el Presidente pierda imagen, quien pierde es la gente. Aferrarse a la esperanza es también una forma de no aceptar la derrota personal. Por eso, aun en crisis, el apoyo persiste.

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