
-Hace unos años dijo que nunca había dejado de ser y sentirse peronista. ¿Sigue sintiéndose así?
-En ningún momento dejé de pensar y de mirar a la sociedad desde una visión de un peronismo nacional, del mundo del trabajo, de un capitalismo productivo. Yo tenía un cuestionamiento a la cosmovisión de la última etapa del kirchnerismo y fuertemente del gobierno de Alberto Fernández referido a la gravitación de lo que yo denominaba el mundo del pobrismo, el mundo planero. Veía a un peronismo muy relacionado con los sectores de los planes y la ayuda social, que no tenía una visión productiva. Gobernar es generar trabajo, como decía el general Perón. Esa va a ser la gran demanda de 2027, además de la necesidad de mejorar los salarios.
-¿Ser peronista hoy significa pensar la política desde ahí?
-Totalmente. El peronismo necesita y requiere un debate de ideas por encima de los nombres, aún cuando creo que el candidato y las ideas que se sostengan van a ser fundamentales. La política es estética y la estética de un peronismo que pueda tener aspiraciones para gobernar la Argentina tiene que ser distinta a la de la centroizquierda y las políticas de Derechos Humanos. Tiene que estar vinculada con las demandas de la sociedad, que me parece que van a ser muy fuertes cuando llegue el año 2027 en materia de trabajo y en materia de salario, en materia de un de un proyecto de defensa de la industria nacional que hoy está siendo fuertemente impactada por esta política del Gobierno.
-¿Y usted quiere colaborar activamente con ese armado?
-Yo quiero ser parte del centro nacional y de esa renovación o discusión de las ideas que se tiene que dar en el principal partido de la oposición que es el peronista.
-Ahora presentó un proyecto de desendeudamiento con bancos y fintech con dirigentes de diferente extracción peronista. ¿Forma parte de la exploración de esa construcción?
-Es gente que piensa parecido, con la que tenemos también un desarrollo de muchos años de conocimiento y que también está tratando de pensar lo que la sociedad está reclamando.
-Guillermo Michel, Victoria Tolosa Paz y Nicolás Massot, que comparte conmigo el bloque. Indudablemente hay una búsqueda de un diálogo. No hay que describirlo por ahora, pero siempre es una señal con quién presentás un proyecto. El peronismo está ávido de un debate y de gente que empieza a pensar que el futuro tiene que ser vinculado con el mundo del trabajo, con la mejora de los salarios. El peronismo es el partido de la gobernabilidad, siempre garantiza la paz social. Eso en su momento se perdió con la crisis de la calle con los movimientos sociales.
-El kirchnerismo en algún momento fue garante de la gobernabilidad. ¿Puede volver a serlo?
-Claro que lo fue. El peronismo tiene que darse un debate de ideas, como hizo después de la derrota de 1983. Era un partido conducido por sindicalistas, algunos de larga trayectoria, vinculados fuertemente con Perón, como Lorenzo Miguel, y se dieron cuenta que además de renovar también la propia estructura de la CGT, tenían que renovar las ideas y se instaló el debate democrático en el peronismo. No podía ser un partido antisistema democrático, ese fue el logro de la renovación. El debate pasa por cuáles son los mensajes, cuál es el discurso para volver a contener a la sociedad en una propuesta que pueda ser confiable. De lo contrario, al no haber opción, el oficialismo juega solo. Si vos volvés con la propuesta del Estado presente, del género, de las Madres de Plaza de Mayo -que hicieron una tarea loable- y los movimientos sociales…bueno. Esa estética es perdedora, doblemente perdedora.
-¿Y los dirigentes que hoy están en el kirchnerismo pueden sumarse a una nueva estética peronista?
-Este proceso hoy lo está viviendo de manera muy profunda el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Si quiere realmente reordenar su proyecto y tener alternativa en la política argentina, tiene que cambiar la visión y las ideas.
-Usted fue muy crítico de Kicillof en el pasado. Ahora no le cierra la puerta.
-Yo no quiero hacer política de lo personal, pero falla al tratar de recuperar confianza en la sociedad. Hay construir un partido que tenga confianza y que sea un proyecto para la sociedad argentina vinculada con la tradición histórica del peronismo, que es el trabajo, la industria, la cultura. Va a estar esta alternativa en 2027, pero con ideas nuevas, con una visión nueva y más moderna. Eventos como la sustracción del dictador Nicolás Maduro por parte del gobierno de EE.UU. no se pueden analizar con la lógica de los 70, de la no-intervención, de Braden o Perón. Son ideas viejas. El mundo hoy te exige y te determina tratar de comprender los eventos y también cuáles son tus alineamientos. Yo creo que la Argentina tiene que estar alineada con Occidente, cerca de Estados Unidos -no tan cerca para no quemarte- y tener una relación inteligente con China. Ahora, permitir el ingreso de productos chinos alegremente con las plataformas, que te abran locales en la Avenida Santa Fe en forma directa, que te entren por las aduanas de cualquier lugar de la Argentina, prácticamente libres productos de contrabando, no.
-Coincidió públicamente con la mirada de Guillermo Moreno. ¿El también tiene lugar en el futuro del peronismo?
-En eso tiene una visión bastante certera de cuál es el alineamiento y de que el mundo tiene hoy fenómenos nuevos que no pueden ser analizados con la óptica del pasado. Me parece que es interesante el aporte que él hace también al debate del peronismo.
-¿Y por qué no se dio ese debate hasta ahora?
-El impacto del triunfo electoral de Javier Milei ha provocado todavía hoy la imposibilidad de discutir las causas y los motivos. En estos dos años esta discusión y este debate se tiene que acelerar. También, la búsqueda de un liderazgo alternativo que no solamente nuclee el voto del peronismo, sino también el voto del centro democrático, un voto que plantee también una visión de ideas en el plano más racional, más lógico, de mayor serenidad que indudablemente también se están demandando en esta forma de liderazgo que yo no comparto, que es de liderazgo de Milei.
-¿Los gobernadores un lugar para jugar ahí?
-Sí, están muy atrapados por su realidad económica, hay que entenderlos. Hay gobernadores que no han acordado nunca con el Gobierno y están más apretados. El Gobierno tiene herramientas muy importantes en la relación Nación-provincias, como las ayudas de emergencia de los ATN;
-Pero entonces, ¿hay que entenderlos o les falta coraje político?
-Yo no diría eso. En muchos casos están a la defensiva, están viendo cómo resuelven sus problemas y no me parece negativo que miren a sus provincias y sus realidades. Algunos lo hacen más frontalmente y ponen sus diputados a trabajar. Hoy los gobernadores están viendo que se terminó la obra pública, que tienen problemas para sostener las cajas de jubilaciones que no delegaron a la Nación, tienen que pagar los sueldos a fin de mes, la seguridad. Tienen problemas que justifican que tengan diálogo con el Gobierno o que sigan acuerdos. No voy a calificar eso.
-¿Cuál es la diferencia entre el armado de centro que usted intentó en 2018 con Alternativa federal con Massa, Schiaretti y Urtubey, éste que piensa y Provincias Unidas?
-El 2018 fue un proyecto que ni siquiera nació, que era interesante y cuya principal figura era (Juan) Schiaretti, que había ganado Córdoba. Fue un proyecto fallido. No se concretó. Después cada uno tomó su camino, Massa se fue con Cristina y con Alberto y yo me fui con Macri, pero también hay que analizar el tema de la polarización. Y el Gobierno también va a jugar a profundizar la polarización. El peronismo es el principal partido de oposición y tiene casi 40 puntos, no hay que dejar de mirar los resultados electorales. Este Gobierno no es un gobierno de mayoría plena. En la primera vuelta sacó 27, en esta elección parlamentaria sacó 40 con una ayuda muy importante del presidente americano.
-Pero no ve coincidencias entre esas experiencias y Provincias Unidas.
-No. Yo veo el debate en el peronismo y por supuesto en sectores del centro nacional que pueden entroncarse. Desde ahí hay que construir.
-¿Este Gobierno no intenta construir una hegemonía política como hizo el kirchnerismo?
-No, nunca lo intentó. El mensaje de los EE.UU. y del FMI incluso destinado al aliado natural del Gobierno, que era Mauricio Macri, era que el Gobierno ampliara la base de sustentación e incorporara a otros sectores. Sin embargo, todas las decisiones que se han tomado fueron endogámicas, fueron cambios hacia dentro de la propia estructura. Las expectativas de aumentar la base política y ampliar no le interesa al Gobierno. Ni hablar del diálogo como elemento ausente de la política. Hay un decisionismo. El Gobierno cree que gobernar es hacer leyes, sacar leyes. Por ahí tenés que modernizar alguna norma laboral, pero el estilo Sturzenegger te mete también un capítulo fiscal, impacta sobre los gobernadores, afecta a la coparticipación. El mamotreto de la ley bases eran 700 artículos, después el Congreso lo trabajó y salió una ley de 200 y pico de artículos. El Gobierno tuvo los instrumentos para poder empezar a gobernar.
-Ahora se va a empezar a discutir la reforma laboral. Usted dice que ya se hizo en los hechos. ¿La va a apoyar?
-En los hechos lograron pauperizar los salarios en el sector privado. Así que una gran parte de esa reforma incluso ocurre en la realidad, en las formas que se vincula un trabajador con una empresa, a veces de manera informal, en el aumento del trabajo negro, de despidos. Algunos de esos temas de la reforma que pueden analizarse, pero otros son un retroceso. Yo tengo una visión a priori negativa de la reforma, pero vamos a ver qué sale del Senado qué llega a Diputados. Está planteada en un momento de recesión, de pérdida de empleo. Es bueno tener una reforma cuando vos tenés un crecimiento económico. También es cierto que este debate siempre estuvo bloqueado y parecería que las normas laborales nunca quisieron abrirse y estuvieran escritas en piedra. Yo no soy de los que piensan de esa manera, pero tampoco se tiene que utilizar una herramienta como la reforma laboral para precarizar más el mundo del trabajo. Hay que encontrar un punto de equilibrio ahí también.
-Facilita al rearmado del peronismo que propone el ocaso de Cristina Kirchner y Macri?
-Todavía siguen siendo sujetos políticos gravitantes en el proceso de ambas construcciones políticas. Cristina sigue gravitando también desde la cárcel. Ella sigue siendo un sujeto muy activo e incluso su presencia en su domicilio en San José 1111 tiene que ver con ese esquema de gravitación.
-¿Entonces la imagina como parte de esa reconfiguración?
-¿Por qué no? En los últimos tiempos la veía con visiones más modernas, incluso revisando los errores que habían cometido en el gobierno de Alberto Fernández.
-¿No hay entonces dirigentes que sean un lastre para una renovación del peronismo por su participación en el último gobierno como Cristina o Massa?
-La renovación del peronismo en los 80 se hizo con Vicente Saadi adentro oponiéndose, pero se hizo. Siempre está la necesidad de que todos los sectores coadyuven a un debate. Después tenés que encontrar la síntesis y también lo más significativo de la política, lo que no puede faltar: el liderazgo. Si no hay líder, no hay proceso. Y si el líder es equivocado y el discurso es equivocado, estás destinado a la derrota.
-¿Y el mecanismo para saldar ese debate es una interna como en 1987?
-Primero tiene que haber un debate de ideas y la conclusión de ese debate tiene que ser un proceso democrático. Eso oxigenaría y una resolución del partido al estilo Menem-Cafiero: una democratización y una elección de los candidatos por la vía del voto directo. Es difícil. Los candidatos se eligen desde el poder. A Milei le va a resultar más fácil, porque está en el poder. Desde el llano es necesaria una imaginación para que la sociedad te vuelva a creer.
Entre el recuerdo de Menem, un “sujeto extraordinario” y la profundidad de la crisis
Entrevista a Miguel Ángel Pichetto diputado Nacional por la Provincia.Foto: Emmanuel Fernández
De las paredes de su despacho en uno de los anexos de la Cámara de Diputados cuelgan retratos del anfitrión con todos los presidentes argentinos desde 1983. Javier Milei es la excepción. “Podría cantar la canción de Edith Piaf No me arrepiento de nada. Todo lo que está en esta sala es parte de mi vida y he estado con todos los presidentes de la Argentina. Los conocí. Vivencié la política con ellos”, sentencia Miguel Angel Pichetto, de impecable saco y corbata a pesar de enero y del calor en la Ciudad de la que no descansa, por miedo -dice- al vacío.
De todos asegura haber aprendido algo. “Humanamente Menem era un sujeto extraordinario, no tenía odios. Menem me enseñó a no odiar. Yo lo reivindico a Menem como político, fue un hombre que además estuvo 6 años preso y luego planteó la reconciliación. Néstor Kirchner tuvo un gran primer gobierno también. Duhalde fue un importante piloto de la crisis. Alfonsín fue un hombre de la reconstrucción democrática. Fijate que el hombre más preparado para gobernar la Argentina fue Fernando de la Rúa y sin embargo no le fue bien”, señala durante la conversación con Clarín que se lleva una hora.
En otra pared hay fotos con líderes internacionales como Bill Clinton y Raúl Castro y postales de sus postulaciones para gobernador de Río Negro y su jura como intendente de Sierra Grande. No vive del pasado. “Me queda tiempo por vivir todavía”, asegura.
Con más preocupación traza el diagnóstico del presente y del proyecto que acaba de firmar para que 15 millones de argentinos dejen de estar endeudados con tarjetas de créditos o fintech.
“Los créditos ya no se usan para consumos especiales, sino para la comida, lo que denota la profundidad de la crisis. Queremos tratar cambiar la obligación que se tiene con las tarjetas con el fondo de la ANSES. No es un acto demagógico ni un regalo, es un crédito para recuperar con la tasa del Banco Nación. Es un cambio en la obligación”, explica.
Le inquieta especialmente la caída del salario, el desarme de la industria a manos de la industria china y apunta contra Ricardo Arriazu, uno de los economistas que más escucha Milei. “A la industria nacional no la pudo destruir Martínez de Hoz ni la dictadura de Videla. En el Cordobazo los trabajadores pedían participación en las ganancias, no paritarias. Entre diciembre de 2023 y octubre del 25 el salario perdió casi seis puntos en el poder adquisitivo de los trabajadores”, sostiene el diputado, que responsabiliza con atenuantes a la CGT.
El atraso del tipo de cambio también lo obsesiona. “Es el principal problema. Usaron el tipo de cambio como ancla para bajar la inflación, pero eso también te impacta en la economía real. ¿Qué es eso? Yo no soy economista, pero he vivido”, reflexiona.
Amante de la historia, cinéfilo y lector empedernido, asegura que en política está todo inventado. “Este Gobierno no inventó nada. A la casta la inventó Mussolini en 1919”, señala.
Enfatiza que aunque Milei atenuó sus ataques a los opositores y a la prensa, todavía ve a sus críticos como enemigos. “Persiste en esa visión de que el infierno son los otros, como decía Sartre”, razona.
Sin alzar nunca la voz, marca errores en la estrategia política del Gobierno. “Napoleón sostenía que ejército que gana una batalla descansa, pero acá les encanta inmediatamente meterse en grandes debates estructurales. Es no entender o no comprender o no disfrutar el momento del éxito y aprovechar que ese momento de triunfo te puede permitir también sumar aliados y consolidar el Gobierno”, dice antes de cuestionar el discurso del Presidente en Davos. “Son ideas viejas del siglo XX y XIX. Hay un mundo que trata de defender su industria nacional, sus intereses nacionales. Trump lo entiende”, consigna.
Para él, la economía que piensa Milei gira alrededor del consumidor y de la apertura de importaciones. “Eso le sirve también para sostener el proceso de inflación a la baja. El tema es que en este esquema vos te quedás en poco tiempo sin trabajo y sin consumidores. Fíjate la locura de los (7.000) autos (chinos)”, se indigna, antes de señalar el alza del precios de los últimos 4 meses.
También le reconoce aciertos al Presidente. “No hay que subestimarlo porque ha deteriorado el salario, pero ha aumentado la AUH en niveles superiores a los últimos 10 años y ha eliminado la intermediación y el conflicto callejero. El verdadero logro del Gobierno, y esto no lo dicen, porque les gusta aparecer como más más malos en el terreno de la seguridad, es precisamente la política que llevó adelante Pettovello en el desarme de los grupos sociales”, concede siempre con la mira puesta en 2027.
Al Toque
Miguel Ángel Pichetto, en su despacho. Foto: Emmanuel Fernández. Un proyecto: vivir con intensidad lo que me queda.
Un sueño: que la Argentina vuelva a ser un gran país. Donde la gente tenga trabajo pueda estudiar y realizarse.
Un líder: Juan Domingo Perón
Un prócer: Julio Argentino Roca.
Una sociedad que admire: la Argentina que fuimos, con una gran clase media, con trabajo y ascenso social.
Un recuerdo: la Patagonia donde viví gran parte de mi vida. Y siempre vuelvo.
Una bebida: aburrido, no tomo alcohol. Agua.
Un libro: que leí recientemente. M el hijo del siglo, historia de Benito Mussolini, escrita por Antonio Scurati.
Una comida: spaghettis alla panna. Albóndigas con arroz, las hacía mi vieja.
Una película: El Gatopardo, de Luchino Visconti, película de 1963, con Burt Lancaster, Alain Delon y Claudia Cardinale. Tres grandes actores.
Una serie: Peaky Blinders.
Itinerario
Miguel Angel Pichetto, en su despacho. Foto: Emmanuel FernándezMiguel Pichetto nació en Banfield, el 24 de octubre de 1950. Se recibió de abogado en 1976 y luego se radicó en Sierra Grande, Río Negro, ciudad en la que fue intendente entre 1985 y 1987. Fue legislador provincial, diputado nacional y senador durante 18 años, en los que fue jefe del bloque del Frente para la Victoria durante los gobiernos de Eduardo Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner. Fue candidato a vicepresidente de Mauricio Macri en 2019 e integró el Consejo de la Magistratura y la Auditoría General de la Nación. Actualmente es diputado, presidente del bloque Encuentro Federal. Está casado con María Teresa Minassian y tiene dos hijos.




