
Javier Milei hace gala de todos los recortes que hizo en el Estado a lo largo del año y cómo avanzó el plan motosierra. Pero evita mencionar que su gobierno ya gastó $ 613.416 millones en transferencias no automáticas para las provincias, en su mayoría de correcta relación con la Casa Rosada y mientras ingresa en la recta final en la discusión por el Presupuesto 2025.
La lógica del látigo y la billetera no fue desconocida por la administración libertaria, que sobre todo en los últimos meses necesitó de los legisladores que responden a ciertos gobernadores para superar distintos obstáculos en el Congreso, como confirmar el blindaje de los vetos presidenciales a los proyectos de ley de financiamiento universitario y de movilidad jubilatoria. Fueron dos iniciativas que pegaron de lleno en la imagen del jefe de Estado.
Milei no lo expresó abiertamente, ya que se dedicó a criticar a los “degenerados fiscales” que avalaron las propuestas. Pero sintió los golpes parlamentarios en carne propia y en el caso de los gobernadores dialoguistas les agradeció de dos maneras. En principio, los invitó a un asado en Olivos el 18 de octubre, en el que participaron Gustavo Sáenz (Salta), Raúl Jalil (Catamarca), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Hugo Passalacqua (Misiones). Y también devolvió el gesto con fondos que fueron apareciendo en las arcas de dichas provincias a través de programas particulares que el Estado maneja de forma discrecional, mediante transferencias no automáticas.


