Lunes, 2 de abril de 2007   |   Municipales

Maulión celebró el Domingo de Ramos

Pidió a Dios que ilumine a los gobernantes para que ayuden a damnificados por las inundaciones; que cuide a quienes fallecieron en Malvinas y para que dé fuerzas a quienes sufren las consecuencias de esa guerra.
La Iglesia Católica celebró el Domingo de Ramos. Y en Paraná, la conmemoración central se llevó a cabo a 11, en la Catedral Metropolitana, en una ceremonia presidida por monseñor Mario Bautista Maulión –arzobispo de Paraná–, junto al padre Silvio Fariña.Desde temprano, jóvenes vendedores esperaban a los feligreses en la vereda del templo para venderles ramitos de olivos a un peso o “al precio que usted quiera pagar”. Adentro de la Catedral, también había ramos para los presentes, dispuestos en mesas y canastos.La misa comenzó con el ingreso de los sacerdotes a la Iglesia, en recordación a “la solemne entrada de Jesús a Jerusalén”. Seguidamente Maulión bendijo los olivos.LOS OLIVOS. El arzobispo señaló que la entrada de Jesús a Jerusalén poco antes de morir “nos tiene que llevar a tener los sentimientos, sobre todo durante esta semana, de contemplar al Señor”, contemplarlo “como aquél que murió por nosotros”.El arzobispo destacó que los ramos “nos acompañarán en nuestras casas durante todo el año, para poder así recordar que con el olivo bendecido tenemos el ciclo de lo que es la vida de Jesús en nosotros. El olivo es símbolo de la paz y de la vida. Por eso, el olivo bendito nos recuerda que Jesús trae la paz y que la trae a nuestro hogar, a nuestra persona, a nuestro mundo. Con verdadera devoción tengámoslo en nuestros hogares, así como un recuerdo permanente de esa frase de Jesús tan constante: “La paz con ustedes, les doy la paz”.PERSONAS. Maulión recordó los últimos momentos de Jesús para hablar de tres clases de personas: algunos dirigentes y autoridades del Pueblo Judío que, aunque reconocían que Jesús no tenía culpas, exigían su condena; una parte del pueblo que insistía su muerte a pesar de haber sido beneficiaria de lo que había hecho Jesús; y un grupo de soldados que se desquitaban con Él a través de la burla, el atropello e incluso la tortura.En oposición a esa “parte del pueblo exacerbada, por esa violencia que da a veces la masificación”, había un grupo de personas y dirigentes que seguía a Jesús de lejos, “y que cuando ven cómo culmina todo sienten arrepentimiento y le piden perdón a Dios por lo que hicieron y por lo que los otros habían hecho”.Maulión indicó que “Jesús en todo el relato de su Pasión hace lo que hizo siempre pero de una manera más fuerte: obedecer al Padre. Y el Padre le pidió que ame; un amor de entrega para que el otro viva, se reconcilie con Dios y consigo mismo, y para que saque eso que lo hace malo al hombre”.A pesar del amor de Jesús, “los hombres han hecho lo que han querido con Él: lo han condenado sin causa, lo han humillado desquitándose en él la basura que tenemos en el corazón”.NOSOTROS. El arzobispo recordó esas escenas para compararlas con “esa turbia acción que tenemos nosotros con el egoísmo, la mentira, la corrupción, la incontinencia, la violencia”.Y dijo que “si de alguna manera tenemos que mirar lo que pasó alrededor de Jesús es para mirar cuánto de eso malo que hubo en los que lo persiguieron y condenaron, está presente en el corazón de uno. Mirándolo a Jesús tengamos la actitud de aquellos que, aunque sea a la distancia, lo siguieron; y que lleguemos a tener esos sentimientos de arrepentimiento, no tanto por lo que hicieron por Él porque nosotros en ese momento no estuvimos, pero sí por lo que hacemos que de alguna manera incide en un hermano nuestro, con alguien que está entre nosotros”.Para finalizar, Maulión afirmó que “cada uno de nosotros está llamado a ser alguien que ayude a vivir como Jesús en nuestra casa, en nuestro ambiente, en nuestra profesión”.Durante el momento de las intenciones, se pidió al Señor que ilumine a los gobernantes para que ayuden a quienes fueron damnificados por las inundaciones; para que cuide a quienes fallecieron en la gesta de Malvinas y para que dé fuerzas a quienes sufren las consecuencias de esa guerra.

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