Martes, 12 de agosto de 2025   |   Campo

Más de 700.000 hectáreas de tierra inundada en el centro oeste de Buenos Aires

Más de 700.000 hectáreas de tierra inundada en el centro oeste de Buenos Aires

Las inundaciones en el centro oeste bonaerense continúan sin dar tregua y se han intensificado tras las recientes lluvias. Según imágenes satelitales analizadas por la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), 711.343 hectáreas en la región se encuentran bajo el agua o anegadas, lo cual impacta negativamente en la producción agropecuaria. De este total, casi la mitad se concentra en solo tres partidos —Bolívar, Carlos Casares y 9 de Julio—, abarcando unas 319.000 hectáreas afectadas, lo que representa el 45% del área comprometida en los diez distritos monitoreados por la entidad ruralista.

La combinación de lluvias que superan ampliamente lo normal en lo que va del año —prolongándose durante el invierno, cuando las bajas temperaturas disminuyen la evaporación—, junto a la falta de obras, según los productores, y el escaso mantenimiento de la infraestructura existente, ha agravado la situación y dificultado el drenaje del agua. Cabe recordar que, hace unos meses, se contabilizaron alrededor de 2 millones de hectáreas inundadas en toda la provincia.

En la región, hay sectores donde no se pudo sembrar trigo y otros donde está en riesgo la próxima siembra de soja y maíz, programada para los próximos meses. La cosecha de la campaña anterior aún no ha concluido y, en muchas fincas, el maíz permanece en pie debido a la falta de suelo transitable para cosechar y extraer la producción.

El análisis realizado con imágenes capturadas entre el 7 y el 10 de agosto revela que 9 de Julio es el partido más afectado, con 118.929 hectáreas inundadas y anegadas, seguido por Bolívar con 100.123 hectáreas y Carlos Casares con 100.057 hectáreas. En los siguientes lugares se encuentran 25 de Mayo con 87.642 hectáreas, Pehuajó con 81.182 hectáreas, General Alvear con 76.468 hectáreas, Saladillo con 73.078 hectáreas, General Viamonte con 27.599 hectáreas, Hipólito Yrigoyen con 26.192 hectáreas y Bragado con 20.073 hectáreas.

Los partidos afectados en el centro oeste bonaerensePablo Ginetet, Carbap

“Hace ya tres meses que la situación está prácticamente congelada. No ha cambiado demasiado y seguimos enfrentando todos los problemas”, indicó Pablo Ginestet, secretario de Carbap y autor del relevamiento. Las mayores complicaciones se concentran en el sur y oeste de la región, abarcando áreas de 9 de Julio, Carlos Casares, Bolívar y parte de Hipólito Yrigoyen y 25 de Mayo.

En Saladillo, General Alvear y algunos sectores de 25 de Mayo, el agua drena más rápidamente gracias a la existencia de canales y obras de desagüe; sin embargo, hacia el límite con 9 de Julio hay zonas igualmente comprometidas que en el epicentro de la región. El problema, advirtió, es que en gran parte de los campos afectados el agua solo se retirará por evaporación, un proceso que podría iniciarse en noviembre, con el aumento de las temperaturas.

“A 30 o 40 días del inicio de la siembra de maíz, toda el área destinada a maíz temprano se verá reducida. Los productores esperarán, en muchos lugares, a que la situación del agua se normalice para trabajar adecuadamente en los campos”, subrayó Ginestet. El retraso arrastra desde la campaña pasada: aún se están cosechando lotes de maíz y, en algunos casos, queda soja que ya no es recuperable. “En soja, con tanto tiempo seco, las chauchas se desgranan y se pierden. En maíz la planta aguanta más, pero el problema es logístico: los camiones no pueden entrar a los campos y las cosechadoras también enfrentan complicaciones”.

Frente a este panorama, el dirigente de Carbap enfatizó la urgencia de terminar las obras en la Cuenca del río Salado, argumentando que en las zonas donde las obras están bien realizadas la situación se normalizó con rapidez. En contraste, donde no han llegado las obras, los problemas persisten.

En 9 de Julio, el presidente de la Sociedad Rural local, Hugo Enríquez, estimó que solo se sembró entre el 30% y el 35% de la intención original de trigo. “El área más comprometida es el oeste y sur del partido. Quiroga, La Niña, Bacacay, Cambaceres, Santos Unzué, Corbett, entre otros, están muy complicados. Está ingresando agua de Carlos Casares”, relató.

Los tonos oscuros, negro o marrón, reflejan zonas con agua; el tono verde/naranja es rastrojo, pasturas o trigo avanzadoPablo Ginestet, Carbap

El ingreso por vertientes mantiene alta la napa freática y las lluvias no son absorbidas. “En julio, las precipitaciones fueron inéditas, con 120 a 150 mm, y agosto comenzó con otros 20 a 50 mm. Todo eso quedó en superficie y escurre muy lentamente debido al deterioro y abandono del sistema de canales”, explicó.

Para Enríquez, el problema no radica únicamente en la falta de obras, sino en el nulo mantenimiento de las existentes. “Tenemos un promedio de 1000 mm en cuatro meses y medio. Actualmente, habrá un 5 o 10% de caminos en buenas condiciones; el resto está en mal estado o directamente cortado”, expresó.

La logística de la campaña de soja y maíz está en riesgo: “No tenemos caminos para movernos con la maquinaria. Los caminos se han reducido porque se limpiaron algunos canales y eso achicó la trocha. Hay tubos rotos, alcantarillas mal colocadas y cortes que hacen imposible transitar con sembradoras. La situación será un caos”.

En este contexto, fuentes del municipio informaron a LA NACION tras una consulta: “Esta situación comenzó en febrero de este año con lluvias que rompieron récords históricos en ese mes, así como en marzo y abril. Desde la primera lluvia, la Municipalidad tomó acciones en los caminos. La premisa fue y sigue siendo garantizar la conectividad de las localidades del interior del partido ante cualquier emergencia. Desde el principio hemos trabajado en conjunto con la supervisión del área de Hidráulica de la provincia, que nos indicó cuáles son los principales trabajos a realizar, principalmente en lo que respecta a limpieza de canales”. Agregaron que “se gestionaron ante la provincia dos retroexcavadoras, una de la Dirección de Vialidad y otra de Hidráulica, para sumar a las máquinas que ya estaban trabajando”.

Y detallaron: “La explicación que nos dio Hidráulica en febrero fue clara: veníamos de tres años de sequía. Con la primera lluvia, los bajos se llenaron y la tierra absorbió, pero se quedaron sin capacidad para manejar toda la lluvia posterior, que fue, literalmente, lo que normalmente llueve en medio año, la mitad ocurrió en 40 días”.

En Carlos Casares, el presidente de la Sociedad Rural, Mario Raymundo, enfatizó que la lluvia acumulada no explica por sí sola la magnitud de la crisis. “El problema para circular es lo que no se hizo en los últimos tres años. No se pudo sembrar fina (trigo y cebada) y en julio llovieron 100 mm, algo muy inusual. Esto ya compromete la siembra de gruesa que comienza en septiembre. No sembrar fina es como perder una garrocha: se pierden esos salvavidas de diciembre.”

En el centro oeste bonaerense hay más de 700.000 hectáreas bajo el agua y casi la mitad está en Bolívar, Carlos Casares y 9 de JulioPablo Ginestet, Carbap

El agua también impacta en los tambos. En la zona sur del partido, lindante con Bolívar, un establecimiento tuvo que cerrar. “Allí trabajaban 20 familias. Tuvo que trasladar vacas a otros tambos, vender parte del rodeo y cerrar. Es una cuenca cerrada sin drenaje natural”, contó. Otros siguen operando, pero con grandes dificultades para extraer la leche y alimentar a los animales. “La situación se complica más día a día”, lamentó.

El intendente de Carlos Casares, Daniel Stadnik, rechazó las críticas sobre una supuesta falta de mantenimiento en los caminos y desagües del distrito. “No hay falta de mantenimiento. Todas las obras de desagüe y los caminos son mantenidos permanentemente cada año”, aseguró. Para el jefe comunal, el problema no se encuentra en la gestión local, sino en un fenómeno climático desproporcionado: “Esta zona está preparada para soportar 800 milímetros al año y ya llovieron 1200 en apenas siete meses”. Según describió, el exceso de agua cubre toda la infraestructura disponible y evita que el agua pueda escurrir.

Stadnik recordó que el partido carece de grandes cursos naturales de agua y que los canales existentes son limitados y de reducidas dimensiones. “Puedes limpiar alcantarillas y mantener todos los caminos, pero cuando llueve como ha llovido, todo queda bajo el agua”, aclaró. Si bien reconoció que hay tambos que se ven perjudicados por el estado de los caminos, destacó que la producción lechera ha logrado salir de todos modos: “No quedó un tambo sin sacar la leche. Quien no pudo salir con el camión lo hizo con tractores”. El mayor problema, advirtió, es que muchos productores ya no tienen dónde alojar la hacienda porque los campos están completamente inundados.

Afirmó: “Cuando dicen que se inunda por falta de mantenimiento, es falso. Es desconocimiento, es no entender cómo funciona ecológicamente esta zona; es un desconocimiento total. Esto se inunda porque está lloviendo más de lo que nuestra cuenca admite, no hay otra explicación”.

Desde Bolívar, el presidente de la Sociedad Rural local, José Gabriel Erreca, alertó que casi la mitad del partido se encuentra dentro de una cuenca lechera sin salida natural de agua. “Hay muy poca infraestructura, un mantenimiento escaso de lo construido y escasas vías de drenaje”, resumió.

En la campaña fina, la siembra de trigo fue mínima y, a un mes del inicio de la siembra de maíz, las perspectivas son negativas. En lo logístico, la situación se repite: “Hay caminos donde es necesario retirar los acoplados de hacienda tirados por un tractor”. La cosecha de maíz de segunda siembra -actualmente en los lotes- también está en riesgo y la lechería atraviesa problemas graves. “La semana pasada, algunos productores tuvieron que aliviar el peso del camión tanque desechando leche”, relató.

Erreca recordó que la necesidad de obras fue planteada en reiteradas ocasiones, incluso durante la sequía del año pasado. “Hoy estamos pagando las consecuencias por la falta de acción del Estado. No solo falta obra, también falta mantenimiento de lo que ya está hecho”, subrayó. Según él, en esta etapa no se puede intervenir: “No se puede trabajar en un camino rural ni limpiar un canal porque están desbordados. Quedamos en manos de Dios”.

El pronóstico indica que la próxima semana podrían producirse lluvias significativas, justo al inicio de la primavera, cuando históricamente se intensifican las precipitaciones. “Este año hemos tenido un invierno extremadamente húmedo, y si las lluvias continúan, la situación se agravará aún más”, advirtió Ginestet.

LA NACION intentó comunicarse con el gobierno municipal de Bolívar para conocer su opinión sobre la situación planteada por los productores, pero hasta el momento no ha recibido respuestas.

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