
Marcos Rojo se para en el área pelada del Cementerio de losElefantes, como le dicen a la cancha de Unión del Suburbio, ahí donde el pastodejó de crecer y sólo hay tierra. Acaba de sumarse a este club en Gualeguaychú,donde nació y se crió, y va a patear. En realidad, no importa si será gol o no.El delantero de 20 años decidió afirmarse y levantar la cabeza en el corazónmismo del machismo: es el primer varón trans en ser parte de un equipomasculino de fútbol. Entre o no la pelota al arco, su batalla ya está en curso.
Es miércoles 22 de enero y a la tarde será su primerapráctica. Marcos está ansioso en su casa del barrio La Cuchilla, mientrasNorma, su mamá, le prepara milanesas con papas fritas. Marcos es Marcos desdeque tramitó su DNI gracias a la Ley de Identidad de Género, hace dos años. Elfútbol había aparecido en su vida mucho antes.
Hijo mayor de una familia de cinco hermanas y hermanos,eligió el área por vocación, desde que era chico. Se había probado como número5 y como enganche, pero hacer goles lo entusiasmó. A los 15 empezó a jugar enun equipo de mujeres, Las Toritas, al que llegó por la invitación de unconocido de su tía. También jugaría con mujeres en Pueblo Nuevo y Xeneize. En2016, con Las Toritas, fue goleadora y se llevó el premio a la mejor de latemporada. Pero todavía no había podido hablar con su familia para contarlesquién era.
“Desde que tengo uso de razón yo sabía lo que quería.Pasa que pensé que mis viejos no me iban a apoyar. A los 17, cuando estaba encuarto año, pude hacerlo. Les dije que era varón. Antes había algunas personasque hacían comentarios, en el colegio o en la calle. Cuando lo dije estuvo todobien. Mi mamá me insistió con lo del DNI porque decía que así nadie me podíadecir nada”, le cuenta Marcos por teléfono a LA NACION.
El impulso de Norma fue clave. Fue ella quien se acercó a laescuela para hablar con la directora y establecer un diálogo. Ahí, por ejemplo,eligió a qué baño iría. Juan, su papá, que trabaja en una gomería, tambiénacompañó. Marcos los iba a necesitar cuando diera el salto y empezara a jugaral fútbol con varones, poco tiempo después.
“Eso fue complicado -cuenta-, yo recién empezaba. Memandé de una y la verdad que la mayoría de los jugadores no entendía. Tampocoquerían entender. ‘El fútbol está hecho para hombres’, me decían. No aguanté niun mes”. El paso de Marcos por el club Juvenil del Norte duró menos de 30días: la discriminación, el bullying y la transfobia hicieron que se recluyera.Ahí dejó el fútbol.
Un 9 “con condiciones” y de Boca como su papá
La diversidad parece no tener lugar en el fútbol practicadopor varones. En la Argentina nunca en la historia, por ejemplo, hubo un jugadorque se asumiera homosexual públicamente. En ninguna categoría. En un mundo enel que la diversidad está presente, la estadística llama la atención. Lascanciones de cancha tienen letras machistas, homofóbicas y racistas.
En el fútbol masculino, si alguien se lesiona seguido estildado de “nena”, si pierde es “puto”, si no se pelea atrompadas es “cagón”. El sistema que rodea a la pelota construye”machos de verdad”: un tipo de masculinidad que necesita ser repensada.Por historias como la de Mara Gómez, que quiere convertirse en la primerafutbolista trans del fútbol femenino de Primera de AFA, con Villa San Carlos. Ytambién por la de Marcos Rojo.
“Me gusta que se conozca mi historia porque quizá sirvepara demostrar que se puede. El mundo tiene que darse cuenta de que todas laspersonas somos iguales y que tenemos derechos. Pensá que yo estuve un año sinjugar después de pasarla mal en aquel club y acá estoy”, dice eldelantero.
Anabella Sarza, periodista deportiva y jugadora de fútbol,fue una de las integrantes de una red que acompañó y contuvo a Marcos Rojo. Loconoció en una charla que había organizado Juguemos por la Equidad de Género,un programa coordinado por la psicóloga platense Irina Videla, que funciona enconjunto con el Área de género y diversidad de la Municipalidad (un espaciocoordinado por Belén Bire y Manuela González, primera funcionaria trans de laprovincia de Entre Ríos).
Sarza habló con el presidente de Unión del Suburbio,Sebastián Rajoy, y con el director técnico, Osvaldo Fernández. No tuvo quetrabajar mucho para convencerlos. El 22 de enero de este año y después de unatemporada sin jugar, Marcos Rojo se sumó al plantel. Se entrena con la Sub 20,la Reserva de la Primera.
“Lo vamos a tener en esta categoría hasta que veamosque puede estar en Primera. Tiene condiciones, eh”, se entusiasmaFernández, que tiene una larga trayectoria en el fútbol. Jugó en Mandiyú(Corrientes) y Chaco For Ever (Resistencia), trabajó en el cuerpo técnico delserbio Bora Milutinovic en la selección de Jamaica y en el de Haití con elargentino Jorge Castelli. Allí fundó un orfanato. Actualmente además de sutarea en el club trabaja en la Dirección de Tránsito de la Municipalidad.
“Este chico se las trae -dice-. Mete, corre, pone, vapara adelante. El otro día jugamos un partido de entrenamiento con otro equipo,lo golpearon un poquito, pero aguantó. Es un 9 de área, no le pidas mucho querecupere. Corre, tiene buen dominio de pelota, es rápido. Le pega bien, esdiestro. Va a andar bien”.
Sarza, que es parte de Juguemos por la Igualdad y lo sigue atodos lados, también lo define: “Es un 9 clásico. Tiene buena visión,buena definición, es limpio. Se toma unos segundos para acomodarse y patear. Esdel área chica, aunque ojo, si tiene que bajar a buscarla, tiene buenpie”.
Marcos, que es de Boca como su papá, tiene como referencia aDarío Benedetto: “Siempre me gustó copiarlo, así que trato deimitarlo”.
“Está bueno hacer lo que uno siente”
Irina Videla llegó a Gualeguaychú desde La Plata, dondehabía sido jugadora y delegada de Villa San Carlos, presentó el programa y seencontró con una ciudad abierta a las cuestiones de género. Cuenta que en la43ª Fiesta del Deporte, una celebración típica allí, el año pasado se reconociópor primera vez a deportistas trans: la futbolista Brigitte Barrios -quetambién juega en Unión del Suburbio- y la jugadora de voley Victoria Cepeda -quees parte de La Garra y tuvo que pelear para que le permitieran serprofesional-.
Juguemos por la Equidad de Género fue clave para Marcos ypara el club: el Estado estuvo presente para promover las mismas oportunidades.Siguen trabajando. Dictan talleres de nuevas masculinidades a planteles,organizaron una Copa de fútbol femenino en convenio con el Sindicato Argentinode Televisión (SAT) que fue televisada por TNT Sports y hacen distintascapacitaciones de género en articulación con entidades deportivas.
En ese año sin jugar, Marcos Rojo inició el proceso dehormonización, una forma de adecuar el cuerpo a la identidad y género autopercibidosmediante la administración de hormonas. El día que lo presentaron en Unión delSuburbio sus compañeros lo recibieron bien: hay un video en las redes socialesen la que le hacen el “puentecito” a modo de bienvenida. Por fueradel fútbol, está terminando el secundario en la modalidad de adultos y hacechangas: a veces trabajos de pintura, a veces de mozo, otras veces lo quesurja.
“Está bueno hacer lo que uno siente”, dice. Sudeseo es jugar en la Primera: “En principio quiero eso y si sigo soñandome gustaría jugar alguna vez en la Primera de AFA o en la de Boca, por quéno”.
-¿Qué es el fútbol para vos?
-Es pasarla bien, hacer lo que me gusta. En la cancha medistraigo, sólo pienso en eso y además soy yo. Por eso creo que si alguien leeo conoce mi historia esto que estoy haciendo puede ayudarle. La gente tiene queconocer a las personas antes de hablar.
Unión, “el mandamás del barrio estación”
Unión del Suburbio es un club humilde. Fundado el 1 deagosto de 1954 su historia germina en un rancho de paja, la sede donde sehicieron las primeras reuniones. Por entonces, la zona era un auténticosuburbio. El diario El Día describió el recorrido: “Con calles de barro,sin el suministro de energía eléctrica, tampoco contaba con el suministro deagua corriente. Ni hablar del servicio de cloacas. Pozo negro y gracias. Elprogreso se había detenido en la estación de ferrocarril y a Unión se loconocía como el ‘mandamás del barrio estación'”.
Sebastián Rajoy tiene 42 años y desde hace siete es elpresidente: en medio de su trabajo como empleado de Obras Sanitarias cuentaque, pese a que el barrio creció y cambió, la austeridad sigue. “Acá hay400 socios, en su mayoría familias de trabajadores. Hay algunos que no puedenestar al día con la cuota. Nosotros no sacamos a nadie, vamos en contra denuestro estatuto. Los esperamos a que se pongan al día. Tendremos miles decarencias y cosas que no faltan, pero algo es seguro: acá no se le prohíbe laentrada a nadie”.
Rajoy está orgulloso de que su club, que juega la Liga deGualeguaychú desde 1962, sea pionero en equidad. En 2012, cuando la Liga defútbol femenino todavía no existía, le abrieron la puerta a la jugadora transBrigitte Barrios y este año a Marcos Rojo, el primer varón trans en integrar unequipo de fútbol.
“El club Unión era muy machista -cuenta-. Es así, hayque decirlo. Nosotros como Comisión Directiva tomamos el gran desafío de romperel hielo. Empezamos con el femenino, después con la llegada de Brigitte, queera un plan bravo, eh, por la discriminación y los prejuicios. Y ahora con estechico. Pero bueno, se hicieron los trámites correspondientes, la Federación deEntre Ríos preguntó a la AFA y nos dijeron que sí. Así que bueno, Dios dirá,hasta el día de hoy está todo bien”.
Capataz de cuadrilla de calle, de lunes a viernes Rajoy salecon sus compañeros a reparar caños de agua y cloacas. Es padre de dos varones yuna mujer; y repite una y otra vez que Unión del Suburbio es un club con laspuertas abiertas: “Acá no discriminamos. Juega el flaco, el gordo, elmediano, jugamos todos. Somos gente humilde. Las gurisas jugadoras del club sonen su mayoría amas de casa y algunas no tienen trabajo. Los jugadores, igual,muchos trabajan en la construcción. Lo que pensamos es que hay que ser humanosantes que leer reglamentos”.
Según sus cálculos, los partidos del fútbol masculino en elCementerio de los Elefantes, como llama a la cancha donde “a los grandesse les hace difícil”, cuentan con mil espectadores. Dice que hay muchapasión. Y cuenta con satisfacción que el equipo de fútbol femenino fue campeónde la Liga de Gualeguaychú en 2019 y que los varones terminaron quintos en elcampeonato provincial y finalizaron entre los cuatro mejores en la Copa de laciudad. Todo, sin presupuesto: “No le pagamos a ningún jugador ni jugadorani a los cuerpos técnicos. Acá es todo a pulmón y somos pocos los que remamostodos los días”.
-¿De dónde surge tu compromiso para igualar la cancha?
-Yo estuve mucho tiempo en la Iglesia Carismática. Hoy ya noparticipo. Pero de esa época me quedó mucho de humanidad. Por eso a laspersonas primero las voy a asistir, después veré qué exige el reglamento. A míno me importa qué elijan ser, todos tenemos derechos a ser incluidos. Y siqueremos jugar, como quiere Marcos, y bueno. Que juegue, nomás.
-No importa quién ni cómo sea…
-Lo primero que queremos es que la gente del club seanpersonas de bien. Después viene el jugador de fútbol. Porque donde hay unabuena persona hay un buen jugador, un buen dirigente, un buen colaborador, loque sea.
-¿Qué pensás de los que afirman que las jugadoras transsacan ventaja o de quienes no pueden pensar un fútbol diverso?
-Y. No deberían pensar así. Yo no entiendo mucho el tema degénero, honestamente. Pero sí de la parte humana. Y qué quiere que le diga,pienso que todos tenemos que tener una oportunidad en la vida. Cada cualdecidió cómo ser, nadie le puede impedir jugar a nadie un campeonato. Yo me voya sentir orgulloso si esta chica Mara Gómez, que quiere jugar en Villa SanCarlos, llega a la selección. Porque está para jugar y nadie es quien parajuzgar al otro. Eso es lo que pienso y lo que siento. Acá en Unión las puertasestán abiertas. Marcos ya es parte, está contento y eso es lo importante.




