
Desde Ciudad de Panamá, Panamá- El Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026 reunió hoy en Panamá a ocho líderes de Estado, entre ellos siete presidentes en ejercicio y un mandatario electo, en una jornada marcada por el debate sobre la integración regional, el desarrollo económico y el combate a la seguridad">inseguridad. Organizado por la CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe), el evento se convirtió en un espacio de confrontación de modelos y en una vidriera de matices entre los principales referentes políticos de la región, con Luiz Inácio Lula da Silva y José Antonio Kast como figuras centrales.
La agenda del foro se centró en la necesidad de repensar el rumbo común de América Latina y el Caribe, con la presencia de José Raúl Mulino (Panamá), Lula da Silva (Brasil), Rodrigo Paz Pereira (Bolivia), Daniel Noboa (Ecuador), Bernardo Arévalo (Guatemala), Gustavo Petro (Colombia), Andrew Holness (Jamaica) y José Antonio Kast (presidente electo de Chile). A la convocatoria se sumaron empresarios, funcionarios y representantes de organismos internacionales, que siguieron los discursos y debates en el auditorio.
El anfitrión, Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de la CAF, inauguró el foro y subrayó la importancia de crear capacidades de coordinación y potenciar la integración regional; además informó que más de seis mil personas de setenta países se inscribieron para participar.
Uno de los ejes más debatidos fue el tipo de integración que la región debe perseguir en el actual contexto global. Lula da Silva, presidente de Brasil, propuso avanzar hacia una integración pragmática, capaz de superar diferencias ideológicas y centrada en acuerdos efectivos. “La integración posible es la que estará marcada en la pluralidad de opciones. Guiados por el pragmatismo, podremos superar divergencias ideológicas y construir alianzas sólidas y positivas adentro y afuera de la región. Esa es la única doctrina que nos conviene”, expresó Lula ante el plenario.
En contraposición, José Antonio Kast, presidente electo de Chile, planteó un enfoque más orientado a la gestión y a la resolución de problemas concretos, poniendo el acento en la unidad práctica por encima de la retórica. Kast afirmó: “La unidad no significa renunciar a lo que uno cree, significa entender el lugar que uno ocupa en la sociedad. Un presidente no administra una trinchera. Un presidente lidera una nación y eso trae una responsabilidad para con sus compatriotas”. Destacó la necesidad de cooperación real y de una coordinación eficiente para afrontar desafíos compartidos, como la pobreza, la informalidad y la inseguridad.
Aunque ambos líderes manifestaron su voluntad de una relación pragmática, esas coincidencias no se trasladaron al modelo de desarrollo ni al papel del Estado, donde se evidenciaron mayores diferencias. Lula defendió la intervención estatal como vía para la inclusión social y el crecimiento sostenible. “Demostramos que un nuevo modelo de desarrollo con inclusión y sostenibilidad es posible. Desde el 2023, Brasil creció por arriba de la media mundial, controló la inflación y alcanzó el menor desempleo de nuestra historia”, subrayó. Kast, en tanto, insistió en la importancia de la confianza en reglas claras, la inversión y el crecimiento como caminos para superar la pobreza, y advirtió: “La pobreza no se supera con relajo, se supera con crecimiento y con inversión. Y América Latina tiene los recursos, la energía, el talento y la posición estratégica única”.
El presidente de Panamá, José Raúl Mulino, ofició de anfitrión y articulador. En su discurso, Mulino valoró el rol histórico de su país como punto de encuentro y defendió la necesidad de conformar un bloque latinoamericano fuerte para ganar peso en el escenario internacional. “Estoy convencido que América Latina debe conformarse como un bloque único, pues solo así tendrá poder de negociación y poder concreto ante posibles amenazas”, expresó. Mulino también reivindicó la resistencia de Panamá ante las presiones geopolíticas y defendió la neutralidad del Canal, un mensaje que Lula reforzó al afirmar que “Brasil defiende la neutralidad del Canal de Panamá, administrado de forma eficiente, segura y sin discriminación hace casi tres décadas”.}
La seguridad y la lucha contra el crimen organizado atravesaron varios discursos como un punto de consenso, especialmente en un contexto regional preocupado por el aumento de la violencia. Daniel Noboa, presidente de Ecuador, obtuvo aplausos al sostener: “Los criminales tienen que ser privados de la libertad. Porque darle libertad a los criminales le resta libertad a todos los que luchamos por hacer las cosas bien”. Noboa detalló los avances de su país en la reducción de la pobreza y la mejora de la estabilidad macroeconómica, pero remarcó que el principal desafío sigue siendo garantizar la seguridad ciudadana. En la misma línea, Kast advirtió: “El crimen organizado ya no es un problema local, es una amenaza regional. Frente a eso, no va a estar lo mismo. Se requiere una cooperación duradera, efectiva y sin complejos”.
El primer ministro de Jamaica, Andrew Holness, también habló sobre seguridad, aunque desde la experiencia de la resiliencia frente a desastres naturales y el fortalecimiento institucional. Holness relató cómo Jamaica reconstruyó su economía y redujo la pobreza tras el paso del huracán Melissa y la crisis del COVID-19, y subrayó que “la mejor forma para nosotros poder abordar la pobreza, la mejor forma para poder elevar a las personas a través de la pobreza, es a través de un buen liderazgo y un buen manejo fiscal de la economía”.
El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, aportó una mirada centrada en la educación y la adaptación al cambio. “La mejor manera de combatir, y ahí le pido a la CAF como parte del esfuerzo, la mejor manera de combatir, de asegurar democracia, de combatir la pobreza, de generar escenarios de crecimiento de otras naciones, toma tiempo. Sin educación no se construye nada. Es la educación la que debe ser el eje principal de nuestras naciones para transformar nuestros recursos humanos”, declaró. Paz Pereira también abogó por una integración dinámica y flexible, capaz de ajustarse a los cambios globales.
En su intervención, el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, destacó los avances institucionales de su país y presentó a Guatemala como un destino atractivo para la inversión internacional. Arévalo resaltó la reforma de alianzas público-privadas y la mejora del clima de negocios, y sostuvo: “Al fortalecer nuestras instituciones, al devolverle al pueblo de Guatemala el control sobre su destino colectivo, estamos contribuyendo directamente a mejorar el clima de negocios y, sobre todo, estamos obteniendo la confianza de los inversionistas”.
Por su parte, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, planteó una visión más filosófica, centrada en el concepto de civilización latinoamericana y caribeña. Petro vinculó la protección de la diversidad, la naturaleza y la libertad como pilares de una integración auténtica. En su discurso planteó la necesidad de un pacto por la vida y la libertad en las Américas y advirtió sobre la importancia de no fragmentar la región ante los desafíos globales. Su intervención generó reacciones divididas en el auditorio —en parte por su duración, que fue la más larga—, aunque una porción del público valoró su defensa de la identidad regional y la diversidad.
La participación de los ocho líderes dejó en evidencia tanto las coincidencias como las diferencias que atraviesan a la región, y abrió la posibilidad de que entre los asistentes surjan liderazgos más pragmáticos y menos ideológicos. Esa sensación se reforzó tras la reunión entre Lula y Kast que tuvo lugar la noche anterior.
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