En plena cosecha, los productores de arroz de la Argentina enfrentan una campaña signada por la incertidumbre. Tras dos años excepcionales con valores históricos, el mercado internacional dio un giro abrupto y, desde el año pasado, los precios quedaron a menos de la mitad de aquellos picos. El saldo es que el sector vuelve a registrar números en rojo y se encuentra ante un escenario que pone en riesgo su continuidad.
“Hubo dos años excepcionales, de precios históricos, que fueron en 2023-2024”, resumió a LA NACION Hugo Müller, presidente de la Fundación Proarroz, al trazar el punto de partida de este nuevo ciclo. Según explicó, esa bonanza tuvo un origen claro: “En gran parte debido a que India, el exportador mundial y hoy el primer productor, que superó a China, había cerrado las exportaciones”.
La decisión política en ese país alteró el equilibrio global. “Modi [por Narendra Modi, primer ministro] tomó esa medida porque subió fuertemente el consumo y se habían ido los precios hacia arriba y tenía reelección, y como todo político decidió cerrar las exportaciones. Eso generó un fenómeno inusual y produjo en el mercado internacional una suba que no se relacionaba en ese momento con las situaciones de stock de producción y demanda”, describió.
Müller, junto a un colaborador en una plantación de arrozGza.
El efecto fue una verdadera burbuja de precios: “Los precios se incrementaron artificialmente a unos niveles históricos. Por ejemplo, el arroz indio que hoy vale US$350, US$360 estaba arriba de US$600 [la tonelada], y los tailandeses y vietnamitas, que es la referencia de Asia, estaban también arriba de US$600”. En ese marco, en el Mercosur y en Estados Unidos los valores también escalaron. “Los arroces del Mercosur y de Estados Unidos estaban en niveles de US$700 y el arroz cáscara se vendía a US$400, algo que nunca visto”, afirmó.
Esa situación incentivó decisiones productivas en todo el mundo. “Los productores en todo el mundo decidieron plantar más porque pensaban que esa demanda iba a ser creciente y por otro lado aumentaron fuerte la producción y tuvieron aumento de los costos”, destacó.
El golpe no fue local, sino global. “Al final los precios se acomodaron a la baja en todo el mundo, con bajas importantes, con quebrantos en todos los países. Incluso en Estados Unidos hubo medidas de emergencia y el otro día el presidente Donald Trump tuvo que salir a subsidiar a los arroceros americanos con US$300 por hectárea”, dijo el dirigenteNitr – Shutterstock
El quiebre llegó después de las elecciones en la India. “Cuando Modi en octubre de 2024 ganó la elección, liberó los precios para exportar de India y los valores en todo el mundo se derrumbaron un 50%. El impacto fue inmediato también en la Argentina, nosotros que vendíamos el arroz cáscara a US$400, en marzo de 2025 estaban a US$180”, remarcó.
El golpe no fue local, sino global. “Al final los precios se acomodaron a la baja en todo el mundo, con bajas importantes, con quebrantos en todos los países. Incluso en Estados Unidos hubo medidas de emergencia y el presidente Donald Trump tuvo que salir a subsidiar a los arroceros americanos con US$300 por hectárea”, dijo el dirigente.
En el Mercosur, en cambio, el ajuste recayó directamente sobre los productores. “Producto de la gran cosecha del 2024, tuvimos que salir a vender muy barato a todo el mundo a precio de quebranto por debajo de la paridad, perdiendo entre 200 y 300 dólares por hectárea”, detalló. Aun así, el bloque exhibió dinamismo comercial. “Una performance de exportación muy buena del Mercosur, de casi 5 millones de toneladas, donde la Argentina exportó un millón, Brasil exportó 1,5 millones; Paraguay, 1,1 millones”, enumeró.
Ahora, con menor área sembrada, el problema persiste. “Ha quedado en precios bajos que no son redituables y si se mantienen estos precios bajos, va a haber un segundo año de números en rojos y ya la economía de los productores se va a complicar”, advirtió y aseguró que el riesgo es estructural: “Un año lo pudieron aguantar, después de dos años excelentes, pero si este año no mejora, cosa difícil, es probable que veamos el año que viene más productores saliendo de la actividad”.
A la presión de los precios se suma la cuestión climática. “Hemos tenido un año complicado climáticamente, exceso de agua sobre todo en el norte del país. En Entre Ríos, tuvimos una primavera inusualmente fría, no logramos un buen stand [densidad] de plantas”, detalló. “Hizo mucho frío la primera quincena de enero, el arroz obviamente una planta tropical lo sufre y los desarrollos no son los normales, la planta está más chica, la espiga más chica y menos granos por espiga”, agregó.
En este contexto, el mercado interno absorbe poco. “El consumo interno es bastante inelástico, están las 600.000 toneladas base cáscara, el resto depende del mundo, donde el año pasado, fue un millón de toneladas que se exportó hacia mercados internacionales muy diversificados”.
El achique ya se observa en los números. “La campaña pasada se hicieron en todo el país unas 227.000 hectáreas, pero en 25-26 ya se calcula que son unas 195.000, que representa una caída del 20%”, precisó. El problema central es el margen de rentabilidad del productor. “Hoy se vende la tonelada de arroz cáscara a US$180 la tonelada, pero el costo está entre 1800 y 1900 dólares. Con una cosecha de 8000 kilos por hectárea, seguimos abajo con una diferencia de entre 200 y 300 dólares”.
Frente a este panorama, el desafío es sostener la actividad. “Poder paliar estos números en rojo por hectárea y seguir en la actividad es un verdadero desafío”, resumió Müller, aunque confía en que la mejora en la productividad y la incorporación de tecnologías pueden ayudar a los productores a sobrellevar esta situación coyuntural.
Aun así, el contexto externo pesa. “Ante un mercado como India, que maneja el 40% del mercado, subsidia a sus productores y los exportadores, contra ello es difícil competir”, concluyó.


