Sábado, 3 de enero de 2026   |   Campo

Las bases para crecer en 2026, presentadas

Las bases para crecer en 2026, presentadas

Para el agro, si 2026 comienza como terminó 2025, las perspectivas son claramente positivas. La paulatina normalización de la economía, el retiro del Estado como interventor de los mercados y un gobierno que, en líneas generales, escucha al campo configuran un marco auspicioso para quienes arriesgan, invierten y producen. Claro que queda mucho por hacer y corregir, pero también es evidente que la demanda internacional continúa jugando a favor de la Argentina. La demanda global de alimentos sigue en aumento, especialmente en los países de mayor crecimiento económico, como los del sudeste asiático y gigantes como China e India.

El 2026 también abre la oportunidad de resolver problemas que se arrastran desde hace décadas y cuya falta de solución difícilmente pueda atribuirse solo a factores externos, como la clase política. El más visible es el reconocimiento de la propiedad intelectual sobre semillas. Tras cientos de debates, la realidad es que el país no ha encontrado un sistema que reconozca simultáneamente los derechos del obtentor, para incentivar la inversión en investigación y desarrollo de nuevos materiales, y que a la vez no abra la puerta a mecanismos susceptibles de abuso por parte de las compañías. Se sabe que, por volumen, los cultivos más perjudicados son la soja y el trigo, aunque en ese ámbito de irregularidad también entran legumbres, algodón y otros. Si todas las opciones —es decir, las mejores tecnologías— están sobre la mesa, la competitividad del agro tendrá más posibilidades de concretarse.

Algunos sostienen que, mientras subsista la elevada presión tributaria actual —particularmente en soja, con Derechos de Exportación (DEX) al 24% (poroto)— no resulta viable abrir la discusión sobre la propiedad intelectual. El argumento tiene sentido, pero en algún momento hay que empezar. El atraso de más de 20 años en un sistema que otorgue garantías a todas las partes no ayuda.

Caminos rurales deteriorados

Sin embargo, así como a nivel nacional existe un camino hacia la reducción de la presión impositiva y la desregulación, las provincias y los municipios también deben transitarlo. La creación de tasas sobre el combustible o los aumentos de las tasas viales, presentados como contraprestación por el mantenimiento de los caminos rurales —particularmente en la provincia de Buenos Aires— son dos factores críticos que deben eliminarse. Para el ruralismo esto representa un desafío: es fundamental que los productores se acerquen a las sociedades o asociaciones rurales para ejercer un control público efectivo sobre concejales y funcionarios municipales.

El campo, a diferencia de otras actividades económicas, rara vez puede “mudarse” a otro distrito para producir si la presión tributaria local supera lo tolerable.

En una economía que cada vez más tiende a alinear los precios locales con los internacionales y que no dará pie a ganancias súbitas por saltos devaluatorios, cada metro ganado en competitividad estructural debería traducirse en una mejora de ingresos. Además, esto será clave para mitigar posibles impactos negativos de los mercados globales cuando los precios caen. La actual campaña triguera —que, según la última proyección de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, podría alcanzar un volumen récord de 27,8 millones de toneladas— enfrenta, sin embargo, un escenario de cotizaciones en baja; es una muestra de que no conviene descuidar ningún flanco.

La ganadería también invita a enfocarse en solucionar los problemas estructurales. Con un panorama de precios favorable, los temas por resolver adquieren otro contexto. En su último informe semanal, el Rosgan puntualizó que “al analizar los valores de la hacienda en los últimos 20 años, se observan récords históricos en prácticamente todas las categorías. Medido en dólares, el precio del ternero de 160 a 180 kilos se ubica un 86% por encima del promedio del período 2005–2024; el del novillito liviano de hasta 390 kilos, un 56% por encima; y el del novillo, un 70% superior a dicho promedio”. Cuestiones como la informalidad, el doble estándar sanitario o la sanidad animal, entre otros, podrían abordarse con mayor ánimo si la situación no fuera de crisis. De continuar por este camino, la ganadería necesitará cada vez más el apoyo del sistema financiero para dar un salto productivo.

Las bases para crecer en el 2026 están presentadas.

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