
Desde hace algunos meses, investigadores y economistas de consultoras privadas han señalado que, si se ajustaran los parámetros utilizados para medir la pobreza en Argentina, el porcentaje sería significativamente mayor. Un estudio llevado a cabo por la consultora Equilibra y el Observatorio Universitario de Economía de la Universidad Nacional de La Pampa reveló datos concretos: la pobreza afectaría al 43,3% de la población, casi nueve puntos porcentuales por encima de las cifras oficiales (34,7%).
La metodología del análisis se basa en dos premisas fundamentales: la actualización de la Canasta Básica Total (CBT) y la corrección por subdeclaración de ingresos en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH).
“La metodología oficial sigue utilizando los ponderadores de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (Engho) 2004/05 para el cálculo de la CBT, lo que provoca una subestimación de la línea de pobreza en un contexto de cambios significativos en los precios relativos y una mayor exigencia en los patrones de consumo”, explican los autores del informe. “Además, en los últimos trimestres se observó una mejora en la captación de ingresos de la EPH, lo que evidenció una fuerte relación entre los movimientos de pobreza y la subdeclaración de ingresos”.
Para superar estas limitaciones, actualizaron la canasta básica utilizando la Engho 2017/18 e introdujeron coeficientes de corrección por subdeclaración de ingresos. Como resultado, aunque la tendencia se mantiene a la baja, no es tan pronunciada. La pobreza “se sitúa aún en niveles similares a los registrados en los últimos meses de la administración de Alberto Fernández (43,5%)”.
El Observatorio de la Deuda Social de la UCA también había puesto en tela de juicio los resultados oficiales: la pobreza multidimensional (que no sólo se mide por ingresos, sino también por la capacidad de acceder a la salud, servicios públicos y un hábitat adecuado) creció del 39,8% al 41,6% entre 2023 y 2024.
La diferencia entre la pobreza por ingresos y la pobreza multidimensional radica en que la primera evalúa la capacidad de los salarios para cubrir el costo de una canasta básica. Sin embargo, es posible que un hogar con ingresos que superen el umbral de la línea de pobreza o indigencia aún enfrente dificultades para alimentarse adecuadamente (inseguridad alimentaria) o satisfacer sus necesidades de salud.
Desde la UCA enfatizaron que la canasta básica utilizada para medir la pobreza debería reflejar de manera más precisa el crecimiento relativo de otras necesidades: desde diciembre de 2023 hasta agosto de 2025, los servicios públicos del AMBA aumentaron un 578%, 420 puntos porcentuales por encima de la inflación.