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Sábado, 31 de enero de 2026

La reforma laboral, una herramienta para allanar el camino del Gobierno a las elecciones de 2027

Mención a:Rogelio Frigerio
La reforma laboral, una herramienta para allanar el camino del Gobierno a las elecciones de 2027

Patricia Bullrich salió el miércoles de la reunión con los senadores amigos y le preguntaron sobre qué pensaba del proyecto de reforma. “- No voy a opinar hasta que se conozca el proyecto. Ustedes van a ser los primeros en conocerlo”. Bullrich venía de una breve vacación que quizás le hizo olvidar, pero debió recordar que el proyecto de reforma laboral ya tiene dictamen. Lo aprobó un plenario de las comisiones de Trabajo y Previsión Social y de Presupuesto y Hacienda el jueves 18 de diciembre.

“- Lo concedimos por razones políticas, pero sujeto a cambios”, reconoció el senador Camau Espínola. Pero ese dictamen ya está y es el que negocian con los gobernadores, a cambio de los votos y cediendo todo lo que pidan.

“- ¿Se puede bajar el capítulo fiscal del proyecto?”, se oyó el jueves en la casa de Salta, donde parlamentaron los gobernadores Gustavo Sáenz, Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo y Diego Santilli. La respuesta de un negociador de una altura insoportable: “- Si no nos ponemos de acuerdo, se baja”. Todo, con tal de que salga, aunque sea una reformita.

En esa reunión Santilli puso sobre la mesa el argumento de que la reforma va a crear 400 mil empleos nuevos y que eso va a recuperar la recaudación de los impuestos coparticipables que se recortan con este proyecto. Jalil respondió: “- Yo ya perdí 3.500 empleos en mi provincia. ¿Por qué no bajan impuestos que no sean coparticipables?”.

Un proyecto para dividir a la oposición

La reforma laboral, ese “entretenimiento veraniego”, según la calificación de Miguel Pichetto, no es el salvavidas del gobierno. Es la herramienta táctica para allanar el camino a las elecciones del año que viene. El debate que mantiene con los gobernadores busca impedir que se arme un frente federal que sostenga algún proyecto electoral sustentable, que desafíe al oficialismo y que amenace la chance de Milei de reelegir. Explica por qué el gobierno y sus negociadores están listos para cualquier concesión ante los gobernadores y la oposición. Entregan lo que sea para que salga cualquier proyecto.

El destino del gobierno no depende de la reforma laboral. Pero sí depende de cómo libre la batalla política con el proyecto. El martes que viene en el Senado, Patricia Bullrich le llevará a los bloques amigables el resultado de la consulta que hizo al Poder Ejecutivo sobre qué puede negociarse y qué no. El ánimo del oficialismo es no perder la pelea porque a un gobierno de minoría el público le está tomando examen ante cada conflicto. Está sometido a una permanente prueba de capacidad de futuro. Pasó el examen del 26 de octubre y renovó la supervivencia para los dos años que quedan. Pero los mercados, que es el público para el que trabaja esta administración, le siguen midiendo su fuerza ante cada empeño.

Macri, la nueva amenaza

En el plexo de las amenazas se suma el anuncio de Mauricio Macri de que el PRO hará una construcción frentista en todas las provincias, y que va a tener una opción presidencial para 2027. La última encuesta de D’Alessio IROL-Berensztein dio resultados notables de recuperación de la imagen de Macri, que está cuarto en el ranking nacional, y es el primero no oficialista que sigue a tres figuras del oficialismo: Bullrich 44%, Milei 42%, Santilli 41%, Macri 41%.

A su regreso de sus vacaciones —y a la soltería— Macri retomó el contacto con amigos y entorno que lo visitaron en su nuevo domicilio de Av. del Libertador, en el barrio de Palermo. Insistió en que no quiere ser candidato ni saber nada de política. Pero repitió que habrá un armado del PRO nacional que se construirá desde marzo próximo, fecha de una cumbre nacional de dirigentes. La idea es construir una candidatura presidencial que arrastre, a números de hoy, un 17% de los votos en las elecciones del año que viene. El sistema de las PASO – se ha recordado – está suspendido, pero no derogado.

Con ese porcentaje el PRO estaría en condiciones de acudir a varias alternativas: 1. construir una candidatura presidencial autónoma; 2. alimentar un frente de oposición moderada; 3. condicionar una alianza con La Libertad Avanza con la fuerza de ese respaldo, o 4. tener una herramienta para hacer daño y deteriorar a sus adversarios.

El PRO ya tiene un candidato

¿Y el candidato? Macri habla del outsider que vendrá de afuera de la política profesional. Si no es él, y en tren de ensayar escenarios, el PRO ya tiene un candidato a presidente. Es el ministro y exsenador Esteban Bullrich, que hace política, aunque sin cargo, desde que se le diagnosticó ELA. Habló de su candidatura en el programa de Carlos Pagni en diciembre pasado, pero ya antes había comentado la idea con amigos y en actos de solidaridad.

Bullrich es un ejemplo de resistencia, voluntad y seguramente encabezaría una encuesta de imagen y de intención de votos que arrastraría a sectores más amplios que el PRO. Tiene iniciativas, como plantear de nuevo la división de la provincia de Buenos Aires —proyecto que viene del fondo de los tiempos y que intentó el último turno militar—. De paso, rechazó el año pasado la alianza de su partido con La Libertad Avanza. En aquella oportunidad destacó las diferencias que los separan. “La Libertad Avanza – dijo – no nos representa. No habríamos propuesto a Lijo para la Corte. No insultábamos opositores. No insultábamos periodistas. No insultábamos a los que pensaban diferente. Creíamos en un Estado inteligente que invertía en educación como garantía de un futuro mejor”.

Un Bullrich en carrera superaría todas las apelaciones del oficialismo y del peronismo a fuerzas del cielo, de la tierra y el subsuelo – shale o convencional. También desplazaría las aventuras evangélicas de pastores electrónicos animados a partir de algoritmos californianos. Es auténtico, valiente y tiene sentido del interés público. Si prospera su candidatura, aunque al final no la concrete, serviría a la construcción de esa alternativa que Macri cree encarnará el outsider.

Objetivo: que no se le junten todos enfrente

En esta ocasión, el gobierno tiene que lograr, de mínima, que salga alguna reforma, cualquiera que sea. Está dispuesto a rever el dictamen, al punto de que en la reunión de la casa de Salta se admitió la posibilidad de bajar el capítulo fiscal, que es lo que le interesa al gobierno. Pero lo más importante es dividir a los de enfrente de manera que no encuentren un objetivo que los unifique.

En política lo que alimenta la conciliación de los actores son las afinidades. Desde la Edad Media se hablaba de los príncipes afines. El supuesto que sostiene los diseños electorales en la época del dominio del balotaje es que una alianza transgénica busca la amistad de los ánimos afines, de las coincidencias.

El gobierno tiene como táctica evitar que las tribus de la oposición encuentren algún objetivo común – sea ideológico, de conveniencia electoral, de oportunidad de preservar poder. Mediante este tipo de proyectos el gobierno recae en la manía legiferante que antes tuvieron otros gobiernos, al presentar proyectos-ómnibus que generan frentes de rechazo: éstos hacen fracasar las mejores intenciones. ¿Qué beneficio existe en que a un gobierno de minorías le pongan la lupa todo el tiempo por estas iniciativas macro, que podrían salir mediante negociación si los presentasen en cuotas?

El modelo 2015

Encontrar los intereses afines es lo que construyó la alianza de 2015 que llevó al poder a Juntos por el Cambio, que construyó el electorado no pejotista del 40%, que viene decidiendo elecciones en los grandes distritos en la Argentina de la última década. Es el electorado que lo hizo presidente a Milei y que tiene que conservar si quiere repetir en 2027.

El conservadurismo español de la década de los 90 fue la fuente de inspiración para Mauricio Macri durante las etapas iniciales del PRO. Era la recomendación de José María Aznar: agrupen todo lo está a la derecha de la izquierda. “El Partido Popular fue un ejemplo de cómo la unión de los afines, por encima de las diferencias, era capaz de hacer triunfar unas ideas y valores compartidos. De modo semejante, los partidos políticos de centro y centroderecha de América Latina podrían abrirse a nuevas formas de cooperación, con mayores grados de integración para crear alternativas democráticas ganadoras y de gobierno en toda la región”. (“América Latina: una Agenda de Libertad”, de José María Aznar, Miguel Cortés y Guillermo Hirschfeld, 2007). Interpretado en estas tierras, implicó reunir todo lo que se encontraba de este lado del peronismo del AMBA, edificado sobre la estructura del duhaldismo de la provincia. Aquello constituyó el Partido del Balotaje que obtuvo la victoria en los comicios de 2015.

Milei tiene que retener lo prestado

La carrera hacia el 2027 es un desafío fiero para el oficialismo. Tiene que construir una mayoría sobre la base del voto prestado que le hizo ganar el balotaje de 2023 y las legislativas de 2025. La megalomanía de sus argumentos proselitistas busca imponer la idea de que es un gobierno grande y fuerte, autoritario y exitoso, que necesita resistir el desafío de los adversarios.

El extravagante decreto que declara al 2026 como el Año de la Grandeza Argentina (56/26, del miércoles pasado) es una síntesis de ese ánimo proselitista. Imita la prosa soviética, maoísta y castrista que le pone mandato a cada año – Año del Maní, Año del Trigo Candeal o Año del Helado Artesanal. Ahora toca la grandeza.

Esa prosa tercermundista del decreto debería merecer la atención de los monstruos de la lengua, los Reverte y los Caparrós. Deben poner un límite a los delincuentes idiomáticos que hablan de “la emergencia ígnea”, eufemismo por “incendio”. Esa prosa oficial no basta para esconder que el gobierno es una formación débil con el voto prestado, que tiene que retener por lo menos los votos de 2023 y 2025 y, además, desmovilizar al peronismo del interior. Es lo que le permitió ganar la presidencia. Todo un desafío, porque hasta ahora no le ha salido.

Los gobernadores le ganaron antes la pelea fiscal

El tono de la pelea evoca la que libró Macri en diciembre de 2016. El gobierno de Macri envió en ese momento un proyecto que proponía aumentos moderados en el mínimo no imponible de Ganancias. Un acuerdo del peronismo de entonces (Kicillof, Massa) dio vuelta el dictamen en Diputados y levantó el piso de Ganancias. Derrotó al gobierno y fue el primer round del regreso de Massa al peronismo cristinista. Fue la ruptura del breve romance entre Macri y Massa.

Los gobernadores reaccionaron por el daño que le hacía a la coparticipación de impuestos. Macri en persona intervino y se reunió en Córdoba con Schiaretti, que era gobernador. Acordaron que el proyecto que había votado Diputados sería desfigurado en el Senado para preservar los fondos de las provincias. Schiaretti encabezaba la liga de gobernadores que había negociado los consensos fiscales con Rogelio Frigerio. Reunió a los mandatarios en un hotel y fue a negociar con Pichetto, jefe de la bancada peronista del Senado, el rechazo de esa aprobación. “- Esto no va porque nos quita fondos”, reclamó.

Alberto Abad (entonces en la AFIP) fue de urgencia al Senado para decirles a los gobernadores que, si quedaba la reforma de Diputados, las provincias perderían cuatro meses de coparticipación. El Senado dio vuelta los tantos, el proyecto volvió a Diputados y se aprobó sin afectar a las provincias. La pelea que se repite busca, como en aquel momento, dividir a los actores políticos. Hacer pelear a los gobernadores con los contribuyentes, con los sindicalistas, con los jubilados. Dividir al adversario para ganar. Aquel episodio quedó en el ADN de Cambiemos. La ruptura Macri-Massa se ilustró con una cruda fotografía de los peronistas juntos cantando la marcha para celebrar la aprobación del dictamen.

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