
La competitividad de un cultivo se sostiene en dos pilares centrales que la afectan directamente: la política cambiaria y la política impositiva —en este último caso, las retenciones a las exportaciones. El Gobierno optó por implementar un sistema de bandas en el tipo de cambio oficial, con el objetivo de que el dólar no caiga tanto y el peso siga apreciándose. Puede discutirse si el tipo de cambio está o no atrasado; lo que no admite discusión es el aumento del costo de los bienes y servicios que deben afrontar los productores cada vez que sube el índice de inflación. El productor tiene que vender cada vez más soja o maíz para costear el mismo bien o servicio que crece al ritmo de la inflación, salvo que los precios de la soja o del maíz se incrementen por encima de la inflación.
Cuando se le pide al productor que mejore su competitividad, este ya lo viene haciendo desde hace muchos años: mediante la mejora genética de los cultivos, la aplicación racional de insumos con el menor costo posible, el uso eficiente de fertilizantes y la adopción de técnicas de cultivo que permiten expresar al máximo su potencial.
El girasol aumentó su área en 820.000 hectáreas en los últimos dos años
Analicemos ahora el caso de las retenciones a la exportación y su impacto sobre la competitividad de cada cultivo. Empecemos por el girasol, cuya superficie de siembra creció en 820 mil hectáreas en los últimos dos años, hasta un récord para el ciclo 2025/26 de 2,67 millones de hectáreas y un volumen de producción proyectado en 5,5 millones de toneladas, mientras que la superficie de soja se proyecta con una reducción de 500.000 hectáreas para la próxima cosecha. El principal motivo de la tendencia opuesta en la superficie sembrada de ambos cultivos son las retenciones. Mientras el aceite de girasol tiene una retención a la exportación del 4%, el aceite de soja presenta una retención del 24,5%. La baja de las retenciones del aceite de soja, del 31% al 24,5%, aplicada por el Gobierno a comienzos de 2025, no alcanzó para mejorar la competitividad del cultivo de soja.
La producción de girasol aumentaría en 800 mil toneladas en estos últimos años, tomando rindes de tendencia normales y dentro de la media. Gracias a ese crecimiento, la molienda de girasol llegaría este año a las 4,5 millones de toneladas, y las exportaciones de aceite de girasol en el período enero-octubre de 2025 alcanzaron el récord de 1,18 millones de toneladas. Ese incremento en las ventas permitió a nuestro país ubicarse en el tercer puesto del comercio mundial, detrás de Rusia y Ucrania, primer y segundo exportador, respectivamente. Además, logramos ingresar al mercado de la India con exportaciones por 650 mil toneladas, ocupando allí el segundo lugar, detrás de Rusia.
Pasando al mercado de maíz: la Bolsa de Cereales de Buenos Aires informó una recuperación para la campaña 2025/26. Según datos preliminares, la superficie destinada a grano alcanzaría los 7,8 millones de hectáreas, lo que representa un incremento del 9,6% respecto de la campaña anterior. En el mismo período se proyecta una baja de 500.000 hectáreas en la superficie de soja. La razón sigue siendo la misma: las retenciones. Mientras el maíz tributa el 9,5%, el poroto de soja tributa el 26%, y el aceite y la harina el 24,5%.
La primera conclusión es que la competitividad del cultivo de soja ha sido la más perjudicada, al tener un nivel de retenciones para el aceite seis veces superior al del aceite de girasol y casi tres veces mayor que las retenciones aplicadas al maíz. En definitiva, no se le puede pedir a los productores que eleven su competitividad con la actual política cambiaria y con un nivel de retenciones como el que afecta a la soja, cuyas consecuencias hemos analizado. La solución es retenciones cero para todos los productos.




