Martes, 17 de febrero de 2026   |   Nacionales

La máquina de destruir periodistas: adelanto de la tapa de NOTICIAS sobre la campaña contra la prensa

La máquina de destruir periodistas: adelanto de la tapa de NOTICIAS sobre la campaña contra la prensa

“Guerra es paz, ignorancia es fuerza, libertad es esclavitud”. Esas eran las tres consignas que Winston Smith leía a diario en la fachada del ministerio de la Verdad, uno de los cuatro que integraban el gobierno de Oceanía. Smith trabajaba en el departamento de Registros, el área encargada de fabricar el pasado mediante la edición de videos, diarios, películas, libros o cuanto material hiciera falta. Una jornada cualquiera en ese puesto se describía así: “En el Times del 19 de diciembre del año anterior se habían publicado los pronósticos oficiales sobre el consumo de ciertos productos en el cuarto trimestre de 1983. Pues bien, resultaba que los pronósticos se habían equivocado muchísimo. El trabajo de Winston consistía en cambiar las cifras originales haciéndolas coincidir con las posteriores. Eran noticias que por una razón u otra era necesario alterar, o, como decía la frase oficial, rectificar”.

A estas alturas, muchos lectores habrán advertido que Smith no existió, ni el ministerio de la Verdad ni el gobierno de Oceanía; son invenciones de la famosa obra de George Orwell, “1984”. Pero la realidad avanza y se parece cada vez más a la ficción. Especialmente en Argentina, un país gobernado por alguien que desde hace años parece confundir hasta dónde llega una frontera y dónde comienza la otra. La vocación mesiánica y autoritaria de Milei choca desde el primer día con el oficio periodístico, que por definición cuestiona el relato único. Y, como le ocurrió a Smith cuando empezó a desconfiar del ministerio de la Verdad —“Que se encarga de la mentira”, dice Orwell en el libro—, el economista busca usar el aparato estatal para acallar cualquier voz crítica o disidente. A esa maquinaria de persecución de periodistas ahora le agregó una controvertida “oficina de Respuesta Oficial” que, al igual que en la novela, pretende imponer su propia versión de los hechos. El Gran Hermano libertario está al acecho.

Panóptico. “La oficina de Respuesta Oficial de la República Argentina fue creada para desmentir activamente la mentira, señalar falsedades concretas y dejar en evidencia las operaciones de los medios y la casta política”. Ese fue el primer tuit de la cuenta, con el que anunció su creación y detalló sus supuestos objetivos. Sucedió el 5 de febrero, a las 12:37 del mediodía. Javier Milei tardó algo más que el minuto que pasó entre la creación del token $Libra y su promoción desde su cuenta, pero igualmente fue muy rápido: a los 12 minutos el Presidente ya compartía la novedad en sus redes. “Para desenmascarar mentiras y operaciones de los medios, fin”, tuiteó el libertario, en mayúsculas.

Desde entonces —hasta el cierre de esta edición— la oficina de Respuesta Oficial había difundido 16 comunicados con desmentidas. Tres de esos comunicados —más el tuit de lanzamiento— fueron amplificados por el propio Milei. “Aquí está el que confesó que ha sido parte de una red de espionaje ilegal al Ejecutivo”, publicó el 6 de febrero, refiriéndose a Mauro Federico, a quien el mandatario acusa de haber integrado un supuesto plan para espiar a sus perros clonados. Ese día también compartió un mensaje de la oficina contra Luis Novaresio, acompañado de: “acomodando al mentiroso y operador serial, algún día se sabrá lo que operaba desde España tratando de generar caos en Argentina”. El 11 de febrero reprodujo un post contra TN: “Aquí un periodista operando una mentira”.

La coordinación entre la oficina y las cuentas del mandatario revela algo más que la afición tuitera del Presidente. Según publicó el diario La Nación, fue el propio Milei quien propuso crear ese organismo. Como en otras áreas de su gestión, es muy probable que el libertario se haya inspirado en Donald Trump: al inicio de su segundo mandato como presidente número 47 de Estados Unidos, Trump lanzó “Rapid response 47” —de ahí el número— para responder en redes a periodistas críticos. Incluso los logos de ambas cuentas resultan notablemente similares.

Más allá de este nuevo plagio, la iniciativa evidencia cómo opera el oficialismo. Como viene contando esta revista desde que La Libertad Avanza asumió el poder, las políticas y estrategias del Gobierno se ajustan a los deseos, necesidades o caprichos personales del mandatario, y no al revés. En el caso de esta oficina puede encontrarse una razón instrumental detrás de su creación —por ejemplo, desviar la atención pública de la intervención del INDEC, el escándalo nacional que ilustró la última tapa de este medio—, pero fue sobre todo el odio de Milei hacia el periodismo lo que la parió. Conseguir en “X” la tilde gris —es decir, el aval de la red social de Elon Musk de que una cuenta pertenece efectivamente a un gobierno— demora días o semanas. La coincidencia con la renuncia de Marco Lavagna y el cambio en la nueva metodología de medición a pocos días de publicarse no es más que eso, una coincidencia. Lo que mueve montañas, en este caso, es la ira de Milei contra la prensa.

Guerra. La oficina atacó a los periodistas Jorge Fontevecchia, Manuel Casado, Julián Maradeo, Federico, Novaresio, María O’Donnell, María Laura Santillán, Francisco Jueguen; a las comunicadoras Marcela Feudale y Edith Hermida; a la dirigente de izquierda Vanina Biasi y al abogado Félix Lonigro. En varios de esos choques, la cuenta —manejada por Juan Pablo Carreira, un soldado de Santiago Caputo (ver recuadro)— cometió pasos en falso que dejaron ver su verdadera fachada: desmintió a Maradeo por una información que el propio Milei había difundido en una entrevista de octubre de 2025 —donde comentó que estaban por comprar submarinos franceses, lo mismo que había publicado el periodista—, y cruzó a O’Donnell por decir que en casi ningún país la edad de imputabilidad es de 13 años. La oficina equivocó su ejemplo y citó a Uruguay, cuyo ordenamiento fija la edad en 18 años. A Fontevecchia le “desmintieron” una editorial, cuando una opinión es, en todo caso, una opinión y no algo desmentible. La metodología pone en evidencia el objetivo: aleccionar a la prensa crítica, atacar a periodistas para intimidarlos a ellos y a quienes pudieran imitarlos.

La nota completa, en la presente edición de NOTICIAS:

Galería de imágenes


En esta Nota

Déjanos tu comentario: