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Domingo, 15 de septiembre de 2019

La huella en Argentina de los “robaecógrafos”, la banda que asalta clínicas en toda Latinoamérica (operaron en Entre Ríos)

La huella en Argentina de los “robaecógrafos”, la banda que asalta clínicas en toda Latinoamérica (operaron en Entre Ríos)

Todo marchaba tranquilo en la mañana del sábado 2 de diciembrede 2017 en Concordia, Entre Ríos. Por la tarde, en el corsódromo de la ciudadse disputarían varias carreras de rollers. Algunos vecinos participarían de los4, 10 y 16 kilómetros. El plan para la noche era en el Centro de Convenciones.Allí, a las 22, se iba a presentar el carnaval oficial “Concordia2018”. Los amantes del rock nacional también tenían una opción: podríandisfrutar de “Humo”, la banda uruguaya que hace tributo a Los Piojos.La cita era en “Club Lennon”.

Cinco colombianos (tres hombres y dos mujeres) no tenían nila menor idea de las actividades del día en la ciudad, de casi 150 milhabitantes según el censo de 2010. Llegaron en un automóvil Polo, registrado anombre de una argentina, a eso de las 8 de la mañana. Y fueron a lo único que lesimportaba de la ciudad.

La primera parada fue en el consultorio número 9 de laclínica “Centro de ojos Esteves-Esteves”. En cuestión de minutosrobaron un paquímetro (un equipo que permite medir el grosor de la córnea) ysalieron como si nada. Ninguno de los empleados del centro de salud notó elrobo.

De allí se fueron directamente al segundo destino, elSanatorio Garat. Ingresaron y se dirigieron al consultorio de diagnóstico porimagen. Se fueron con cinco transductores, como se conoce a la herramientautilizada para apoyar sobre el cuerpo de un paciente al momento de hacer unaecografía: dos planos, un convex, un endoncavitario y un volumétrico. El valorde los objetos robados en los dos lugares médicos superaba los cien mildólares. Pero había más.

Esos mismos cinco colombianos, en ese mismo Polo, esa mismomañana, se presentaron en el consultorio número 2 del Centro AmbulatorioConcordia, propiedad de OSECAC. El botín, siempre a partir de hurtos sinviolencia y sin que nadie notara el delito, fue de cuatro transductores de unecógrafo. Fue el tercer robo de la mañana. Tan aceitado tenían la modalidad quese irían sin que nadie sospechara nada. Ninguna de las víctimas (quedescubrirían los delitos a partir del día siguiente) se imaginaría que setrataba de una banda que había hecho lo mismo en clínicas privadas de Brasil,Perú, Chile y Ecuador.

Los asaltantes dejaron Concordia y salieron hacia Colón,otra ciudad de Entre Ríos, de 23 mil habitantes. El objetivo estaba dentro delSanatorio Médico Quirúrgico de la zona. Del lado de adentro, hicieron lamodalidad: dos entretuvieron a empleados en la recepción y otros dos caminaronhasta el sector de Ecografía. En una mochila introdujeron un ecógrafo portátily partes de otro equipo similar. Se retiraron a las 12.39 del mediodía.

No habían dejado un solo rastro. Pero habían actuado a caradescubierta. Entonces, no quedaba otra que solicitar los registros de lascámaras de seguridad. De las clínicas y de la ciudad. Allí, los investigadoresde las dos ciudades notaron que se trataba de la misma banda: una mujer que seacercaba a la recepción y distraía a los empleados, otra que merodeaba avisandosi había hombres de seguridad y dos hombres que se hacían pasar por pacientes yluego encaraban hacia los pasillos y salas para robar lo que buscaban. Elquinto integrante era el piloto. Los esperaba arriba del Polo.

En el regreso a Buenos Aires, la banda tomó la Ruta 14. Y aligual que muchos automovilistas fueron detenidos por la Policía de Entre Ríos,una de las más cuestionadas del país a la hora de los controles de tránsito.Como los hurtos no habían sido denunciados, la demora solo fue por una supuestainfracción. Un agente les hizo señas para que frenaran y les advirtió quecirculaban sin luces. Se les labró un acta por el no uso de las reglamentarias.

Una de las mujeres de la banda bajó del auto y le mostró ladocumentación a los policías. La titular del coche no se encontraba en ellugar, por lo que el auto debería haber quedado secuestrado. Pero solo lesexigieron el pago de la multa, la abonaron en efectivo y con descuento, ysiguieron. La Policía no les había requisado el Polo, donde guardaban todo lorobado. Por eso, tal vez, decidieron ir por más.

De ahí otra vez por la 14. Se desviaron a la altura deGualeguaychú. Era el turno de la que sería la quinta parada del raid delictivo:habrían ingresado al hospital público Centenario para llevarse un ecógrafo. Elcondicional se debe a que no hay filmaciones del caso. Pero se les adjudica elrobo. Al día siguiente los profesionales notarían el faltante.

En Bogotá, capital de Colombia, a los ladrones que viajan arobar por el mundo se los denomina “Internacionales”. Esa culturadelincuencial nació a fines de la década del ’50, cuando un asaltante de de unbarrio bajo del centro de la ciudad sacó un pasaje a Nueva York, buscandoescapar de la Policía colombiana. Era un ladrón de relojes, pero la Justiciahabía pedido su detención por un asesinato.

La cuestión es que en aquellos días, mientras caminaba porla zona de joyerías de la Quinta Avenida, vio un maletín que llamó su atencióny lo robó aprovechando un descuido del dueño. Cuando, ya en el hotel, descubriólos dólares que había adentro, saltó de la emoción. Acababa de cometer el mejorrobo de su vida. Y no lo dudó: se comunicó con sus cómplices y les dijo que”la plata estaba en Nueva York”. Los invitó a viajar y les prometióprestarle el dinero para los pasajes. Así nació la leyenda, que nunca murió.

Hoy, las principales bandas de “Internacionales”roban en destinos como Malasia, Japón, Australia, México, Brasil, EstadosUnidos o Inglaterra. Pero también hay grupos en países de segundo o tercermundo. En especial, los que hacen sus primeros pasos como ladrones fuera deColombia.

Muchas organizaciones eligen un continente y se mueven porvarios países, antes de regresar a Colombia. La banda del ecógrafo, porejemplo, había cometido robos en clínicas de distintas ciudades de Chile, Perú,Ecuador y Brasil. Los investigadores de los asaltos en Entre Ríos losindividualizaron en las filmaciones difundidas por noticieros del extranjero. Yempezaron a investigarlos.

El primer y único dato concreto con el que contaban era lapatente del Polo. Así llegaron a la titular del auto. La detuvieron tras unallanamiento en Lomas de Zamora. La mujer, de unos 25 años, contó que habíasido pareja de un colombiano, y que la banda le había ofrecido una suma fija dedinero en pesos a cambio de comprar el auto y ponerlo a su nombre. Latrasladaron a Colón y Gualeguaychú. Fue implicada como “partícipenecesario”, pero rápidamente recuperó su libertad. Fue en enero de 2018.

Cuando en los diarios de las tres ciudades se informó que setrataba de una banda internacional, los comentarios explotaron. Se decía que setrataba de una banda que robaba para los narcotraficantes y que enviaba losecógrafos a Colombia. Otros vecinos aseguraban que los colombianos los vendíanen el mercado negro de Paraguay y Uruguay. La investigación recién comenzaba.

A partir de la declaración de la mujer argentina empezaron aidentificar a la banda. Los buscaron en hoteles de Flores, Once, Boedo y Constitución.Nunca los encontraron. O mejor dicho: los ubicaron, pero no pudierondetenerlos. Se mudaban semana a semana.

“A uno de ellos lo descubrimos en una filmación de unaclínica de Ecuador. Era un hombre que usaba la identificación de otrocolombiano, que estaba fallecido”, cuenta Juan Sebastián Blanc, agenteFiscal de la ciudad de Colón. Y agrega: “Los teníamos identificados, perolo más difícil era encontrarlos. Allanábamos y no los encontrábamos. Como quesiempre estaban un paso adelante nuestro. También descubrimos que se trataba deuna organización más grande: en los videos de los hurtos en otros paísestambién aparecen más personas. Pero varias son las mismas que actuaron en EntreRíos”.

Al fiscal, con el tiempo, lo contactarían desde una fiscalíade Jujuy. Estaban investigando un robo con la misma modalidad. En los últimosaños se denunciaron robos de ecógrafos en clínicas de La Plata, Rosario, Tresde Febrero, entre otros lugares. Los sospechosos son siempre los mismos.

La primera detención fue en el aeropuerto de Ezeiza. Allí laPSA detuvo a una de las dos mujeres. No lo sabía, como el resto de suscómplices: se encontraban con pedido de captura internacional. Por eso la mujerno pudo viajar a Bogotá, su ciudad de origen. Directamente la trasladaron aEntre Ríos. Como se la acusaba de hurtos simples, y no contaba con antecedentespenales ni en Argentina ni en Colombia, fue liberada a los quince días. Fijó undomicilio en la zona de Constitución y cumplió a raja tabla el pedido depresentarse en la comisaría más cercana todas las semanas. En su pasaportefiguraban varios viajes de Colombia a nuestro país.

“Es una banda altamente calificada. En internetdescubrimos que en Brasilia habían sido condenados por el mismo delito”,explica Juan Pablo De Giambattista, fiscal de la Unidad fiscal Concordia, quelos acusó de “asociación Ilícita”. “Cada uno tiene su rol bienmarcado. Existe un vínculo familiar entre ellos. A la única detenida se lesolicitó la prisión preventiva, pero no se le otorgó”.

A casi dos años de la mañana del raid delictivo, no se sabemás nada de los cinco integrantes de la banda. La única detenida dejó de ir afirmar. Los investigadores sospechan que habrían salido del país por fronterasilegales. Y que hoy estarían en Europa. Seguramente, haciendo lo mismo.

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