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Jueves, 20 de febrero de 2020

La decisiva batalla de Cepeda (el Supremo Entrerriano vencedor)

La decisiva batalla de Cepeda (el Supremo Entrerriano vencedor)

Cepeda fue “la batalla de un minuto y la definición deun siglo”, según la fórmula acuñada por el historiador D.L. Molinari. Sinembargo, más allá de la hipérbole utilizada, el sentido certero que se buscabatransmitir tenía que ver con la virtual insignificancia de la acción bélica,analizada en términos estrictamente militares, en contraste con las enormesconsecuencias político-institucionales del hecho en sí, ocurrido el 1º defebrero de 1820 en la cañada del arroyo Cepeda -cerca de los pagos de Pergamino-que le dio nombre. Décadas más tarde, en 1859, dos ejércitos argentinosvolverían a enfrentarse allí.

Ahora bien, como combate, la primera batalla de Cepeda noconsistió más que en una furiosa carga de la caballería federal -las tropas delEjército Aliado de Estanislao López y Francisco Ramírez- que originó unadesbandada de sus similares nacionales bajo la dirección del general JoséRondeau, a la sazón último director de Estado de las Provincias Unidas. Encambio, la infantería del ejército directorial, compuesto casi exclusivamentepor batallones porteños, ofreció alguna resistencia para luego emprender elretiro al mando del general Balcarce, quien salvó la artillería y, dirigiéndoseal pueblo de San Nicolás, embarcó las tropas de regreso a Buenos Aires. Como sedijo, la batalla de Cepeda no merecería figurar entre los grandesacontecimientos bélicos de nuestra historia salvo por las consecuenciainstitucionales que allí se originaron.

En primer lugar, la llegada a los primeros planos de la vidapolítica de nuestro país de los líderes populares del Litoral, tales los casosdel caudillo y gobernador de Santa Fe, E. López, y del jefe supremo de EntreRíos, Francisco “Pancho” Ramírez, quienes -emancipados de la tutelade Artigas, vencido por el segundo de los nombrados meses después- impusieron,con distinta suerte, algunas de sus ideas centrales. Así, por ejemplo, no sediscutió más, después de Cepeda, la forma de gobierno que debía adoptarse en elámbito rioplatense, sepultando las aspiraciones monárquicas que, con diversasdosis de pragmatismo, habían buscado llevar adelante los miembros delDirectorio.

De la mano de esa irrupción de los caudillos -que con eltiempo se multiplicarían en las distintas provincias- vino la desaparición delas autoridades nacionales, con la renuncia del director Rondeau y ladisolución del Soberano Congreso, aquel cuerpo que se había instalado en 1816en Tucumán para declarar formalmente la independencia, trasladándose luego aBuenos Aires y que llegó sancionar en 1819 una carta constitucional paranuestro país.

Empero, si tuviésemos que escoger entre todas lasconsecuencias derivadas de esa batalla, sin dudas, la opción recaería sobre elsurgimiento de la provincia de Buenos Aires. En efecto, hasta ese momentoBuenos Aires tenía una organización política, jurídica y administrativa de tipopolivalente, en parte heredada del antiguo régimen virreinal y que poco -o casinada- habían modificado los gobiernos revolucionarios, lagobernación-intendencia diseñada a fines del siglo XVIII que había idosufriendo deserciones y amputaciones forzosas, como la propia Santa Fe.

A partir de Cepeda, entonces, y por imposición de loscaudillos vencedores, quienes lo pusieron como condición para negociar untratado de paz, los porteños fueron obligados a organizarse como entidad dederecho público dotada de autonomía. De esta forma nació la provincia de BuenosAires en su calidad de tal, con sus primigenias instituciones políticas ygubernamentales: la Junta de Representantes, compuesta de diputados de laciudad y, luego, también de la campaña, y el Poder Ejecutivo, con su primergobernador, don Manuel de Sarratea, elegido por aquellos.

La firma del Tratado de la Capilla del Pilar (allí estabainstalado el campamento del Ejército Aliado federal), el 23 de febrero de 1820,cristalizó la actuación del flamante gobernador, sentó las bases de una nuevaera política con base en el sistema republicano y auspició la forma de Estadofederal, inaugurando una tradición de acuerdos, pactos y convenciones quefueron una de las principales columnas en la construcción del futuro edificioinstitucional argentino.

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