
Escribe Oberdán Rocamora, redactor estrella, especial para JorgeAsisDigital.com
Paseo en caño
En la vertiginosa vorágine, el Panelista de Intratables puede confundirse. Llegar a pensar que don Paolo Rocca, El Cientista, es comparable a El Chiqui Claudio Tapia, el Dandi Blues de los trajes Ermenegildo Zegna que luce con (blancas) zapatillas Balenciaga.
Privada de la admirable excelencia profesional de Luis Betnaza, Lo Nuestro es la Danza, la multinacional ítalo-argentina Techint marcha a la deriva en medio de la incertidumbre, como si fuera una pyme en desventaja: una industria mediana o pequeña con conducción frágil, inofensiva frente a la apertura estimulada.
El consorcio SESA desconcertó a don Paolo al decidir que la Welspun, empresa de la India, se quedara con el negocio de la licitación. Tanto despotricar sobre el peligro de la ferretería china y, al final, se los gana alguien desde la India. Desconocimiento de la interna asiática. “Con Luisito esto no pasaba”.
Dumping
Pese a las cautelares posteriores, dictadas en la frontal “oficina de guerra” —como la llama Leandro Renou—, los 480 kilómetros del paseo en caño quedarán en manos de la Welspun. Con la misión de unir la utopía del gasoducto Vaca Muerta–Punta Colorada: desde la “vaca muerta” que supieron pontificar los Eskenazi, en Neuquén, hasta el Golfo de San Matías, en Río Negro. La Welspun factura el paseo en caño 203 millones de dólares, mientras la pyme de don Paolo ofertó 293.
Lo integra el consorcio de competidores fraternales de Techint: Pan American Energy de los Bulgheroni —Alejandro, Bettina y el sobrino Marcos—, con el 30% de las acciones; la maternal YPF, que conduce Horacio Marín, diplomado en Techint, con el 25%; Pampa Energía, del amigo Mindlin, con el 20%; la inglesa Harbour con el 15% y la noruega Golar LNG con el 10% restante.
Los empresarios noruegos, en ascenso, probablemente se ocuparán de construir la fase siguiente del gasoducto para licuar las millones de toneladas planificadas de GNL. Eso significa que la faena de dejar fuera a don Paolo continuará sin pausa. No solo El Cientista deja de mojar la medialuna en el paseo en caño. Tampoco mojará en el licuado posterior.
Al no prosperar las denuncias de dumping ni las sospechas sobre chapas de origen subsidiado por el gobierno chino, emergen los paranoicos que montan conspiraciones ficticias: que don Paolo aprovecha el desaire de SESA para, por ejemplo, rajarse. Algo de razón, sin embargo, asiste a los paranoicos. Trasciende el plausible cierre de la planta SIAT Tenaris de Valentín Alsina. Peligra la estabilidad de 400 proletarios. Aunque ninguna derrota comercial contiene el peso suficiente para justificar el abandono de las operaciones en Argentina.
Sucede que don Paolo, peor que herido o vencido, se siente humillado por ser apodado “Don Chatarrín de los tubitos caros”, con la espesa malignidad del presidente popular. A don Paolo le cuesta advertir con exactitud el flojo manejo institucional y el profesionalismo tan cuestionable de su organización.
El Cientista se sabe poderoso. Designa funcionarios ministeriales y condiciona prestigios en la Unión Industrial Argentina que preside. Entonces no debe ser degradado ni transformado en un objeto de burla fácil. Como corresponde a un Cientista competente, es un sublime lector de Maquiavelo: para ser respetado prefiere el atributo de generar temor antes que provocar carcajadas. Tampoco El Cientista puede permitirse, en el negocio de los caños, la contingencia, en efecto, de perder.
La batalla cultural
Para construir un presidente popular corresponde trasladarlo, en enero, a Mar del Plata: alojarlo en el emblemático hotel de Florencio Aldrey Iglesias, El Gallego, y programar la inmediata “caminata”, a las 19 (para llegar a las 20) por el centro comercial —sin caminar. Conviene que el centro sea Güemes y no la desperdiciada peatonal San Martín.
Es por Güemes donde se concentran los innumerables sufragantes libertarios que volvieron de la playa o que se disponen a dar la clásica vuelta del perro, aunque no consuman siquiera caramelos. Entonces es atractivo poder ver, en vivo, al (construido) presidente popular.
Los patriotas inspirados de las Fuerzas del Cielo se identifican con Santiago, El Neo Giacomini, fundamental figura del Gobierno de Consultores. Tuvieron la hidalguía cívica de organizar la kermesse filosófica, el instrumento de la batalla cultural, en un balneario de Punta Mogotes. Escenario ideal para exaltar intelectualmente los atributos morales del capitalismo y, en simultáneo, condenar la maléfica cuadratura de los zurdos.
Y los cuadros de Santiago hasta pueden darse el lujo de insultar, con torpeza doméstica, al armador que responde a la señora Karina, la Pastelera Prodigiosa.
Final con alaridos
El señor presidente popular, el Panelista que conduce el mejor Gobierno de la historia, es convocado para clausurar la kermesse racional.
Para consolidar la burla a don Paolo, ya sin mencionarlo como Don Chatarrín. Solo después de haber lucido las dotes ejemplares de cantante, en el show de la novia consagrada que dejó de ser la novia. Pero que se mueve con la eficiencia rítmica de la vedette superior mientras, a los alaridos, el producto popular banaliza la pasión por el Rock del Gato.


