Domingo, 1 de febrero de 2026   |   Nacionales

La conflictividad contradictoria de Milei: gestos rupturistas y dudas sobre gobernabilidad

La conflictividad contradictoria de Milei: gestos rupturistas y dudas sobre gobernabilidad

Pareció volver a las andadas esta semana, a su esencia. Desde la contundente derrota legislativa bonaerense de septiembre, Javier Milei había moderado sus agresivos discursos y los mensajes dirigidos a voces críticas o a quienes simplemente se negaban a sumarse a su relato. Contrario a lo que muchos pensaban, en líneas generales mantuvo esa calma incluso después del triunfo electoral nacional de octubre.

Como si hubiera reprimido y acumulado intemperancia todo este tiempo, el Presidente volvió a dar rienda suelta a la falta de autocontrol. “Ya sabés cómo es Javier”, suele ser la justificación que encuentran quienes lo rodean o frecuentan.

La excusa —siempre hay una— esta vez fue que uno de los grupos empresariales argentinos más importantes, Techint, perdió en una licitación privada para llevar gas de Vaca Muerta al Atlántico frente a una compañía india.

A Milei poco le importó que en la adjudicación ni su gobierno ni el Estado hubieran tenido injerencia: fue una decisión del consorcio de grandes firmas energéticas que respaldan el proyecto (liderado por PAE y con la participación minoritaria de YPF, entre otras), basada en el menor costo ofertado por el proveedor indio para traer los caños.

Cuando días atrás la noticia se hizo pública y comenzaron a circular las quejas veladas de Techint sobre las dificultades para competir con importados por el “costo argentino” y el dólar barato, Milei estalló.

Primero fue contra Paolo Rocca, el influyente y histórico mandamás de la empresa, a quien insultó con el despectivo “Don Chatarrín”. Luego advirtió: “Aquellos que tienen productos más caros y de menor calidad no son dignos del favor del mercado. Y si quieren hacerlo por la fuerza con negocios turbios con el Estado, deben desaparecer e ir a la quiebra”. De paso, arremetió también contra periodistas, medios, economistas y políticos que se pronunciaron sobre el conflicto.

Se pueden identificar al menos dos dimensiones políticas entrelazadas que ayudan a entender la violenta reacción presidencial. Dejaremos las cuestiones psicológicas para quienes las estudian y conocen del tema.

En un plano, Milei busca escenificar su narrativa, lo que pomposamente se denomina “batalla cultural”. En este caso, su argumento sería que conviene más importar algo más barato que producir localmente algo más caro, y que el tendal de empleo">desempleo lo absorberían las aplicaciones y el trabajo informal.

El aval académico de esta suerte de nueva teoría darwiniana lo brinda siempre Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación, que encuentra luz incluso de noche. Así como antes defendió como positivo el éxodo turístico de argentinos al exterior, ahora ve ventajas en que un negocio local pase a manos de un extranjero en lugar de quedarse en una empresa que da empleo acá.

No es la primera vez que Milei apela a la necesidad de que las empresas argentinas —incluso las que exportan o se han convertido en multinacionales, como la de Rocca— compitan sin ayuda del Estado. Incluso se lo ha dicho en la cara a empresarios en foros que se mostraban como amigables.

Lo curioso es que esa lógica se aplicaría de forma arbitraria —o desigual, por decirlo con elegancia—. El Presidente ha sido menos implacable en otros sectores del empresariado donde el Estado ejerce una fuerte injerencia regulatoria y existen dificultades para “competir”.

Prestadoras de salud, laboratorios, empresas de electrónicos, aeropuertos, e-commerce, por citar algunos, aparecen por debajo del radar libertario. Ni hablar de ciertas constructoras involucradas en el megajuicio de los “cuadernos de las coimas”, que reciben el visto bueno oficial para la concesión privada de rutas. Ejecutivos de Techint también están acusados en ese proceso.

Entra entonces una segunda dimensión: la política. Por medio de las redes sociales, su vehículo de comunicación preferido, Milei validó la acusación de uno de sus influencers favoritos, que señalaba que Rocca intentó desestabilizarlo el año pasado.

El jefe de Estado reposteó la palabra “DATO” (así, toda en mayúsculas) junto al texto de un usuario que aseguraba que el líder de Techint “jugó all in para que el actual gobierno termine post elecciones de septiembre. Jubilate, tano. Perdiste”.

A la denuncia se sumó el funcionario mileísta Juan ‘Tata’ Yofre, exjefe de la SIDE menemista y actual director de la Escuela Nacional de Inteligencia. Nada es casualidad.

Antes y después de la derrota bonaerense se activó un máximo nivel de percepción de confabulaciones en los altos del poder. Alimentadas por oscuras usinas de espionaje, las sospechas de complots contra el Presidente estaban a la orden del día, puertas adentro de la Casa Rosada y Olivos; resultaban más consoladoras esas teorías que atribuir el mal momento a errores propios y a las cruentas internas oficialistas.

Todo eso se amainó con el salvataje financiero de Donald Trump y el triunfo en las elecciones legislativas de medio término. Pero parece que el rencor persiste en Milei, pese a que no existe prueba alguna de la supuesta conspiración.

Rocca no es el único empresario bajo la tirria presidencial. Héctor Magnetto, rostro visible del Grupo Clarín e histórico aliado de Techint, también está entre los apuntados. ¿Será por eso que las autoridades aún no aprueban la compra de las operaciones de la española Movistar por parte de la clarinesca Personal?

Las inquinas exceden el pasado y se proyectan hacia el futuro. Fuentes con acceso al despacho de la Secretaría General de la Presidencia, conducida por la hermanísima Karina, dejan trascender que, desde círculos tan alejados de Milei como del kirchnerismo, se promueven otras alternativas competitivas para los comicios presidenciales del año próximo.

En el Gobierno conjeturan tres nombres. Dos son gobernadores dialoguistas-críticos: el peronista cordobesista Martín Llaryora y el radical santafesino Maximiliano Pullaro. El tercero sería un outsider: el pastor evangélico y showman mediático Dante Gebel.

¿Conspiranoia extrema o datos de la realidad? La conflictividad mileísta, autoalimentada y contradictoria, admite todas las interpretaciones.

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