Domingo, 1 de febrero de 2026   |   Economía

Iván Carrino (IC Consulting): crear valor, no solo fabricar bienes; retos de Milei: inflación, apertura y empleo

En diálogo con Infobae, el economista analiza la coyuntura y destaca los desafíos que enfrenta el gobierno de Milei, desde la inflación y la apertura de importaciones hasta el impacto en la industria y el empleo
Iván Carrino (IC Consulting): crear valor, no solo fabricar bienes; retos de Milei: inflación, apertura y empleo

El especialista, que desde el inicio avaló los pilares fiscales, monetarios y cambiarios del programa económico de Javier Milei, reconoció en diálogo con Infobae la desaceleración de la inflación y el repunte agregado de la actividad, pero advirtió sobre el impacto de las importaciones y el cierre de empresas, especialmente en los sectores textil y alimentario.

Aunque el Gobierno consiguió aprobar el primer Presupuesto en años y afrontó pagos de deuda por más de USD 4.000 millones en los primeros días de enero, persisten nubarrones en la economía real. Los cierres industriales y la debilidad del consumo, en contraste con una mayor apertura y la eliminación de retenciones y regulaciones, concentran parte del debate. Frente a ese escenario, Carrino detalla sus expectativas para el año y los desafíos de la política económica.

— ¿Cómo evalúa el debut del ajuste de las bandas cambiarias por la inflación de los dos meses previos, con intervención del Banco Central dentro de esos límites?

— Creo que la modificación respondió a datos de inflación peores de lo esperado. Si la banda se ajusta al 1% mensual pero la inflación acumula varios meses por encima del 2%, el límite se erosiona en términos reales y eso puede empujar al dólar hacia el techo, obligando al Banco Central a vender reservas.

Ese escenario es indeseable, por lo que considero que la solución adoptada —que las bandas se ajusten al ritmo de la inflación— es sensata. Claro que el dólar aún puede tocar el techo o permanecer tranquilo en la mitad de la banda; estimo menos probable el primer caso.

— ¿Debería preocupar que, mientras el Banco Central compra reservas emitiendo pesos, el Tesoro intervenga comprando esas reservas para esterilizar pesos y pagar deuda?

— En cierta medida esa dinámica ya se había observado en años previos. En 2024 el BCRA compró USD 18.700 millones y el Tesoro destinó USD 15.200 millones a pago de deuda. En 2025 esa mecánica no fue posible porque el BCRA dejó de comprar reservas e incluso tuvo que vender. No obstante, en lo que va del año el BCRA adquirió más de USD 1.150 millones y las reservas brutas aumentaron USD 3.300 millones, pese a que el Tesoro canceló deuda por casi el doble.

“El problema de fondo sigue siendo el índice de riesgo país que todavía impide que Argentina normalice la refinanciación de los vencimientos de su deuda”

El problema de fondo sigue siendo el índice de riesgo país que todavía impide que Argentina normalice la refinanciación de los vencimientos de su deuda.

Mientras eso no se resuelva, veremos que el superávit fiscal primario se usa para comprar dólares y atender compromisos de deuda. Esos dólares se adquieren en parte en el mercado y en parte al BCRA, sin que por ahora se reduzca la acumulación de reservas internacionales.

— ¿Cree que el Ministerio de Economía y el Banco Central están reaccionando a lo que señalan los mercados?

— En buena parte parece así: percibieron una demanda genuina de compra de reservas y actuaron. Probablemente lo mismo ocurrió con la decisión sobre las bandas, para evitar que el techo siguiera apreciándose en términos reales.

Dicho esto, me gustaría ver una mayor separación entre Banco Central y Tesoro y más transparencia. En más de dos años no se fijó un objetivo explícito de inflación, y tampoco está claro qué instrumento se toma como referencia: se habló de M2 Privado, de Base Monetaria Amplia, de Base Monetaria tradicional…

Al revisar las series publicadas por el propio BCRA, se observa que buena parte de la explicación de la expansión o contracción de la masa monetaria figura bajo “otros” o “resto de operaciones con el sector público”. Entonces: ¿qué está pasando?

“Lo ideal sería que en el área monetaria se haga lo que se busca hacer en otros temas: normalizar las cosas, y para ello se  necesita independencia del Banco Central”

Lo ideal sería que en el área monetaria se haga lo que se busca hacer en otros temas: normalizar las cosas, y para ello se necesita independencia del Banco Central, una política monetaria claramente explicada y rendición de cuentas mediante un informe mensual de objetivos y resultados, más una conferencia de prensa periódica. Eso ayudaría a anclar expectativas. La reciente publicación del Informe de Política Monetaria (IPOM), -29 de enero-) es un avance en ese sentido.

— Algunos economistas advierten señales de saturación en el plan de estabilización, porque la inflación mensual dejó de bajar y la actividad no muestra recuperación. ¿Cómo lo ve?

— También me preocupa la aceleración de la inflación en los últimos meses de 2025. En parte tiene que ver con lo que comentamos antes: la política monetaria fue lo más “raro” del plan de estabilización.

Se dijo durante mucho tiempo que no se emitía más dinero, pero entre 2024 y 2025 la base monetaria aumentó en $33 billones, multiplicándose por cuatro respecto de diciembre de 2023. Entonces, si afirmamos que no se emitió dinero pero la inflación es del 30% anual, es comprensible que surjan críticas al monetarismo o a la explicación monetaria de la inflación. Tal vez convenga reconocer que se emitió por determinados motivos y que eso puede hacer que la desinflación sea más lenta.

Además —y siguiendo un análisis que hice hace años con la economista Pamela Morales Jourdan— en los países que lograron desinflaciones exitosas desde niveles comparables a los nuestros en 2022-2023, el tiempo promedio para alcanzar una tasa de un dígito sostenida fue de nueve años. Sin embargo, dado que en Argentina la corrección del resultado fiscal fue por shock, es razonable esperar una caída más rápida que ese promedio.

En términos de actividad, los datos indican que 2025 fue un año de recuperación, con sectores que se recuperan más lentamente, como la industria y la construcción, muy dañadas en 2024.

Por un lado, la economía necesitaba una reconfiguración: durante años se castigó a sectores eficientes con precios máximos y se sostuvo a los ineficientes con subsidios y proteccionismo. Eso no se corrige sin costos de corto plazo, incluso si el gobierno fuera muy gradualista.

Por otro lado, si la dirigencia política —no solo el gobierno— acepta premisas básicas como el valor del equilibrio fiscal, la disciplina monetaria y el papel del sector privado para impulsar el crecimiento, este año podría consolidarse como el segundo de un largo proceso de crecimiento y estabilidad.

— Para reactivar la economía y, en particular, el empleo: ¿qué resulta más relevante, una reforma tributaria o una reforma laboral?

— No tengo dudas sobre la factibilidad: para corregir los defectos de un mercado conviene empezar por arreglar ese mercado. Por eso priorizaría la reforma laboral. Además, las regulaciones son otra carga distinta a la de los impuestos, aunque ambas pesen. Cualquier eliminación de trabas es bienvenida.

En términos de factibilidad, resulta más viable desregular un sector y así fomentar la iniciativa privada que reducir impuestos en un contexto de margen fiscal limitado.

“Es mucho más posible desregular un sector y así promover la iniciativa privada en él, que reducir más los impuestos en un contexto donde el margen fiscal tampoco es tan amplio”

A pesar del logro de cerrar 2025 con dos años consecutivos de superávit fiscal primario, por la metodología oficial el superávit financiero del año pasado fue 0,2%. ¿Cuánta recaudación se puede sacrificar para bajar impuestos en el corto plazo? Siempre se puede alegar que bajar impuestos implica reducir gasto, pero ya vimos la resistencia institucional para achicar el gasto público pese a las intenciones del presidente Milei.

— ¿La apertura económica impulsada por el Gobierno beneficia al consumidor pero perjudica a la industria manufacturera?

— Como mencioné antes, algo de eso puede ocurrir. El año pasado, por ejemplo, se duplicaron las importaciones de vehículos según el Indec. Muchos de esos autos fueron elegidos por consumidores en lugar de modelos producidos localmente, lo que puede afectar negativamente a ciertos segmentos de la industria automotriz.

Hay que considerar, además, que el crecimiento parte de niveles muy bajos: en 2025 las importaciones fueron 12,4% por encima del promedio 2010-2018, mientras que en 2023 las importaciones de autos estuvieron 63,4% por debajo de ese promedio. Históricamente, las importaciones de autos representaron alrededor del 6% del total de importaciones; sumando otros bienes de consumo, llegan al 18%.

Es decir, el 82% de las importaciones argentinas son bienes de capital u otros insumos productivos. Eso significa que algunas importaciones amenazarán a ciertos sectores locales, pero otras los potenciarán, mejorarán y favorecerán su crecimiento.

No hay que olvidar una regla económica elemental: lo que los consumidores ahorran al comprar bienes más baratos por importación se destina al ahorro —reduciendo tasas de interés— o a consumir bienes de otros sectores, impulsando así la demanda interna. Por eso existe tanto consenso académico y profesional a favor de la apertura comercial.

— El presidente Javier Milei afirmó que su gestión ya concretó 13.700 desregulaciones. ¿Esta dinámica se percibe más en la macroeconomía que en la micro?

— Hay una realidad micro, la del día a día del bolsillo de las familias. Aunque el salario real se recuperó tras la caída de principios de 2024, aún está lejos de niveles de años como 2017 o 2015.

La actualización necesaria de tarifas implica que hoy las familias tienen menos ingreso disponible para gastar en consumo, retail o esparcimiento, porque deben pagar el verdadero costo de servicios como gas, electricidad, combustible y transporte. Pero el esquema anterior era insostenible: privilegiar “la micro” terminó destruyendo la macro, y sin macro no hay futuro.

“En el pasado por privilegiar “la micro” se destruyó la macro, y sin macro no hay futuro”

— El debate sobre el nivel del tipo de cambio real parece haberse diluido entre economistas. ¿Cree que el tipo de cambio actual permite competitividad a la producción nacional?

— Como dije en otra ocasión, el tipo de cambio real, siempre que sea un precio libre, es un precio relativo más de la economía. No creo que el Gobierno deba intervenir ad-hoc en los precios relativos. Hoy el dólar oficial es lo más parecido a un precio libre de mercado desde 2019, al menos.

Ya no hay restricciones para atesorar, se pueden girar dividendos del año pasado y las empresas pueden importar: prácticamente no hay cepo, y lo que queda no afecta el precio del dólar porque no hay brecha.

Existe, eso sí, un techo para la banda destinado a evitar saltos disruptivos, pero sin restringir el acceso a los mercados; se recurre a la venta de reservas. No será la flotación más pura, pero mientras el dólar se mueva dentro de las bandas, estará mayormente determinado por la oferta y la demanda.

Respecto de la competitividad, hay que abandonar la idea de que un dólar más alto necesariamente mejora la competitividad. Tampoco tiene sentido ver a quienes viajan a Miami o Brasil como una amenaza. La competitividad se logra con reformas estructurales, orden macroeconómico y menos impuestos y gasto público. Si se logra eso, la moneda local se fortalece; los países más ricos tienen monedas fuertes, no tipos de cambio reales artificialmente altos.

— Algunos especialistas advierten sobre el riesgo de “primarización” de las exportaciones y una posible desindustrialización. ¿Cuál es su mirada?

— La desindustrialización es un fenómeno que ocurrió en países desarrollados. En Estados Unidos, por ejemplo, la industria representaba 25,4% del PBI en 1947 y cayó a 11% en 2021, según el Banco Mundial.

Sin embargo, esa transformación no estuvo acompañada por desempleo masivo ni caída del nivel de vida; el PBI per cápita se multiplicó por cuatro y la esperanza de vida al nacer aumentó de 66,6 a 79,1 años.

“Hay que dejar de pensar que vamos a ser más competitivos con un precio más alto para el dólar”

Lo que deja de aportar la industria lo comienzan a aportar los servicios, y esa deriva es en buena medida inexorable.

Incluso bajo la administración de Donald Trump y sus medidas proteccionistas se siguieron perdiendo empleos industriales: desde su anuncio de “aranceles recíprocos” se perdieron 72.000 empleos más en la industria manufacturera, y desde 2000 la destrucción de empleo industrial asciende a 4,6 millones.

La pregunta es cómo, pese a esa pérdida, Estados Unidos mantiene la tasa de desempleo en mínimos históricos. La respuesta es que la clave no es producir manufacturas per se, sino crear valor. La economía de mercado sabe hacerlo sin proteccionismo estatal por temor a la desindustrialización.

— En 2025, las importaciones de bienes de capital mostraron un impulso relevante. ¿Qué impacto prevé sobre la productividad y la competitividad?

— Las importaciones de bienes de capital crecieron 51,3% en dólares en 2025, alcanzando USD 15.000 millones, el valor nominal más alto de la serie histórica. Es un dato relevante cuando se discute la falta de inversiones. Si bien no vemos grandes cifras de IED en las estadísticas del BCRA, sí observamos un ingreso significativo de dólares mediante créditos a empresas privadas: USD 14.000 millones entre enero y noviembre de 2025.

Ese flujo sugiere que esos créditos se destinan a la compra de bienes de capital importados, y si esas inversiones están bien empleadas, aumentarán la productividad.

“La forma en la que crecen los países es exactamente esta: aumentando la inversión que mejora la productividad”

No puedo precisar el impacto exacto sobre el PBI en 2026, pero la mecánica del crecimiento es clara: aumentar la inversión que eleva la productividad.

— El Gobierno no logró alcanzar los supuestos macroeconómicos principales del Presupuesto 2025 que no aprobó el Congreso, en particular en inflación, PBI, tipo de cambio y saldo comercial. ¿A qué lo atribuye?

— Para contextualizar, recomiendo la nota de Damián Di Pace que muestra cómo, en los últimos años, los presupuestos suelen estar alejados de la realidad. Este año el Presupuesto fue demasiado optimista en magnitud, aunque la tendencia prevista —descenso de la inflación y recuperación de la actividad— se verificó, si bien con más inflación y menos crecimiento de lo anticipado.

También cabe preguntarse qué hubiera ocurrido si la incertidumbre no se disparara en los dos o tres meses previos a las elecciones legislativas de octubre de 2025; tal vez los números habrían sido algo mejores. En todo caso, atribuyo lo de la inflación a los problemas de la política monetaria que mencioné antes.

— ¿Qué expectativas tiene para 2026 y cómo observa los supuestos del Presupuesto?

— Hay supuestos que parecen excesivamente optimistas. El tipo de cambio ya cotiza hoy en niveles que implican proyectar un dólar prácticamente inmóvil durante todo el año. No afirmo que sea imposible, pero dada la inflación aún alta, estimo que tarde o temprano el dólar se ajustará; hacia fin de año podría ubicarse en $1.500 o $1.550, subiendo menos que los precios.

Para que el Presupuesto se cumpla en materia de inflación, los precios deberían subir 0,8% mensual todo el año, lo que implicaría una caída de la tasa de inflación de alrededor del 70% respecto de diciembre. A corto plazo no lo veo, aunque no descarto que en el segundo semestre, si la política monetaria se torna más convencional, podamos ver cifras en ese sentido.

“Tras años (o décadas) de ignorar principios básicos de economía, lo que estamos atravesando y seguiremos atravesando por algunos años, es una transición que no va a estar exenta de costos”

Finalmente, el PBI seguirá creciendo, pero condicionado, primero, por el avance de las reformas en el Congreso y, segundo, por el contexto internacional, que es cada vez más inquietante con Trump, la Fed y el oro en niveles récord.

— ¿Desea agregar alguna reflexión final?

— Me llevó por todos los temas relevantes de la economía argentina actual, así que agradezco la entrevista. Para resumir: más allá de los matices que señalé, veo con buenos ojos el rumbo general de la política económica del gobierno, aunque reconozco que, tras años o décadas de ignorar principios básicos, la transición que vivimos y viviremos en los próximos años tendrá costos. Como dijo Milton Friedman, “no hay almuerzo gratis”.

Fotos: Adrián Escandar

Desaceleración de la inflaciónApertura de la economíaDesindustrializaciónAcumulación de reservasSolvencia fiscalGeneración de riquezaÚltimas noticiasEconomía-Argentina

Déjanos tu comentario: