Miércoles, 4 de febrero de 2026   |   Nacionales

Isabel Martínez de Perón, 95 años en Madrid: el retiro que la aleja de la prensa y la justicia

Exiliada en España desde 1981, la líder peronista vivió protegida por fallos judiciales que bloquearon extradiciones por causas pendientes en Argentina. A esta altura de su vida, permanece aislada en la ciudad española, lejos de la política y rodeada de recuerdos de su presidencia, mientras recibe una jubilación de privilegio y pensión militar.
Isabel Martínez de Perón, 95 años en Madrid: el retiro que la aleja de la prensa y la justicia

Bajo el cielo diáfano de la urbanización La Raya del Palancar, en Villanueva de la Cañada, una figura frágil avanza con la parsimonia de quien ya no espera nada del tiempo: Isabel Martínez de Perón, primera mujer presidenta del mundo occidental, que hoy, a los 95 años, reside en un chalé de tres plantas y 450 metros cuadrados concebido como un auténtico búnker. Sus muros de ladrillo y hiedra, las cámaras de seguridad y un perímetro de 200 metros de jardines cerrados hacen casi imposible cualquier acercamiento no autorizado.

La vivienda dispone de servicios médicos privados con visitas programadas diarias y de una logística que asegura la entrega de alimentos y medicinas sin que ella deba salir de la propiedad. Su modo de vida se sostiene con pensiones y bienes administrados por un entorno de confianza que maneja cerca de 4 millones de euros en activos, lo que permite a la expresidenta mantener un “exilio dorado” sin depender de espacios públicos ni de apariciones mediáticas. Mientras tanto, el país sigue debatiendo su legado y las sombras de la Triple A; ella, en cambio, permanece fuera de foco.

Quienes acceden a su intimidad forman un círculo extremadamente reducido: abogados veteranos, asistentes personales y excolaboradores leales, todos vinculados por estrictos pactos de confidencialidad. Cada visita es coordinada con antelación y supervisada, con el objeto de evitar filtraciones hacia la prensa o conflictos legales que pudieran obligarla a abandonar su refugio. Incluso las llamadas telefónicas y la correspondencia son monitoreadas, y cualquier interacción con el exterior pasa por filtros diseñados para preservar su privacidad absoluta.

La residencia de Isabel Peron
Su residencia principal es un chalet en un barrio privado en las afueras de la ciudad
La residencia de Isabel Peron
La urbanización La Raya del Palancar, en Villanueva de la Cañada

El blindaje de una rutina entre la fe y la soledad

La vida cotidiana de Isabel Martínez de Perón roza lo monacal. Sus jornadas comienzan a las 6 de la mañana con oración y ejercicios de devoción religiosa. Sus apariciones públicas son escasas: en los últimos 10 años se la ha visto en misa menos de 20 veces, siempre en silencio y en los bancos traseros, pasando desapercibida para los vecinos. Ese retiro espiritual recuerda a líderes exiliados históricos, como Juan Domingo Perón en Madrid o León Trotsky en México, que encontraron en la rutina y la liturgia un refugio frente al juicio de la historia.

Su núcleo de confianza, integrado por 12 colaboradores permanentes entre abogados, asistentes y personal de servicio, controla con rigor toda relación con el exterior. La expresidenta mantiene lazos mínimos con la comunidad argentina en España y su domicilio cuenta con un sistema de seguridad valorado en 200.000 euros, con sensores, cámaras y alarmas conectadas a un centro de monitoreo 24 horas. Esta suma de aislamiento y control la ha convertido en un modelo de “exilio dorado protegido”.

A pesar del aislamiento, Isabel conserva rutinas que la vinculan con su pasado: lectura diaria de textos religiosos y biografías políticas, ejercicios suaves adaptados a su edad y encuentros esporádicos con familiares que viajan desde Argentina para verla. Estas prácticas, aunque reducidas, le brindan una sensación de normalidad dentro de la reclusión y le permiten llevar un control casi absoluto sobre quién conoce detalles de su vida y sus decisiones. Así, la expresidenta sigue siendo un enigma viviente: una figura histórica que respira entre los muros de su refugio.

¿Quiénes cruzan su puerta?

El chalé de la calle Valle de Ulzama, en Villanueva de la Cañada, no está deshabitado. La “mujer del silencio” sostiene una red mínima pero poderosa: un entramado de voluntades que combina asistencia doméstica, apoyo jurídico y acompañamiento espiritual. Cruzar su puerta es un privilegio reservado a quienes garantizan que el mundo exterior no altere su tranquilidad.

Victoria Villarruel con Isabel Martínez de Perón
Villarruel compartió fotos en redes sociales destacando la “lealtad” de Isabel

Sin dudas, en ese ámbito Isabel está rodeada por un equipo reducido y de confianza. Su asistente personal, Gloria, de origen chileno, coordina las tareas diarias, supervisa la logística y vela porque los servicios médicos privados la atiendan puntualmente. Un chofer de confianza se encarga de sus traslados mínimos, principalmente a la parroquia o a centros de salud. Más allá del servicio doméstico, un círculo espiritual y jurídico constituye su verdadera muralla. Un sacerdote de confianza la acompaña en sus oraciones diarias, mientras que un pequeño equipo de abogados administra su patrimonio —estimado en más de 4 millones de euros— y gestiona sus pensiones de privilegio y militar, bloqueando cualquier intento de extradición o requerimiento judicial desde Argentina. Cada visitante opera bajo estrictas normas de confidencialidad, garantizando que ni una palabra se filtre fuera de los muros de su residencia.

A pesar de su aislamiento casi absoluto, Isabel ha recibido encuentros excepcionales que rompen la rutina. En octubre de 2024, la vicepresidenta argentina Victoria Villarruel se reunió con ella en un gesto cargado de simbolismo político, un reconocimiento histórico a su figura dentro del justicialismo. Más allá de la política local, la expresidenta mantiene correspondencia con el Papa Francisco, que le ha enviado mensajes de oración y reconocimiento en fechas clave, validando su retiro desde la máxima autoridad de la Iglesia. Estas visitas y comunicaciones son escasas: en promedio, no más de cinco personas al mes logran ingresar a su residencia, y solo un puñado mantiene contacto regular. Cada uno de estos encuentros acentúa el contraste entre la mujer que gobernó un país convulsionado y la anciana que hoy vive protegida, entre muros de hierro y secretos que siguen marcando la memoria histórica de Argentina.

MV

Déjanos tu comentario: