
Las tierras campesinas pensadas como tierras del sacrificio.Exprimidas hasta el hartazgo, saturadas de agrotóxicos que barren con lariqueza de la naturaleza y obligan al desplazamiento de las comunidades nourbanizadas. El avance de la frontera agrícola y un extractivismo verde que notiene reparos ni conoce de ética ecológica. La agroecología como una propuestaque puede quebrar el paradigma de la producción agrícola a escala industrial ytransformarse en una nueva forma de vida. Sobre todo ello ensaya una reflexiónGuillermo Folguera, que cultiva una perspectiva con raíces en la filosofía dela biología.
-Esta semana se conoció la creación de un fertilizante 100%orgánico desarrollado por jóvenes tandilenses. Cada vez hay una mayorconciencia por parte de diversos sectores de la sociedad…
-Lo que sucedió en Mendoza y Chubut describe, claramente, uncambio de escala en la participación en estos temas. Es posible rastrear desdehace algunas décadas una convicción creciente de parte de diferentes sectores-asambleas, movimientos sociales, pueblos originarios, colectivos de trabajadoresy sindicatos- que apunta a proteger un poco más a nuestra naturaleza y anosotros mismos. Al mismo tiempo, los síntomas locales se han vuelto mucho másvisibles. Me refiero a cuerpos de aguas contaminadas, disminución de losglaciares, incendios, inundaciones y un marcado deterioro en las condiciones dela calidad de vida de las poblaciones. Signos de deterioro que vuelven muydifícil mirar para otro lado. En este marco, que cada vez más gente se preocupepor revertir una realidad con la que no está de acuerdo puede despertar ciertooptimismo. Ahora mismo formo parte de la organización de la marcha del 22 demarzo y se ha generado un sincretismo, una mezcla fabulosa de grupos socialesque quieren lo mismo.
-La marcha en defensa del agua…
-Sí. Involucrará a sectores de diferentes lugares del país(con grupos que llegarán, incluso, desde Uruguay y Paraguay) y confluirá enBuenos Aires con un acampe previo. Se esperan movilizaciones y actividades endiferentes puntos del territorio y será masiva. El objetivo, por un lado, serálograr visibilidad en el espacio público y la agenda mediática y, por el otro,conseguir que la lucha ambiental deje de estar atomizada. Nos acostumbramos apensar en la megaminería, las represas, el agua, la pesca, la contaminación ylos agroquímicos como problemáticas sin ningún punto de conexión. Planteamos,entonces, un cambio de enfoque a partir de la conjunción de problemáticas quepueden ser abordadas desde una misma perspectiva.
-El tema de la tierra requiere de una ocupación inmediata.Estamos acostumbrados a pensarla a partir del abastecimiento químico, cuando locierto es que previo a la década de 1950 se cultivaba sin ningún producto.
-Sorprende la mirada histórica, genera escalofríos. Laagroindustria -pero también la megaminería- no puede pensarse a futuro. ¿Quépasará, en dos décadas, con las poblaciones que habitan en la zona de EntreRíos, el norte de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba? Realmente no tenemos idea.¿Qué le estamos dejando a nuestros hijos e hijas cuando, en cualquier momento,un derrame de cianuro podría generar una catástrofe? Hemos montado a lo largo ylo ancho del país tecnologías y modos de producción que ante la menor crisispodrían generar conflictos impensados. Hoy resulta imposible pensar en unaArgentina a 20 años.
-¿Puede existir una salida en la agroecología?
-Sí, en la medida en que se desmarca de una agriculturabasada en insumos de síntesis química. Fertilizantes, herbicidas e insecticidasque, desde la Revolución Verde (1960) se ubicaron como una pata fundamental dela producción agrícola. La sobreproducción generó deterioro y tambiéndependencia por parte de los productores. A diferencia de lo que sucedía en elpasado, los agricultores comenzaron a depender de estos insumos y resignaron autonomía.Los campesinos que antes se autoabastecían a partir de sus propias semillas yel intercambio con sus vecinos, debieron seguir una lógica contraria que,evidentemente, tiene que ver con una expansión del capitalismo. ElizabethJacobo, especialista en el tema, distingue muy bien entre productos orgánicos yagroecológicos.
-Conceptos que suelen intercambiarse.
-Lo orgánico suele pensarse a partir de su destino. Sepretende que los productos de esta clase deben satisfacer a sectores socialescon mucha plata. Alimentos premium sin químicos agregados y listos para serconsumidos por las elites. La agroecología se despega de esta definición.Prescindiendo también de los químicos deja de concebir a la agricultura comobien de uso y escenario para la reproducción del capital, para pasar adefinirla como forma de vida. Comunidades arraigadas en territorios que puedenvolver a proyectarse a largo plazo; los padres, sus hijos y sus nietos podríancultivar una mirada prospectiva. Emergen las interacciones con institucionesclaves como son las escuelas rurales. Lo agroecológico ofrece un cambio deparadigma, una vuelta al rescate de la dimensión de lo humano en el campo.
-Es que la producción agrícola fue planificada a partir deuna lógica extractivista. Hay que utilizar el suelo mientras deje plata y luegohabrá otros…
-Esa última parte es clave. El proyecto de la agriculturaindustrial fue demográfico: en 30 años se vaciaron nuestros campos. Si unovisita cualquier pueblito al interior de Argentina, en general, lo que seescucha son historias de desarraigo. A veces involucran criollos, otras apueblos originarios; inmensas masas poblacionales que dejaron sus campos y seasentaron en los cordones periurbanos (el Gran Chaco, el Gran Buenos Aires, laGran Córdoba, el Gran Rosario, etc.) durante las últimas décadas. Así se manejael sistema financiero en el mundo: escoge un sitio, invierte y cuando el rendimientoya no cierra se marcha. Se conforman, de este modo, zonas de sacrificio;asumimos que existen territorios, personas y cuerpos que pueden sacrificarse.
-Y siempre se sacrifican los mismos. La ventaja de loagroecológico es que se presenta como sustentable. Un término mágico, muyempleado por estos tiempos.
-Vuelve a la práctica agrícola una actividad susceptible deser pensada a pequeño, mediano y largo plazo, que no requiere necesariamente dela utilización de insumos químicos y que no destruye cuerpos ni territorios.Modifica la escala en la medida en que ya no se necesita de proyectosfaraónicos ni de satisfacer mandatos del tipo: “Argentina debe ser el granerodel mundo y tiene la responsabilidad ética de alimentarlo”. La agroecología, eneste punto, es mucho más modesta. Que el campesinado y los pequeños productorespuedan recuperar su autonomía, rescatar su dignidad es uno de los puntoscentrales. El hecho de vivir como uno elige no me parece menor: comunidades queescogen qué cultivar, cuando hacerlo, qué comerciar y en qué términos.
-¿Qué rol deberían desempeñar la ciencia y la tecnología entodo esto?
-En principio, no fueron ajenas a los cambios producidos porel capitalismo en las últimas décadas. La Revolución Verde coincide con laemergencia de la Big Science. Los investigadores dejaron de producir susavances desde la soledad de sus laboratorios para comenzar a trabajar enequipos de muchas personas por objetivos comunes trazados por el Estado. Sedelinean, luego de la Segunda Guerra Mundial, las primeras políticasgubernamentales en el área CyT. Los decisores, funcionarios y políticosempiezan a solicitar el auxilio de los investigadores para resolverproblemáticas sociales, vinculadas a la producción de alimentos y elmejoramiento de la salud pública. No es casual, asimismo, que durante los 50′ y60′ se expandan las farmacéuticas; el incremento exponencial de lospsicofármacos se produce en esta época. Los gobiernos domésticos instaron a lacreación de carreras que apuntaran a la formación de técnicos para empresas.Las facultades de Agronomía fueron un ejemplo del avance de los agronegocios enla región. Currículas acotadas y desprovistas de cualquier ideología ydiscusión social. En la actualidad pienso que hay lugar para la crítica perotambién para la esperanza; confío en que todo puede cambiar a partir deldiálogo.




