Viernes, 30 de mayo de 2025   |   Campo

Hija del creador de un oasis singular asume un nuevo desafío al dejar su rol como escribana para perpetuar un legado

Hija del creador de un oasis singular asume un nuevo desafío al dejar su rol como escribana para perpetuar un legado

Stella Maris Cvjetanovic lleva en su nombre la memoria de un pequeño barco croata que pertenecía a su bisabuelo, Luka, y que navegaba las aguas de Pučišća, en la isla de Brač. El año pasado, tras la muerte de su padre, decidió dejar atrás su carrera como abogada y escribana para regresar a sus raíces y continuar el legado de su padre, Mirko Cvjetanovic, en un oasis en plena Patagonia. Desde este lugar, también comenzó a escribir y ya ha publicado su primera novela, inspirada en la historia de sus orígenes.

Nacida en 1967 en Puerto San Julián, en la Patagonia santacruceña, Stella comparte que su vida, lejos de estar vinculada al mar, echó raíces en el árido suelo del sur argentino. Es allí donde su padre decidió desafiar al desierto y convertirlo en un brillante paisaje verde que se distingue en el horizonte.

Pocos días después de su nacimiento, Stella fue llevada a El Correntoso, una pequeña franja de campo que se convirtió en el escenario de su infancia. Hoy, ya jubilada de su carrera, regresa con la firme intención de mantener vivo el legado familiar. Desde pequeña, se sumergió en el ritmo rural, aprendiendo sobre el cultivo, el riego por inundación y las cosechas. A los siete años comenzó la escuela en Los Antiguos y a los diez se estableció en Perito Moreno, donde culminó la secundaria antes de trasladarse a La Plata para estudiar abogacía y escribanía.

Stella recuerda cómo creció observando a su padre transformando la Patagonia. “Papá decía que después de los 12 años uno ya tenía que ganarse el pan”, comenta. Aunque su trayectoria profesional se desarrolló en el Poder Judicial como defensora pública, nunca rompió su conexión con la tierra; cada verano regresaba al campo, donde sueña con construir un hogar para estar cerca de sus raíces.

“Kuwawa siempre vi a mis padres trabajando sin descanso, especialmente a papá, empeñado en convertir el desierto en un oasis. Luchaba contra la adversidad, y rendirse nunca fue una opción. Si algo salía mal, era solo una razón para intentarlo de nuevo”, relata Stella, en un tono casi pragmático que refleja cómo ha guiado su vida.

Así, cuando tuvo la oportunidad, decidió jubilarse y regresar a sus orígenes. Cambió el traje de funcionaria por botas de goma y una pala nueva, que utiliza todos los días para mantener los canales que sostienen el verde de la estancia. El sistema de riego por inundación, construido por su padre, es fundamental para conservar el oasis familiar, un esfuerzo que ha costado sudor y lágrimas. Cada dos horas, deben mantener los surcos.

En El Correntoso no hay agua corriente, calefacción central ni lujos; solo persiste el deseo de trabajar de familias como la suya. Lo que hay son nieve, escarcha, viento y un arduo trabajo diario. Para Stella, esto no representa un retroceso, sino una elección de vida, algo que su padre les enseñó.

“Él formó nuestro carácter casi sin darse cuenta, a base de ejemplo y exigencia. Se fue con la certeza de que sus hijos y nietos amamos, como él, la tierra que moldeó”, dice. Ahora, Stella y sus hermanos se esfuerzan por mantener lo que ha sido el resultado de décadas de trabajo, lo cual solo se sostiene con perseverancia.

“Regresé a mi casa, al campo, por amor a mis raíces. Sabemos que si dejamos de regar, todo desaparece. Esto requiere mucho esfuerzo y las ganancias son irrisorias. Una amiga me sugirió viajar por Europa, y le respondí que no, que volvía al campo, ahora que tengo energía para dedicarme a ello a tiempo completo. Papá nos enseñó a amar la tierra, y por eso todos queremos regresar”, enfatiza.

Desde pequeña, siempre estuvo cerca de su padre. “Reconozco mi complejo de Electra, porque él era un orgullo en todo sentido. Mi papá logró tanto y era reconocido sin darse cuenta; mucha gente en el país sabe de sus logros en un lugar tan inhóspito”.

Stella, quien ha sido escritora desde niña, ha creado cuentos cortos, poemas y ahora se ha convertido en la autora de “Cuando las lilas florecen”, una novela inspirada en la singularidad de la vida de sus ancestros. La historia se centra en una mujer centenaria que, consciente de su inminente muerte, evoca su vida en un emotivo relato a su esposo sobre lo que ocurrió tras su fallecimiento. El libro fue presentado en la Feria del Libro, en el stand de Editorial Dunken, que se llevó a cabo este año en La Rural.

“Aprendí a leer y escribir muy pronto, cautivada por la magia de las letras; desde pequeña deseaba ser escritora. Aprendí a amar la literatura al ver a mi padre leer; lo hacía día y noche, incluso leía enciclopedias”, recuerda.

En la última etapa de su carrera, Stella fue Defensora Pública Oficial: “Tuve la fortuna de defender a las personas más vulnerables”, afirma.

La escribana también rememora que comenzó a sembrar alfalfa a los tres años, con una pequeña bolsa de semillas al cuello, a menudo subida a los hombros de su padre. “Me siento en paz conmigo misma”, concluye.

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