El ex ministro de Economía Hernán Lacunza analizó el escenario actual y los desafíos de la economía argentina en una entrevista con Infobae En Vivo. Durante el diálogo abordó temas centrales —el cepo cambiario, la evolución del dólar, la inflación y la reforma laboral— y advirtió sobre señales de alarma vinculadas a las reservas y al mercado laboral.
En primer lugar, el economista señaló que existen “luces amarillas” alrededor de las reservas netas y del desempeño del empleo privado y la producción. En diálogo con Infobae Al Regreso, Lacunza enfatizó que se observa un año de virtual estancamiento laboral con marcadas diferencias entre sectores: algunos muestran señales positivas, mientras otros permanecen rezagados.
Consultado sobre el cepo cambiario y la estrategia respecto al dólar, consideró que el país atraviesa una coyuntura propicia para avanzar hacia la eliminación total de las restricciones. “Sería una oportunidad para terminar con ese mecanismo de transición que son las bandas y terminar de liberar el cepo, y que el mercado lleve el dólar a lo que tenga que valer”, afirmó.
El director de la consultora Empiria recordó que el control cambiario para personas físicas ya se levantó en abril de 2025 y sostuvo que la oportunidad para completar la normalización cambiaria se presenta, sobre todo, después del contundente triunfo electoral del oficialismo en octubre. “Si tenés apoyo popular, condiciones macros ordenadas, apoyo externo (FMI más Tesoro estadounidense), ¿qué más vas a esperar? Las ventanas de oportunidad no suelen ser enormes y el ciclo electoral juega”, advirtió. A su vez, diferenció el momento del ciclo político para avanzar con la medida: “Una cosa es que lo hagan cuando faltan 24 meses para las próximas elecciones, otra cuando faltan 18 y otra cuando faltan 8, que es tarde”.
Sobre el valor del dólar, el ex funcionario recalcó que no existe consenso sobre si está atrasado o no. “Nadie sabe si el dólar está atrasado; el Gobierno tampoco. Como nadie lo sabe, hay que dejarlo libre apenas tenga la oportunidad”, opinó. Según su perspectiva, liberar el tipo de cambio evitaría distorsiones en los precios, aunque reconoció que una volatilidad excesiva tampoco es deseable, porque “genera un ruido nominal en la inflación”. En ese sentido puntualizó: “Lo que estoy seguro es que no es $2.000 ni $1.300”.
La entrevista también puso la atención en la inflación y la credibilidad de las estadísticas oficiales tras la renuncia de Marco Lavagna al Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) y la suspensión de la nueva fórmula para calcular los precios. Lacunza sostuvo que el principal activo del actual gobierno reside en la desaceleración inflacionaria.
No obstante, criticó la no aplicación de la nueva fórmula, basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHO) 2017-2018, y advirtió que la administración libertaria “se metió en un laberinto gratuito con el índice de inflación”. A su juicio, la medición de la evolución de precios “es un bien público, no de un gobierno”, y la metodología debe centrarse en cuál índice mide mejor la realidad del consumo. “Si la canasta de consumo de 2018 se parece más a la actual que la de 2004, tenés que usar la más nueva. No importa si da más o menos porque el índice no es la política antiinflacionaria”, evaluó Lacunza.
Respecto a la dinámica de los ingresos y el salario disponible, el ex titular de Hacienda trazó un panorama de recuperación parcial tras el ajuste. “Es mejor que hace un año pero peor que hace 2. Lo de fin del gobierno anterior era ficticio: no pagábamos la luz y el gas, nos quedaba más dinero para ir al restaurante. Era insostenible y nos llevó a una inflación de 200%. Eso había que corregirlo, ganara quien ganara”. Según su óptica, tras la fuerte caída de ingresos al inicio del gobierno de La Libertad Avanza, se verificó una recuperación paulatina en 2024, aunque “no alcanzó el nivel previo” y posteriormente se estabilizó. Lo ilustró con un ejemplo: “Si una familia compraba en 2023 diez changuitos por mes, ahora compra nueve y medio”.
En el plano de la actividad económica, Lacunza advirtió sobre la falta de dinamismo. “La actividad estuvo planchada el año pasado y, en los últimos meses, los indicadores preliminares muestran que empieza a bajar. Hay un estancamiento, aunque no una recesión aguda. Tampoco hay una expansión en el promedio de la economía”, evaluó.
Sobre la situación fiscal, tras varios meses de caída de la recaudación, el economista consideró que “no se va a quedar sin nafta fiscal, no se va a fundir el motor”, aunque remarcó que “tampoco tiene margen para bajar más impuestos, que es algo que le permitiría ganar más competitividad”.
Finalmente, al referirse a la reforma laboral, Lacunza destacó que el proyecto oficial “aborda los puntos neurálgicos del problema del mercado de trabajo: los costos, las rigideces y las contingencias de los juicios laborales”. Calificó la iniciativa como bien orientada y ambiciosa en su aspecto laboral, aunque consideró que la parte impositiva resulta menos ambiciosa.
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