Preocupado, en medio de los anuncios del resurgimiento de la investigación del Caso Gill, Tomassini acudió inmediatamente a la Policía y denunció el hecho que en un principio mostraba un cuadro similar al que cuatro años atrás dejaba como impresión la causa de Crucesitas Séptima.A partir de ese momento, la gente que acostumbraba a cruzarse con los Gerdáus no podían entender lo ocurrido de un día para otro y sin explicación alguna.Tomassini aseguraba que les había pagado puntualmente y que no había tenido problemas con ellos, mencionando que hasta un día antes de ese 29 de julio estuvieron ocupando la casa Ovidio Jesús Gerdáus, su esposa, de apellido González, y cuatro hijos, de 24, 16, 12 y 10 años, los que generalmente se movilizaban en un Peugeot 404.Mientras iba pasando el tiempo, se sumaba presión sobre los investigadores del caso, habiéndose designado a una comisión de la División Homicidios para rastrear el paradero de los Gerdáus.Poco a poco se pudieron establecer contactos telefónicos de esta familia con parientes domiciliados en La Picada y otros llamados, que condujeron las pesquisas hasta la zona del partido de Pueyrredón, en Mar del Plata, mas exactamente a una vivienda del barrio Santa Paula, donde finalmente fueron ubicados por la tarde los integrantes del grupo desaparecido.La causa figura «para establecer el paradero de», en el juzgado 6 a cargo del doctor Gustavo Maldonado. Presumen que los Gerdáus habrían optado por irse sin saludar mientras se llevaban algunas herramientas y otros elementos de la propiedad de Tomassini, para evitar tener que dar explicaciones.


