
El reciente hallazgo de una trompeta celta de guerra en el condado de Norfolk, Inglaterra, permitió a los arqueólogos reconstruir parte del paisaje sonoro que resonaba en los campos de batalla europeos de hace más de dos milenios. Este instrumento, conocido como carnyx, fue concebido para sembrar el caos y la intimidación entre las filas enemigas, especialmente entre las legiones romanas, y su descubrimiento aporta nueva información sobre las prácticas rituales y militares de los pueblos celtas de la Edad del Hierro.
El carnyx descubierto es una trompeta de bronce de tubo largo, pensada para tocarse en posición vertical y rematada por la cabeza de un animal, probablemente un jabalí. Lejos de ser un mero adorno, su forma estaba diseñada para amplificar el sonido hasta volverlo sobrecogedor, permitiendo que las notas graves y penetrantes se impusieran al estruendo del combate.
Este diseño facilitaba que los líderes celtas coordinaran a sus tropas y, a la vez, ejercieran una presión psicológica devastadora sobre sus adversarios. “Los hallazgos de este tipo son excepcionalmente raros en Gran Bretaña y en toda Europa”, explicó el equipo de Pre-Construct Archaeology, responsable de las excavaciones, a Muy Interesante.
El instrumento formaba parte de un conjunto excepcionalmente raro de objetos metálicos de la Edad del Hierro, que también incluía un estandarte de bronce con cabeza de jabalí y cinco piezas decorativas de escudos. Esta asociación sugiere que el carnyx tenía, además de su uso bélico, un valor ceremonial y simbólico.
El carnyx “no solo era un instrumento musical, sino también un artefacto cargado de poder y significado para los guerreros celtas”, señalaron los integrantes del equipo arqueológico.
El hallazgo tuvo lugar en West Norfolk, una zona que en el siglo I d. C. integraba el territorio de los icenos, la tribu céltica liderada por la célebre reina Boudica. Esa líder protagonizó una de las rebeliones más destacadas contra el dominio romano en Britania. Aunque no hay pruebas concluyentes de que la trompeta se empleara en aquellas contiendas, la datación y el lugar del descubrimiento permiten plantear una posible vinculación con ese periodo de resistencia y enfrentamientos entre los pueblos britanos y las legiones imperiales.
El conjunto fue extraído con sumo cuidado en un bloque de suelo intacto, lo que posibilitó su examen mediante escáneres CT y rayos X en el hospital Addenbrooke’s, según detalló el equipo arqueológico. Estas técnicas de imagen, habituales en la medicina pero aún poco comunes en arqueología, han permitido preservar la integridad del carnyx y estudiar la compleja disposición de los objetos sin desmontarlos.
“La visualización previa ha revelado una disposición deliberada de los objetos, lo que apunta a un posible rito de enterramiento o ceremonia de retirada tras un enfrentamiento”, afirmó el arqueólogo principal.
El ritual y la simbología asociados al carnyx reflejan costumbres bélicas y religiosas propias de los celtas. Según el historiador Barry Cunliffe, citado por The Guardian, “los celtas consideraban el sonido un elemento clave en sus ceremonias, tanto para intimidar enemigos como para honrar a sus dioses”.
La relevancia de este hallazgo supera lo estrictamente militar o simbólico: el carnyx de Norfolk ofrece una oportunidad única para la arqueología experimental y la recreación del paisaje sonoro de la Edad del Hierro. Gracias a su grado de conservación, los especialistas podrán analizar la resonancia del tubo interno y reproducir el sonido exacto que habrían escuchado los romanos al enfrentar a los celtas.
Investigadores de la Universitat de Barcelona, que ya han participado en la reconstrucción de instrumentos prehistóricos, sostienen que estos experimentos permiten “acercarnos a la experiencia emocional de la guerra antigua”.
El carnyx aporta, además, información sobre las técnicas metalúrgicas y el grado de especialización artesanal de los pueblos celtas. Construido en bronce y conservado prácticamente intacto tras más de dos mil años bajo tierra, el instrumento revela un dominio avanzado en la manufactura y el ensamblado de piezas metálicas complejas.
Asimismo, el hallazgo refuerza la hipótesis de que los celtas practicaban enterramientos simbólicos tras los enfrentamientos, combinando elementos rituales y bélicos en una misma ceremonia. La disposición de las piezas sugiere que la trompeta y los demás objetos formaban parte de una ofrenda cuidadosamente organizada, destinada a marcar el cierre de un ciclo de combate o a rendir homenaje a los caídos.




