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Martes, 25 de febrero de 2020

Gualeguaychú: cómo nació el Carnaval más grande del país

Gualeguaychú: cómo nació el Carnaval más grande del país

Tres comparsas, 12 carrozas de 17 metros de largo por ochode ancho, y otros 17 metros de altura que desfilan por una gigantesca pasarela,más de 70 mil plumas en impresionantes trajes, mil personas en escena y otrastantas tras bambalinas y 30 mil espectadores en un Corsódromo que cumplirá 23años.

Este es el Carnaval del País en Gualeguaychú (Entre Ríos),la fiesta a cielo abierto más grande de Argentina, que cuenta con cincocomparsas (aunque cada año solo compiten tres). La mega celebración dura 10noches: las últimas de este año serán el fin de semana largo de Carnaval del 22al 24 próximos y el 29 de febrero. Hace 40 años que esta ciudad organiza estefestejo cultural pagano -que en un tiempo fue incorporado al calendarioreligioso- con un show monumental de color y alegría. Pero su historia seremonta 180 años atrás y está resguardada en el Museo del Carnaval enGualeguaychú, gracias al trabajo de investigación de la museóloga NataliaDerudi y del profesor Martín Ayala, entre otros.

Los primeros documentos históricos que marcan los iniciosdel antruejo entrerriano -que comenzó llamándose Carnaval Internacional del RíoUruguay, luego Carnaval de Gualeguaychú y hoy Carnaval del País- datan de laépoca de la Confederación Argentina, cuando por decreto provincial de 1840 sepermitió “festejar con Carnaval” el aniversario de un convenio de pazcon Francia.

Desde entonces pasaron casi dos siglos intensos colmados devaivenes y avatares políticos y económicos que, sin embargo, no pudieron acabarcon la alegría. El espíritu carnestolendo siempre se mantuvo vivo gracias a laresistencia de los vecinos, los inmigrantes y los clubes. Hoy, gran parte de laciudad vive del Carnaval (de su vestuario, de la confección de carrozas einstrumentos) los 365 días del año, igual que Río de Janeiro. En la fiesta haylugar para todos los que la aman. Valga un ejemplo: el intendente municipal,Esteban Piaggio, este año será el director de batucada de la comparsaPapelitos, la más antigua de Gualeguaychú.

Igual que en sus orígenes en el antiguo Egipto o en laMesopotamia y, con sus bemoles, en las fiestas dionisíacas griegas o lassaturnales y bacanales romanas, el Carnaval es magia. Bajo máscaras y disfracesse invierten las jerarquías y se desata el misterio. El amo se convierte enesclavo y el esclavo, en amo; los varones, en mujeres y ellas en ellos, losricos pueden vestir harapos y los pobres, lentejuelas. En el Río de la Plata yen Gualeguaychú, la costumbre de festejar el Carnaval se remonta a los tiemposde la Colonia. Los porteños decoraban ventanas y puertas, colgaban guirnaldas ycelebraban con bailes de máscaras y juegos con agua (desde los balcones tirabandesde maíz y afrecho hasta vejigas vacunas infladas con agua). En Gualeguaychú,la primera autorización de festejar con “carnaval” se otorgó amediados del siglo XIX: en 1840.

Pero ocho años después, un decreto de Justo José de Urquiza,por entonces gobernador de Entre Ríos, prohibió las mascaradas “parasiempre”, según consta en una copia del documento que preserva el Museo.En 1876, por ordenanza municipal, se creó una comisión para organizar loscorsos y desplegar comparsas por dos de las calles principales de la ciudad,que partían de la plaza Independencia (hoy San Martín). Pero estaba prohibido”jugar con agua, cáscaras, ni nada equivalente”, en el circuito delcorso y cuadras adyacentes, durante los tres días de Carnaval. Los entrerrianosde Gualeguaychú festejaban todo el día: con agua a la siesta; con desfile decarruajes, comparsas, murgas y “máscaros sueltos”(“mascaritos” o personas que se disfrazaban), a la tardecita y conbailes, por la noche.

Cuatro años más tarde, en 1880, se reglamentó el juego deCarnaval. Se permitía que los corsos se realizaran entre las 11 a las 16 -elinicio y el final se anunciaba con repiques de campanas- y estaba permitidosalir disfrazado a la calle, siempre y cuando se contara con autorizaciónmunicipal. Desfilaban carros, carruajes, “máscaros sueltos” y murgas(como “Sociedad los negros del Sahara”) y comparsas (como la deNerón, de Abelardo Devoto) y orquestas (como Amor y primavera). Con la llegadade la luz eléctrica, en 1907, el municipio comenzó a ornamentar el recorridocon enormes guirnaldas de lado a lado de la calle y encendía lámparas decolores, que representaban mariposas, flores y símbolos carnavalescos. Selevantaban palcos adornados en las veredas y se arrojaban flores y papel picadoa los carruajes. Con los años, los circuitos se fueron ampliando y hasta sesumaron comparsas de mujeres como “La unión argentina” (1929). Entre1920 y 1930 afloraron las murgas en la periferia, con rasgos orilleros ybarriales, que imitaban a las murgas españolas, pero incorporaban elementos dela cultura africana.

Herederas del candombe y sus tambores -nacidas en el patiode vecindarios populares, donde se construían instrumentos, confeccionabantrajes y creaban canciones al compás de la original corneta traversa de caña ypapel-, estas agrupaciones pronto se convirtieron en las principalesprotagonistas de los carnavales de aquel tiempo.

Los investigadores Derudi y Ayala explican que loaglutinante era lo vecinal y la mención del lugar de origen, el oficio o lanecesidad de ironizar sobre la época. El nombre de las agrupaciones y lasletras de las murgas, consideradas las “primas pobres” del carnaval,dan fiel testimonio. A fines de los años ’40, los corsos comenzaron a decaer yel carnaval se refugió en los bailes de los clubes.

Desaparecieron las carrozas, los palcos, los ornamentos, losjuegos florales y hasta las máscaras. Los corsos, según consta en el Museo, setransformaron en un juego violento y grosero, que alejó a las familias de losfestejos. Solo algunas agrupaciones mantuvieron viva la tradición en lasdécadas siguientes. Así, “Los gavilanes”, “Los colombianos”y “La barra divertida”, junto a la aparición de nuevos personajescomo el payaso “Matecito” (nombre que llevan hoy los corsospopulares), “La Casimira” y “La vaca del corso” sostuvieronla llama encendida. Las dictaduras militares y los conflictos políticos y lassucesivas crisis económicas del país, desde mediados del siglo XX en adelante,hicieron tambalear la fiesta.

Los gobiernos de facto dejaron de apoyar la celebración y,como consecuencia, en 1978 las instituciones de la ciudad y sus vecinos seorganizaron y dieron nacimiento al “Carnaval de la Avenida”, elgermen del actual “Carnaval del País”.

La era moderna

Hasta los primeros años de la década de 1980, las actualescomparsas compartían escenario con las murgas, los conjuntos carnavalescos,”mascaros sueltos” y carrozas. Luego, por decisión de la comisiónorganizadora, solo participaban las comparsas y, así, el carnaval quedodividido en dos manifestaciones: el “Carnaval del País”; es decir, la comparsa-espectáculo, que combina lenguajes artísticos, actorales y circensescon realizaciones plásticas, visuales y musicales; y los corsos populares ybarriales, denominados “Matecito”, integrados por murgas y conjuntoscarnavalescos, herederos de antiguas manifestaciones como el canto, el baile,el estandarte y personajes caracterizados.

Hoy, el Carnaval del País reúne a miles de espectadores pornoche en el Corsódromo, inaugurado en 1997, por donde se desplazan lascarrozas. Cada año compiten tres comparsas, de las cinco que componen elCarnaval. Este año son: Papelitos, del Club Juventud Unida; O’ Bahia, del Clubde Pescadores y Ara Yevi, de Tiro Federal. La ganadora continúa y las otrasdescansan por un año. Es el caso, en la edición 2020, de Kamarr (Centro SirioLibanés) y Mari Mari (Club Central Entrerriano), la más premiada de todos lostiempos. Cada comparsa presenta cuatro carrozas: tres temáticas y una demúsicos que ejecutan temas en vivo.

Mientras, los corsos expresan su modo de vivir la fiesta enlos vecindarios, como parte de su propia vida, cada viernes de febrero. Allílate la esencia de los barrios y el espíritu de los personajes de otros tiemposque regresan a través de las parodias y de lo payasesco. Las representacionesburlescas van siempre acompañadas de la corneta de caña y papel, eseinstrumento de confección artesanal que data de 1938 y es patrimonio culturalde la ciudad y, también, es símbolo y marca de identidad de los corsospopulares, que atesoran la esencia de los orígenes y la memoria del carnaval deantaño.

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