Domingo, 30 de noviembre de 2025   |   Nacionales

Gobierno de Milei sufre retroceso político por demora ante denuncias de tortura

Gobierno de Milei sufre retroceso político por demora ante denuncias de tortura

De entre todas las atrocidades que las dictaduras han tejido a lo largo de la historia, la tortura es la que ha dejado las huellas más profundas en quienes la sobrevivieron.

Hace poco, el subsecretario de Derechos Humanos de la Nación, Alberto Baños, volvió a poner en duda la cifra de 30 mil desaparecidos que la mayoría de la sociedad argentina reconoce como el fatídico corolario de la última dictadura cívico militar en nuestro país. Muchos de esos 30 mil habrán soportado torturas: marcas indelebles que permanecen en cuerpos que nunca fueron encontrados.

Baños transmitió ante el Comité contra la Tortura de la Organización de las Naciones Unidas las ideas de la derecha que hoy gobierna nuestro país. No es novedad si se recuerda que cuando Mauricio Macri estuvo al frente del gobierno descalificó a los organismos que, desde hace años, vienen batallando por los derechos humanos, a los que el ex Presidente calificó de “curros”.

La novedad del gobierno de Milei fue haber votado en contra de la eliminación de la tortura.

Se trata de un hecho sin precedentes en la historia democrática de nuestro país. Lejos de ser anecdótico, retrotrae años de avances democráticos. El voto del gobierno en contra de la eliminación de la tortura es un retroceso que desautoriza a la gran mayoría de la población que, seguramente, está en contra de la tortura.

Baños no llevó a la ONU la tradición democrática de nuestro país; acudió con la instrucción de ir en contra de un bien de la sociedad.

Además, como propósito principal, el subsecretario de “Derechos Humanos” fue a profundizar las hoy ya más que “relaciones carnales” entre Trump y Milei. Baños se sumó al voto de Estados Unidos e Israel, los otros dos países que votaron en contra de la eliminación de la tortura, y añadió así una puntada más en la soldadura de uno de los vértices del “triángulo de hierro” al que Milei ató su política internacional.

El respaldo económico brindado por Estados Unidos a Milei en el justo momento en el que se jugaba su futuro y el de su gobierno debe pagarse. No hay dólares en las arcas del Banco Central que, en lo inmediato, puedan cancelar los préstamos adeudados a la potencia del norte. “No hay plata” dijo Milei al iniciar su mandato.

Si no hay plata, que tampoco haya dignidad.

Parece importarle poco al gobierno la dignidad. Aún menos parece importarle la trayectoria por la que ha atravesado nuestro país ni plantarse frente a la tortura.

Hoy al gobierno lo gobierna la premura económica: la necesidad imperiosa de contar con el visto bueno de Trump y de que este último sea el auxilio necesario para la aventura de Milei.

Nuestro país quedó ante el resto del mundo en una negación de lo más profundo, una herida que dejará marcas.

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